Lunes, 18 de diciembre de 2017

Pérez Alencart, con el verso en el estribo

“Un poemario  que reúne la verdad de un poeta de verso auténtico, con una dicción multiforme y personalísima”, comenta el destacado escritor madrileño Jorge de Arco.
Alfredo Pérez Alencart bajo una encina (Foto de Ernesto Román Orozco)

“Hace dos lustros escribí estos poemas. Luego los puse en el arcón, como recomendaba Horacio. Ahora los expongo, no como un homenaje más. Lo mío es un humilde tributo de lector y aprendiz de poeta (…) Les dejo cuarenta textos de voltajes distintos e interpretaciones múltiples”. Con esta sincera humildad, se expresa Alfredo Pérez Alencart en la “Inscripción” que sirve de pórtico a su nuevo poemario “El pie en el estribo” (Edifsa. Salamanca, 2016, pintura de portada de Miguel Elías).

Este peruano del 62, poeta, ensayista y profesor universitario en Salamanca, es coordinador, desde 1998, de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos. Tiene en su haber dieciséis poemarios, y con esta nueva entrega, da un paso más en su rigurosa y exigente trayectoria.

El volumen cuenta con la singularidad de aunar dos poemarios en uno: o lo que es lo mismo, uno en las páginas pares, y otro en las impares. Leídos por separado o de forma correlativa, la intención de Pérez Alencart es la de conformar un personal mapa de territorios y protagonistas, que van del siglo XVI al XXI. De ahí que, Don Quijote y sus principales actores -Sancho Panza, Dulcinea…- se den la mano con Unamuno o el padre, el hijo y la esposa del propio autor, propiciando un diálogo donde la Historia de la humanidad sea nexo común y cómplice,

 

Estaba escrito

que cayera prisionero

en tu ondulación.

 

A medianoche

cuando te ciñen mis manos

una luciérnaga

anota en lo oscuro

 

el nombre del Amor

 

anota el poeta desde el lado íntimo de su escritura; mientras que en el envés de su cántico, el ingenioso hidalgo asoma sus cuitas:

 

“Abro el romancero y me creo un bertoldo

Abro otros librajos y ya soy amadís o galaor

Péname mi rostro de quijano si no remiendas tu amor

que sobreencuerpa para que no grite en otra calle

amándote hasta temblar sin apoltronarme”-