Las aceñas se localizan en el territorio salmantino habitualmente en distintos documentos del siglo XII, establecidas en los principales ríos, especialmente en el Tormes.
Así en el fuero de Ledesma de 1161, se reseñan las aceñas vinculadas también al riego, situadas en el vado del río: "azeniis de Ledesma quomodo terminatur per illum vado". En el año 1102 en la propia restauración de la diócesis salmantina por el conde Raimundo de Borgoña, éste dona la mitad de las aceñas y las pesqueras de Salamanca.
Esta primera donación se completará con otras como la heredad de aceñas que dona, en 1161, Bernardo Sánchez. O en 1175 aparecen las aceñas de Alba de Termes, vinculadas al palacio real del lugar, donadas a la catedral salmantina por Fernando //. O en el mismo lugar se donan las aceñas del Alcázar, en 1202, por el arcediano Lombardo.
Así vamos conociendo cómo se van incorporando otras aceñas al patrimonio catedralicio a lo largo del siglo XIII, como la aceña del Prado, en Tejares, donada en 1215 por Domingo Peláis y las del Muradal. de Telladas, de Arnal, del Vado de Santervás, del Vado, de Pedrosilla, las Nuevas de Santa Marta y la del Canto en Villamayor, reseñadas en distintos documentos del siglo XIII sobre repartos y pleitos con otros propietarios, como la Orden del Hospital y el propio concejo salmantino.
Las aceñas de la ciudad de Salamanca se situaban desde la Serna hasta Villamayor, teniendo una notable producción. Según el censo del año 1502 las rentas anuales de las aceñas del Muradal y del Arrabal eran similares a los censos de trigo de las parroquias de San Marcos y la Magdalena. Y las aceñas del Vado en aquel momento rentaban anualmente 250 fanegas, mientras todos los habitantes de Santiago y Santa Cruz disponían de 218 fanegas como contraste. En el Catastro del Marqués de la Ensenada, realizado en el siglo XVIII, se registran tres aceñas vinculadas a la ciudad, continuando la propiedad eclesiástica sobre ellas. También cabe reseñar la presencia de aceñas en el río Águeda en la villa de Ciudad Rodrigo.
Las aceñas del Tormes serán los lugares donde la mayoría del campesinado de La Armuña y las Tierras de Alba llevarán a moler sus granos, a falta de otros cauces importantes donde pudieran instalarse otros molinos. Curiosamente además las normativas medievales salmantinas conocidas fomentarán el establecimiento de molinos y aceñas en los ríos que mantengan caudal suficiente a lo largo de todo el año. Así el fuero de Alba de Tormes indica la imposición sobre aquellos molinos que no muelan todo el año: "e verano e invierno así muelan. E si así non molieren pechen los herederos".
Madoz nos da referencia de distintas aceñas en el río Tormes a mediados del siglo XIX, como las tres de Aldeavieja, conocidas como La Bardilla, de Malpique y de los Molinos, Aceña Nueva en Salvatierra, de los Romanos o de la Fuente en Pelayos, Aceña Nueva en Monasterio, de Oviedo en Galisancho, otras seis en Alba de Tormes y sus inmediaciones: de Galiana, de los Gerónimos, dos del Puente, del Alcázar y de San Pedro, las del coto redondo de Gusande conocidas como aceñas de Pepino, la aceña de Pelilla, o la aceña del Moguete en la Aldehuela o Mesón de Chirigata, alquería del término de Ledesma
Imagen Santiago Bayon Vera Akba de Tormes (Salamanca)
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