Recuerdo aún cuando era niño que septiembre tenía un significado especial. Con su llegada y la vuelta al cole asomaba también la Feria Taurina de la Virgen de la Vega y, con ella, esos días marcados en rojo en el calendario de cualquier aficionado. Recuerdo sostener los carteles entre las manos y repasarlos una y otra vez, imaginando cada paseíllo, cada faena y cada tarde que estaba por llegar en La Glorieta.
Aquellos días eran una espera llena de ilusión. Soñaba con ver de cerca a las grandes figuras del momento: Joselito, Enrique Ponce, El Juli, José Tomás o César Rincón, entre otros muchos de los que marcaron una época. Cada tarde me acercaba a la puerta de cuadrillas para contemplar su majestuosa llegada, pedir un autógrafo o, si la suerte acompañaba, conseguir una fotografía que aún guardo como un tesoro.
Normalmente asistía a una o dos corridas por feria, pero las tardes en las que no entraba en la plaza también tenían su magia. Me sentaba junto a la Puerta Grande con una radio entre las manos —¡qué tiempos aquellos!— para escuchar el festejo mientras el eco de los olés y la emoción que brotaba del coso llegaban hasta el exterior en medio de un inconfundible olor a puro y cigarrillo. Allí permanecía hasta el final, esperando volver a ver a los toreros salir en hombros en medio de una marabunta de la que me escabullía como podía.
Ahora que ya peino canas, aquella ilusión infantil sigue intacta. Es la misma que siente hoy quien escribe estas líneas a las puertas de una nueva feria, dispuesto a contar cada tarde, cada historia y cada emoción de nuestra querida Salamanca, formando parte activa de la feria que mamó desde pequeño.
Y esa será la misma ilusión con la que harán el paseíllo los charros Marco Pérez, Julio Norte e Ismael Martín; la de David de Miranda en su debut en La Glorieta; la de Borja Jiménez, tan vinculado a esta tierra; y la de figuras consagradas como Morante de la Puebla, Roca Rey, Manzanares, Diego Urdiales, Talavante o Emilio de Justo. Porque Salamanca y su feria siempre han de vivirse con la ilusión de un niño.
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