Últimamente, el juego de cabeza en el fútbol está siendo muy desafortunado y aparecen numerosas jugadas a lo largo de un partido donde los futbolistas se lesionan con contundencia, yo diría que incluso adrede, mutuamente...
Critico muchas veces que los jugadores no orientan adecuadamente los marcajes, igual que no saltan protegiéndose del contrario perfilándose con la cadera y protegiendo por tanto todo el cuerpo, sino que parece que se compite a lo loco, a apabullar físicamente haciéndole daño al contrario, y dispuestos a recibirlo (idéntico daño) en la misma jugada.
Sin duda, preocupan los efectos a largo plazo de los remates y golpes reiterados del balón, o del contrario, a riesgo de sufrir algún tipo de enfermedad. Son colisiones entre jugadores con influencias negativas. Un estudio liderado por Alex Iranzo, neurólogo del Hospital Clinic de Barcelona, indicó que, a través del análisis de 120 vídeos de partidos de 4 mundiales de fútbol de los últimos 50 años, revelan unos 4.478 golpes en 1974 y 1990; ascendiendo a 5.355 en 2006 y 2022. Todos ellos contabilizados en los partidos apenas en los entrenamientos. Fueron golpes de cabeza contra cabeza; o de codos contra cabezas, etcétera. “Aunque ni la persona afectada ni el entrenador lo noten, puede haber “microlesiones” vasculares”.
Si es así y se produce un nuevo impacto, ese segundo golpe puede ser mucho más peligroso y dañino. Se insiste mucho en “El síndrome del segundo impacto” puede que no se produzca en el mismo partido, sino una o dos semanas después”.
Por supuesto, los grados de lesión pueden ser amplios y diversos. Aunque no debemos alarmarnos por las potencialidades negativas de dichas lesiones si reflexionamos sobre lo que el libro de Juan Luis Arsuaga, “La respuesta”, que nos dice en el capítulo dedicado a “Un cráneo a prueba de golpes”. El autor, muy versado, además de ilustrarnos sobre muchas informaciones antropológicas conviene en asegurar que: “En estos fósiles de Ngandong es donde la robustez es mayor. Son al mismo tiempo los que tienen mayor cerebro y los de paredes del cráneo más engrosados. La evolución de “Homo erectus” en Java se dirigió hacia individuos con mayores cerebros y al mismo tiempo con un cráneo más resistente, más bajo y más pesado”.
(…) “Tras pensarlo durante años he llegado a la conclusión de que lo que parece un casco es en realidad un casco, es decir, que la visera supraorbitaria, el occipital y el engrosamiento general y reforzamiento de la caja craneal, con una bóveda plana, tienen que ver con la violencia. Son adaptaciones para proteger el cerebro de los golpes… Solo es una especulación, pero no se me ocurre otra mejor”.
Todo ello nos permite especular también a nosotros, es posible que los futbolistas también hayan evolucionado hacia un reforzamiento de la caja craneal, con adaptaciones necesarias y ajustadas a cómo transcurre el propio juego del fútbol, sin duda con disputas más violentas cada partido.
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