Es de sobra conocido que al Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no le gustan las elecciones generales. Entre otras razones, porque nunca las ganó. Sus Gobiernos han sido hechos al modo frankestein, con retazos parlamentarios de todos aquellos partidos que odian a España y para los cuales él es el mal menor. Pero la legislación obliga a pasar por el ritual de las urnas, aunque hay excepciones, al menos temporales.
Una de ellas es que haya un estado de alarma, sitio o excepción, los cuales obligarían a disolver Las Cortes e impedirían durante su vigencia el ejercicio electoral. Bien es verdad que ello sólo retrasaría los comicios, pero daría un respiro a un individuo cuyo objetivo es mantenerse cuanto más tiempo sea en el poder. Y cualquiera de esos tres estados anómalos en el devenir democrático podría decretarse si las cosas en Ceuta derivan a peor, lo cual desgraciadamente es posible. Así que ahí tenemos una posibilidad, improbable si se quiere, de que no haya elecciones en los plazos previstos.
De momento, mientras semejante hipótesis se confirma o no, tenemos la vulgarmente llamada ley de nietos, que concede el sufragio a los españoles que tuvieron que exiliarse a consecuencia de la Guerra Civil, aunque sus efectos alcanzan de hecho a todos los descendientes de los que por una u otra razón fueron al extranjero, Así que a fecha de hoy tenemos 2,736.522 residentes en el exterior, lo que supone ni más ni menos que un 7,11% del censo y eso que sólo hay registrados todavía 500.000 de los 2,5 millones de los que lo han pedido.
Con estas cifras se observa que el censo electoral queda profundamente alterado. Sólo en Madrid capital uno de cada siete votantes ha nacido fuera de España, lo que supone un 14,9% del total con una cifra superior a la de la inmensa mayoría de las provincias españolas. Según una encuesta, en 162 municipios hay registrados tantos o más extranjeros que residentes.
Se entiende así que pueda bailar el último escaño en 23 de las 42 circunscripciones, que siempre sería en favor del PSOE, pues para algo es el benefactor del este tipo de sufragio, que no exige haber estado en España una sola vez. Como se ve, todos son artimañas para favorecer a Sánchez y hacer que su mandato llegue hasta 2031. Vivir para ver.
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