Volver a la vida normal es muy duro.
Sí.
Duríiiisimo.
Y no tanto por la vuelta a lo cotidiano, (que también), sino porque, además, a veces hay que soportar el relato de cada uno de los minutos y segundos de los días de vacaciones de “los otros”.
Y si no, escuchemos el encuentro entre estas dos parejas…
- ¡Por fin! ¡Qué ganas teníamos de veros!
- ¡Ay! ¡Nosotros también!
Y, tras los besos abrazos y achuchones, después de tomar acomodo, de pronto, cometieron un terrible error: hicieron la pregunta que nunca, en septiembre, se debe formular.
- ¿Y qué tal las vacaciones?
Porque entonces la pareja acogedora del encuentro tiró de pantalla inmaculada todo lo grande que era la pared, tiró de ordenador, proyector, móvil y wifi, y empezó a lanzar una imagen tras otra, con música de samba incluida, que si esto es Noronha, que si aquí nadando con los pececitos, que si esto es en la Baía do Sancho… Esto es en Paraty… Aquí estamos en Ilha Grande… Cuando fuimos a Troncoso… Aquí en el Quadrado…
El caso es que, foto tras foto, salían playas y más playas brasileñas con palmeritas y algún colorido tucán que otro, alguna tortuguita acostumbrada a posar, blancas arenas y azules aguas reflejando el cielo. También, a veces, se veían los pies de ella con las uñas pintadas de ardiente pasión, y en otras imágenes las piernas de ambos haciendo piececitos, con la piel tan roja, tan roja, tan roja, como las uñas de ella. Casi se podía imaginar el sonido del mar (y el escozor de los miembros inferiores de ambos, del pecho, de los hombros, de la nariz, de la espalda, de los brazos…, todo bien cocido al tozudo sol).
Incluso había autofotos de ella con distintos sombreros, distintos collares y distintas personas:
- YO, y el de la taquilla del guardarropa, que era muy simpático.
- YO, y la peluquera del hotel.
- YO, y la camarera de la habitación, que era muy maja.
Cuando terminaron de proyectar las treinta y ocho mil setecientas cuarenta y dos fotos, preguntaron:
- ¿Y vosotros qué tal?
Entonces, la pareja invitada comenzó a relatar sus vacaciones.
- Pues... ya sabéis que queremos quedarnos embarazados, ¿verdad, chiquitín?
- Sí, gordi.
- Entonces pensamos que lo mejor era hacer un recorrido por España, que no conocemos tanto y teníamos ganas, ¿a que sí, bichito?, porque luego no vamos a poder.
- Así es, caramelito. Bien organizados, nos hemos visto 17 ciudades. Y nos han gustado mucho.
- A mí, lo que más, la Mezquita de Granada, ¿verdad, chiquitín?
- Sí, cielito, te encantó. A mí me impactó la Alhambra de Toledo. No sabía yo que era tan especial, y eso que la había visto en fotos.
- Y luego, ¡qué risa! Nos tiramos un buen rato buscando la rana de la muralla de Ávila. Pero al final la encontramos, ¿verdad, pequeñín?
- ¡Ya te digo, princesa!
- Pero lo que más me impresionó de todo fue ver la estatua de Viriato, en Teruel, el que mató a los amantes… Pobrecillos, ¡tan jóvenes!… ¿a que sí, tesorito?
- Bueno, es que no hicimos más que ver sitios y sitios… ¿Te acuerdas del Papamoscas, en Palencia, caramelito?
- ¡Ay sí! Y al final, terminamos en Segovia, donde ponen el árbol de Navidad más alto, pero claro, fue una pena porque en Agosto… todavía no estaba montado.
Y así, contaron con pelos y señales a sus amigos todo el recorrido turístico realizado a lo largo y ancho de la geografía española antes de quedarse embarazados.
Pero lo peor no es esto que cuento. Lo más duro es que falta quedar, una a una, con todas las parejas de la pandilla para “ponerse al día” después de las vacaciones, ¡¡y las miles de fotos de viajes de “los otros” que quedan por ver!!
Aprovecho para dar a todos la bienvenida al ruedo de lo cotidiano.
Mercedes Sánchez
La fotografía es gentileza de José Amador Martín, a quien se la agradezco.
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