Domingo, 17 de diciembre de 2017

Kousei Takenaka: maestro de maestros

Las obras que integran la excelentemente curada muestra del maestro Takenaka son fidedigna expresión tanto de una indudable destreza en el uso de la difícil técnica del Sumi–e
Kousei Takenaka (foto de Jacqueline Alencar)

Qué, finalmente.

Había un camino

Que debía seguir,

Ya me lo habían dicho,

Pero yo no pensaba.

Que sería hoy o mañana.

Ariwara – no –Narihira (Siglo IX)

 

El maestro Miguel Elías invita a una cena–encuentro en el Colegio Fonseca de la Universidad de Salamanca, para agasajar a Kousei Takenaka, su maestro de pintura asiática, quien, en compañía de su esposa Keiko y un grupo de amigos de allende y aquende, vino a Salamanca en ocasión de la obligada visita del maestro japonés a Valladolid, donde el Museo Oriental de esa ciudad organizó una exposición antológica de su obra bajo el sugestivo título de Pinceladas Mágicas. Así que entre maestros nos vimos los asistentes al evento patrocinado por la Asociación Takenaka–Basho, fundada en Salamanca en 2008, de la que, por la benevolencia de su presidente, el maestro y amigo Miguel Elías, me hicieron bisoño, orgulloso e inmodesto miembro.

Un completo catálogo – ilustrativo y pedagógico – finamente editado en ocasión   de la exposición vallisoletana fue obsequiado, lo que me permitió enterarme de la complejidad de la pintura japonesa y deleitarme con las reproducciones de algunas de las obras más singulares del maestro Takenaka. De su lectura, tome nota de las diferentes temáticas de la pintura “SUMI–E”, también conocida como “SUIKOBUGA”, por la que Takenaka es mundialmente reconocido, a saber; la “Kachoga”, pintura de pájaros y flores; la “Sansuiga”, pintura de paisaje la “Jimbutsuga”, pintura de figura.  Lo significativo de esta milenaria técnica pictórica, originaria de China en tiempos de la dinastía Tang (618–907), radica en que -como su nombre en chino, Shui-mo lo indica– se aplica a la pintura ejecutada en un solo color con tinta china.

Las obras que integran la excelentemente curada muestra del maestro Takenaka son fidedigna expresión tanto de una indudable destreza en el uso de la difícil técnica del Sumi–e como de una emoción indiscutible por los diversos temas que el artista desarrolla en su polisémica obra. Hay de todo y muy bueno:

  • Animales de tierra, aire y mar: gorriones inquietos, fieros tigres, gregarias abejas, milenarios dragones, monos contemplativos, pacientes bueyes, carpas trepadoras, salmones japoneses, gatos mimosos, serpientes al acecho, caballos al galope, gallos madrugadores y rapaces halcones.      
  • Flores y árboles de todo color y tamaño: bambúes hospitalarios, cerezos rojos y en flor, uvas generosas, peonías e idiosincrásicas flores de loto, calabazas, kakis, magnolias, rosas y nísperos se dan cita en el emocionado, en el a la vez sobrio y multicolor jardín del artista.
  • Figuras humanas variadas también ocupan el espacio pictórico de Takenaga: niños dormidos en su inocencia, leales y fieles samuráis, excéntricos ermitaños, el mítico Shoki y el impasible Daruma en ininterrumpida emoción, cohabitan por igual en la morada gráfica del artista.  
  • Dioses y diosas tienen igualmente su propio Olimpo en los papeles del pintor: Hotei, el dios de la felicidad y de la abundancia, y el bodisatva  Kannon, la divinidad de la misericordia, presiden el altar de pintor convertido en regocijado feligrés.  
  • nevados y neblinosos, azules y grises, húmedas cascadas y montañas empapadas, islotes sagrados e islas no tanto, integran las vistas del archipiélago personal de Takenaka.

Entre viejos y nuevos amigos transcurrió esta velada para el recuerdo, al filo de la medianoche, el versátil y polifacético maestro Takenaka –diestro judoca, ex policía, osteópata, profesor universitario, maestro de maestros, y sobre todo excelente  artista plástico– deleitó a los sorprendidos colegas con la interpretación de un par de canciones españolas, las que ameritaron un espontáneo y merecido aplauso de fraterno reconocimiento a este maestro de la pintura japonesa y de la amistad universal.