Domingo, 27 de mayo de 2018
Ciudad Rodrigo al día

El valor de quitarse el disfraz en Carnaval

Artículo de una de las actrices de ‘Teresa, la Jardinera de la Luz’ sobre el Pregón Mayor de Denis Rafter

Denis Rafter durante el pregón/Foto: Adrián Martín

Los Carnavales son como la sacudida que hacemos para liberarnos del oscuro y frío invierno y empezar a caminar hacia una prometedora luz que auspicia la cercana primavera. Son fiestas de desenfreno cuyo origen se pierde en el túnel de los tiempos y que para cada cultura tiene un peculiar significado. No obstante se ha conservado un denominador común: el disfraz. Es como si adoptando otros ropajes tras los que escondernos, ocultáramos nuestra auténtica personalidad para poder actuar así agazapados detrás de nosotros mismos, y con la aquiescencia del resto de nuestros congéneres, de forma distinta a la que solemos. ¿Hipocresía?, ¿miedo a nuestra realidad?, ¿envidia de la ajena?, ¿o simplemente una huida de nuestro propio yo? La fiesta compartida es el más adecuado de los disfraces para celebrar nuestras vidas.

Denis Rafter ha sido este año el encargado de dar el Pregón del Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo, que tanto arraigo y reconocimiento tiene. Hombre de teatro de origen irlandés, lleva afincado en nuestro país más de cuarenta años, y ha sido el primer extranjero que ha tenido la oportunidad de abrir con su pregón estas tan emblemáticas fiestas mirobrigenses. Como bien decía el propio Rafter, se enfrentó al “primer toro a pecho descubierto” y ante un público expectante y muy pendiente de sus palabras. Es evidente el afecto mutuo que hay entre los habitantes de Ciudad Rodrigo y este magnífico hombre de escena, que llegó a estas tierras precisamente por la gran afición que hay en torno al teatro y que pone de manifiesto su tan afamada Feria, que todos los veranos llega puntual a su cita como un insuperable escaparate teatral no sólo para Castilla y León, sino para todo el país o incluso fuera de nuestras fronteras. Pero en esta ocasión lo que a Denis Rafter se le pedía le colocaba en un escenario completamente desconocido a todo lo anterior.

Y en esta ocasión su pausada, serena y  profunda voz se balanceó sin remedio en el escenario de su propio corazón. La emoción que le embargaba nos situaba ante el único que todos compartimos, el de nuestra propia humanidad. El profundo cariño que las gentes de Ciudad Rodrigo profesan a este irlandés internacional no tiene máscaras. Él que ha realizado tantos montajes, sabe bien de la autenticidad que tiene el teatro en tanto en cuanto los actores defienden con total desnudez unos personajes de los que no tienen que esconderse. Y él tampoco impostó sus propios sentimientos de agradecimiento a un pueblo que le acoge como a uno más de los suyos.

En un escenario con la luz y el color de cascadas de sencillas flores, que el Teatro Nuevo Fernando Arrabal de Ciudad Rodrigo había preparado para él, oímos hablar a un hombre riéndose de sus propios errores, que después de tantos años en este país, sigue cometiendo en nuestro idioma. ¡Qué difícil es acertar con el género en nuestras palabras! Y qué simpático guiño a una realidad en la que estamos inmersos a modo de batalla campal entre lo femenino y masculino, cuando sólo deberíamos hablar de personas en igualdad. Porque contando cosas de su infancia y tradiciones, se entiende perfectamente la conexión de este hombre a la hora de narrar con los más pequeños donde crece la auténtica semilla del mundo del que nos quejamos. Semillas que todos podemos plantar de la misma manera porque las raíces son comunes, vengamos de donde vengamos. Y porque como bien dijo estamos empeñándonos en volver gris la mejor fotografía que tenemos, la de un maravilloso Planeta Azul.

Aunque quiso acudir a grandes autores de la literatura como Calderón, Lorca, J. Swift o su querido Shakespeare, la grandeza de las suyas se abrió paso al recordar el dolor del mundo mientras en aquel teatro se celebraba una fiesta compartida entre gente que se quería y era acogedora para otros; y en un pueblo en el que siempre ha podido trasladar sus maravillosos sueños infantiles a otros niños que como él reciben el testigo de la imaginación que dota la vida propia y la de tus ancestros. Magnífico homenaje pues a la acogida sin fronteras que nos reconoce sin máscaras, a la amistad incondicional de los que apuestan por cada uno de nosotros, y donde el corazón se sitúa en el escenario de lo humano y emotivo, donde nunca faltan las miradas a los amigos con los que se ha trabajado codo a codo, y por supuesto el recuerdo justo y agradecido a la persona que en un momento del camino hizo que la alegría de este Carnaval del 2018 fuera el mejor de los ruedos para este increíble “bardo mirobrigense”, pues la figura de Rosa María García Cano también sobrevolaba el escenario. Bienvenidos a la realidad a la luz de un hombre que hizo la mejor de sus faenas. Gracias maestro Denis.

Pilar de la Sota Garzón

Actriz de La jardinera de la luz