El protagonismo del agua en la elaboración de distintos productos lo realiza fundamentalmente a través de su empleo como fuerza energética, creando para ello distintos artefactos hidráulicos, cuyo paradigma son los molinos hidráulicos. Conocidos desde la antigüedad, serán los romanos quienes los impulsen en todo su territorio imperial como recurso puntual alternativo a los molinos manuales movidos a sangre, que debido a la abundante mano esclava y servil eran dominantes.
El tipo de molino manual romano de mayor producción estaba constituido por una pieza inferior fija en forma de cono con la punta redondeada, llamada meta por el parecido con la meta del circo, sobre la que se hace girar una pieza ahuecada en forma de uso troncocónico, llamada catillus de tal manera que la parte inferior se ajusta a la piedra fija y la zona superior sirve para acumular el grano a ser molido. Esta pieza superior presenta unos salientes laterales donde se sujeta los brazos de madera que son movidos por un animal o dos personas.
Estas piezas se realizaban en bloques monolíticos de piedra, pudiendo encontrarse en muchos yacimientos de época romana tanto en villas como núcleos urbanos . Junto a ellos se pueden encontrar los molinos también realizados en piedra de tipo giratorio, de menor tamaño, que permite utilizarlo a una persona moviendo la piedra superior con la ayuda de un palo introducido en un agujero, de tal modo que la piedra inferior no móvil se dispone de forma cóncava para posibilitar dicho trabajo.
Este tipo de molino se encuentra en asentamientos prerromanos, manteniéndose en muchos lugares como el equipamiento básico para la molienda de la casa en época medieval, que hoy todavía encontramos en uso en poblaciones actuales del Magreb, y junto a ellos los molinos manuales más primitivos de machaqueo compuestos por piezas pétreas preparadas ex profeso.
Los molinos hidráulicos conocidos por los romanos recorren todos los distintos tipos tecnológicos básicos tradicionales, de los que nos da cuenta en expresivos dibujos el famoso manuscrito del siglo XVI, conservado en la Biblioteca Nacional y conocido como Los Veintiún Libros de los Ingenios y de las Máquinas, desde los molinos más sencillos de rodezno y eje vertical, de los que la arqueología ha dado cuenta en lugares de la Europa nórdica, siendo citados por primera vez expresamente en nuestro país en un documento del año 800 del monasterio de Taranco, en el valle burgalés de Mena, a los de rueda vertical movida por la corriente de las aguas, llamados aceñas, denominación derivada del término árabe assaniya, con eje horizontal y transmisión a otra corona que mueve la piedra, que conocemos por la descripción que realiza Vitrubio, y de los cuales conocemos un ejemplo en las termas de Caracalla. O el espectacular conjunto de Barbegal, compuesto por dos hileras escalonadas en paralelo de ocho molinos cada una, que se abastecía con el agua del acueducto de Arlés, siendo sus molinos de rueda vertical movidos por un pequeño canal elevado.
De similar tipo es el molino romano excavado en Conímbriga, hasta ahora el único molino hidráulico romano conocido en la Península. Pasando por los molinos de rodezno a los que se dota de un cubo de fábrica, habitualmente pétrea, conocidos como molinos de cubo, empleando dicha angostura y forma para dotar mayor impulso al rodezno y piedra que mueve, ya conocidos desde la antigüedad.
O los que disponen el rodezno dentro de un cubo pétreo o de madera, que conocemos con la denominación de molinos de regolfo, antecedente de la turbina moderna, que en contra de lo que afirman algunos especialistas, que le atribuyen su invención a artífices renacentistas españoles, encontramos ejemplos romanos en distintos lugares del área mediterránea, como el molino tardorromano de cuatro ruedas de Chemtou, asentamiento romano conocido por las famosas canteras de mármol amarillo, tan apreciado en la Roma antigua.
Imagen Santiago Bayon Vera El Cerro (Salamanca)
La empresa Diario de Salamanca S.L, No nos hacemos responsables de ninguna de las informaciones, opiniones y conceptos que se emitan o publiquen, por los columnistas que en su sección de opinión realizan su intervención, así como de la imagen que los mismos envían.
Serán única y exclusivamente responsable el columnista que haga uso de nuestros servicios y enlaces.
La publicación por SALAMANCARTVALDIA de los artículos de opinión no implica la existencia de relación alguna entre nuestra empresa y columnista, como tampoco la aceptación y aprobación por nuestra parte de los contenidos, siendo su el interviniente el único responsable de los mismos.
En este sentido, si tiene conocimiento efectivo de la ilicitud de las opiniones o imágenes utilizadas por alguno de ellos, agradeceremos que nos lo comunique inmediatamente para que procedamos a deshabilitar el enlace de acceso a la misma.