Martes, 12 de diciembre de 2017

Se va terminando el invierno

Se va terminando el invierno con tal avalancha de acontecimientos que apenas hay experiencia que pueda ni siquiera aproximarse a su simple enunciado. Como en una erupción, se levantan oleadas de nuevas vidas o sus proyectos. No quedan apenas ocasiones para el silencio. Día y noche suenan los campos a renacimiento. Ya están ahí, junto con los sonidos de los grillos y alacranes cebolleros, las primeras llamadas de las ranas comunes. Aviones y golondrinas culminan de acoplar pellas de barro a su nido y lo forran con crines, plumas y raicillas que acolcharán la incubación. La cigüeña blanca pone su primer huevo.


 

Si decíamos que pituitaria despierta lo que ya trabaja permanentemente en marzo es el oído. Responsables: los pájaros que multiplican sus cantos ante la ya perentoria obligación de ser más. Vibran todos los rincones no degradados con las ardorosas estrofas de mirlos, totovías, zorzales criarlos, pinzones, tarabillas, carbone­ros, herrerillos, petirrojos... Algunos de ellos le cantan a una esposa que ya es clueca en lo recóndito. Mes también de más llegadas y partidas, de puertas abiertas de par en par por los extremos cardinales de la Península.

Así, mientras que remontan paralelos los gansos y otras anátidas, los limícolas y gaviotas, las palomas y grullas, las currucas capirotadas y mosquiteros, por Gibraltar entran a mansalva milanos negros y alimoches, aviones y golondrinas, abubillas y cucos. Los madrugadores ya tienen delante de los ojos el fruto de su esfuerzo incubador. Nacen en este mes la mayoría de los pollos de las dos especies de buitre, ya están casi volando los de buho real.

Más  espectacular todavía resulta la irrupción en los paisajes de los hasta ahora aletargados reptiles y no pocos anfibios. En as aguas paren las salamandras, eclosionan los huevos de gallipato, se hacen el amor los tritones pirenaicos y ponen sus interminables ristras de huevos negros los sapos comunes. En tierra firme se per­siguen a mordiscos —es su forma de amarse— las salamanquesas de nuestras paredes. Incluso ponen sus huevos antes de que acabe este mes. Andan enceladas también las lagartijas más comunes como la ibérica, la roquera y la colirroja. Y aparecen por primera vez en el año las tres especies de lagarto más frecuentes, la culebrilla ciega —un reptil que vive como las lombrices— y las víboras.

 

A poco que haya llovido, nuestros ríos llevarán más agua que en ningún otro mes -norma cada vez menos cierta-. Caudales que albergan otros flujos, éstos vivos, ya que sus inquilinos se animan también a la multiplicación de sus efectivos. Estamos en el momento en que ponen sus huevos anguilas, lucios, tímalos, percas, bogas, leuciscos. Mientras, de los huevos más madrugadores del mes pasado, los de salmones y truchas, siguen naciendo millones de alevines.

En la mitad sur aparecen también los primeras caballitos del diablo y libélulas. El bullicio lo ponen las segundas oleadas de díp­teros —moscas y mosquitos— del año. Y, por supuesto, los primeros enjambres y, a la noche, la alfombra sonora de los grillotalpas o alacranes cebolleros.