Viernes, 15 de diciembre de 2017

Contraste de emociones ante el Despojado

La lluvia obligó a permanecer a la Hermandad en el interior de la iglesia

El paso de Jesús Despojado fue situado en el centro de La Purísima

Amenazaba lluvia sobre Salamanca en la tarde del Domingo de Ramos y la mala fortuna quiso que el agua empezara a caer casi exactamente a la misma hora que Nuestro Padre Jesús Despojado tenía previsto iniciar su paseo por las calles de Salamanca. Con la llegada de La Expiración a La Purísima comenzaría la larga espera. Las caras que se veían nada más entrar en la iglesia salmantina no auguraban buenos presagios. Se daba un primer margen de media hora para tomar una decisión.

Pasado el tiempo, ya marcando el reloj las seis y media de la tarde, las informaciones que manejaba la Hermandad y habiendo conseguido el permiso de la Catedral para llegar más tarde, les llevaba a posponer su decisión hasta las siete de la tarde. Silencio entre hermanos, que simplemente con mirarse se lo decían todo. El paso aún por terminar, con la madera sin tratar, era la principal preocupación en caso de que la lluvia les pillara en la calle.

Y llegaron las siete y parecía que el Despojado este año se iba a quedar en casa. La orden del capataz para levantar el paso y ponerlo de frente a la puerta hacían dar por hecho que la decisión tomada era no salir. Pero fuera había cesado la lluvia. El constante ir y venir de miembros de la Junta de Gobierno de dentro a fuera y de fuera a dentro mostraba que no tenían tan clara la decisión.

Tuvo que pasar otra media hora, bomberos cargados de serrín incluidos, para que, al fin, la Hermandad se pronunciara. "¡Pero cómo vamos a dejar esto en casa!", dijo uno de los costaleros señalando el paso de Misterio. El Hermano Mayor pronunciaría las palabras mágicas: "Esperemos no equivocarnos, pero vamos a realizar la Estación de Penitencia". La incertidumbre, la tensión y las lágrimas desaparecerían entre los aplausos de los hermanos, los mismo aplausos que sonarían al abrirse las puertas de La Purísima.

Alejandro López Redondo

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