Fiesta de la Transverberación de Santa Teresa con una solemne eucaristía en la Basílica de la Anunciación, presidida por el obispo de Zamora, Fernando Valera, quien ha instado a los fieles a evitar una fe tibia y rutinaria.
Alba de Tormes se ha convertido nuevamente en el epicentro de la devoción teresiana con motivo de la Fiesta de la Transverberación de Santa Teresa de Jesús. Numerosos vecinos, fieles y peregrinos se han congregado en el templo jubilar para rememorar uno de los episodios místicos más significativos y universales de Santa Teresa.
La santa misa ha estado presidida por el obispo de Zamora, Fernando Valera, quien ha centrado su discurso en la profundidad del misterio que la Madre legó a la Iglesia católica. El prelado ha instado a todos los asistentes a mirar al cielo "con el corazón encendido" y a adentrarse sin miedo en las moradas interiores.
En la misa celebrada en la Basílica de la Anunciación, Valera ha desgranado el significado teológico de la transverberación, un acontecimiento espiritual que comenzó a latir en el alma de la santa en el año 1560.
Durante la homilía, el obispo ha explicado que este acontecimiento inefable no debe entenderse como un simple hecho físico. "No es un dardo físico, no es una llaga material. Es el alma la que experimenta el toque abrasador del Altísimo", ha precisado el prelado ante los fieles congregados.
Fernando Valera ha recordado que la propia Teresa de Jesús describía esta experiencia como un dolor inmenso que arranca quejidos, pero que resulta "exquisitamente sabroso". Se trata, según sus palabras, de la paradoja viva del amor divino, que hiere para sanar y purificar el corazón.
Para ilustrar este misterio, el obispo ha hecho referencia a la cultura de la época de la santa, mencionando el imaginario del cazador divino y la amada convertida en cierva vulnerable. Ha evocado los conocidos versos teresianos: "Ya toda me entregué y di..." como reflejo de esa entrega absoluta.
El obispo de Zamora ha advertido contra el peligro de quedarse únicamente en la representación externa de este fenómeno. En este sentido, ha aludido a la célebre escultura de Gian Lorenzo Bernini en Roma, que plasma el éxtasis de la santa en mármol.
"¡Detengámonos con respeto!", ha exclamado el prelado, instando a que la profunda humildad mística de Santa Teresa prevenga contra el engaño de la superficie. El verdadero milagro, ha subrayado, reside en la transformación interior del creyente y en la acción del Espíritu Santo.
Asimismo, ha analizado la transverberación como una manifestación de los efectos de la resurrección de Cristo en la vida terrena. Ha definido este proceso como un signo de la "divinización" del ser humano, donde el cuerpo se convierte en vehículo del Espíritu.
En el tramo final de su intervención, Fernando Valera ha hecho un llamamiento directo a la comunidad cristiana actual. Ha insistido en que esta festividad no puede reducirse a un hermoso recuerdo histórico del siglo XVI ni a una "pieza de museo espiritual".
El obispo ha propuesto las siguientes claves para aplicar el mensaje teresiano en la vida cotidiana:
Finalmente, el prelado ha pedido la intercesión de Santa Teresa de Jesús por la comunidad de carmelitas descalzas de Alba de Tormes, así como por todos los cristianos que buscan el sentido de sus vidas, deseando que la santa les enseñe a "amar sin medida".