Esta afirmación está referida a nuestra sociedad occidental en su conjunto; la evolución en los países de Asia y Áfríca es diferente a los países occidentales; nuestro punto de vista está demasiado alejado de Oriente y África y demasiado poco informado de su evolución en las últimas décadas.
Tampoco sabríamos responder a cuándo comenzó este debilitamiento del mundo de la religión en su antigua función de puntos de referencia para los valores, la cultura, los afectos en nuestra sociedad y en qué momento el odio comenzó a regir decisiones en lo político, en lo social, en la economía, en la moral, en nuestra imagen del semejante.
Solo está claro, según numerosos estudios sociológicos, epidemiológicos, políticos y culturales que el final de la etapa de la pandemia de Covid 19 coincide con este cambio drástico de sociedad y de valores. Ha sucedido como si la experiencia del Covid 19 hubiera sido el factor desencadenante del significativo aumento de numerosas fuerzas autodestrutivas y destructivas. Entre las más importantes nombraremos algunas:
- Declaraciones de guerras entre países que no logran que ninguna negociación, con intermediarios o sin ellos, termine con las acciones bélicas generadoras de muertos, heridos, inmigraciones masivas, destrucción de riquezas y bienes públicos.
- Inicio de movimientos de partidos políticos radicalizados que generan una paulatina división de las sociedades en dos o tres grupos enfrentados, cuyo lenguaje está impregnado de odio y gira siempre en torno a la ausencia de valores en los contrarios y en su peligrosidad.
- Las consecuencias para amplios grupos de población de la creación y funcionamiento de nuevas tecnologías (como la variedad de móviles que potencian la comunicación y todos los procesos agrupados en lo que llamamos Inteligencia Artificial) han tenido consecuencias muy positivas en algunos campos y en algunos grupos de población y enormemente patológicas y negativas en otros aspectos: en salud mental y física en sectores específicos de población, sobre todo en la infancia y en la adolescencia: las situaciones y sentimientos de soledad paradójicamente han aumentado, las capacidades de comprensión, de atención, de rendimiento escolar han disminuido, así como han aumentado las conductas psicopatológicas ( suicidios, violencia de género) y psicopáticas ( acosos escolares, agresiones sexuales a menores, agresiones a inmigrantes de otras razas y de identidades LGTBIQ+).
La explicación de estos fenómenos generalizados de violencia, miedos, fantasías apocalípticas, aparecidas al terminar la epidemia de Covid, han sido estudiados desde la teoría y la clínica psicoanalítica como síntomas de un miedo residual a la muerte sentida durante toda la pandemia, que no han podido ser tratados ni elaborados socialmente. Lo que ha ocurrido es que estos síntomas han sido inconscientemente enterrados con conductas masivamente compulsivas, que líderes excepcionalmente narcisistas han empujado sobre todo en los últimos siete años.
El principal y central mandamiento de la religión católica, “ AMARÁS A LOS DEMÁS COMO A TI MISMO”, se ha ocultado bajo este panorama general de guerras y odios, que se muestra espectacular y obsesivamente al ciudadano solitario y confuso, que no logra ya ver y sentir al Otro como un semejante.
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