El regreso al trabajo, los madrugones, el inminente regreso del colegio y los horarios vuelven a marcar el calendario después de semanas de vacaciones
El despertador vuelve a sonar. Las terrazas empiezan a vaciarse, los viajes llegan a su fin y el atisbo de que se asoma ya septiembre devuelve a los salmantinos a los horarios de siempre. Después de varias semanas con más libertad para dormir, comer o hacer planes, regresar al trabajo puede hacerse cuesta arriba.
Cansancio, falta de concentración, irritabilidad o apatía son algunas de las sensaciones habituales durante los primeros días. Es lo que popularmente se conoce como síndrome postvacacional, aunque los expertos recuerdan que no se trata de una enfermedad ni de un diagnóstico clínico. En la mayoría de los casos, es simplemente un periodo de adaptación que suele durar entre una y dos semanas.
«Lo que más cuesta es volver a madrugar. Durante las vacaciones te acostumbras a acostarte tarde y a levantarte sin alarma», cuenta Sergio, periodista de 32 años.
Uno de los principales consejos pasa por no esperar al primer día de trabajo para recuperar la rutina. Adelantar progresivamente la hora de acostarse y levantarse durante los días previos puede hacer más llevadero el cambio. También ayuda volver a establecer horarios regulares para las comidas y evitar que los primeros días estén cargados de obligaciones. Se recomienda una reincorporación progresiva, respetar los horarios de descanso y organizar actividades de ocio después de la jornada laboral.
«En verano cenamos mucho más tarde, estamos en la parcela, salimos con las niñas... y se acuestan cuando quieren. Una semana antes del colegio intentamos cambiar los horarios poco a poco», explica Marta, profesora y madre de dos hijas.
Otro de los errores habituales es regresar al trabajo intentando ponerse al día de golpe. Correos, tareas pendientes, reuniones y asuntos acumulados pueden generar una sensación de agobio desde primera hora. La recomendación de los especialistas es establecer prioridades y empezar por lo más importante. La adaptación resulta más sencilla cuando la vuelta se plantea como un proceso y no como la obligación de recuperar en una mañana todo lo que quedó pendiente durante las vacaciones.
Volver al trabajo tampoco debería significar renunciar de golpe a todo lo que se ha disfrutado durante las vacaciones. Mantener deporte, encuentros con amigos, paseos o cualquier actividad de ocio puede ayudar a hacer más llevadera la transición.
La actividad física, además, puede servir para combatir el sedentarismo que acompaña a muchas jornadas laborales. El Ministerio de Sanidad recomienda introducir movimiento durante el día, levantarse periódicamente y aprovechar los desplazamientos y descansos para caminar.
«Voy a intentar hacer una vuelta progresiva a CrossFit después de todo el verano sin hacer prácticamente nada de deporte. Me fui al pueblo y la vida social es muy alta, que si te vas a comer, si te tomas algo... lo típico. Pero no pasa nada, poco a poco y listo», señala Luis, opositor de 25 años.
Para los padres, la vuelta es doble: recuperar su propio horario y preparar a los hijos para el inicio del curso. Mochilas, material escolar, actividades extraescolares y madrugones vuelven a ocupar buena parte de la agenda. Por eso, adelantar progresivamente las horas de sueño y organizar con antelación las primeras semanas puede evitar que septiembre se convierta en una carrera desde el primer día.
La vuelta de vacaciones, por tanto, no debería convertirse en una prueba de resistencia. Recuperar los horarios unos días antes, organizar el trabajo, dormir bien y conservar parte del ocio del verano son medidas sencillas que pueden hacer que el aterrizaje en septiembre sea menos brusco.