Este centro, recurso de Cáritas, acaba de cumplir los 32 años adaptado a nuevas realidades sanitarias y con sus 14 plazas completas
El centro de acogida Casa Samuel en Salamanca ofrece un espacio de cuidado y cercanía para personas convalecientes que carecen de una red de apoyo familiar o de una vivienda adecuada. Tras más de tres décadas de trayectoria, este recurso se consolida como una pequeña gran familia donde no existen límites de tiempo para la recuperación.
El pasado 17 de junio, conmemoró sus 32 años de historia en Salamanca. Lo que comenzó en 1994 como una respuesta urgente a una realidad social y sanitaria muy concreta se ha transformado hoy en un hogar indispensable para quienes atraviesan un proceso de enfermedad en situación de extrema vulnerabilidad.
El centro, gestionado por Cáritas Diocesana de Salamanca, cuenta con un aforo limitado de 14 plazas que actualmente se encuentran totalmente completas, con una última reserva pendiente de i n g r e s o . Este recurso se convierte en el ú n i c o refu - gio para aquellos pacientes que, tras recibir el alta hospitalaria, no disponen de un entorno familiar o habitacional adecuado para su convalecencia.
“Pretende ser esa casa o ese hogar en el que todos nos gustaría pasar nuestra enfermedad, tener ese apoyo o esa cercanía y ese cariño diferente, o que no ofrecen una residencia más grande”, destaca Raúl Fraile, coordinador de las instalaciones. A través de un trato estrecho y personalizado, el equipo busca ofrecer un apoyo y un afecto que difícilmente se encuentran en instituciones residenciales de mayor tamaño.
Los orígenes de Casa Samuel se remontan a una época difícil. “Comenzó su andadura para dar respuesta a un problema muy particular de aquella época, que era los enfermos de SIDA. De hecho, inicialmente, se llamaba la casa del SIDA”, explica Fraile. Sin embargo, los avances médicos y farmacológicos cambiaron radicalmente el panorama, transformando el VIH de una patología mortal a una enfermedad crónica con la que se puede convivir con normalidad.
Esta evolución obligó al centro a reinventarse. En la actualidad, las instalaciones acogen a personas con cualquier tipo de patología, ya sea crónica o puntual, que no disponen de un lugar digno o del apoyo necesario para recuperarse. El perfil de los residentes es muy variado y abarca diversas necesidades médicas.
“Desde personas que por un problema de diabetes han amputado una pierna, y en lo que se acomodan, se ponen la prótesis y se busca una casa adaptada, tienen que estar aquí”, señala el responsable, quien añade que también atienden a pacientes oncológicos o con otras necesidades de salud.
La vía de entrada al centro suele comenzar en el propio entorno sanitario. Son las trabajadoras sociales de los hospitales quienes solicitan el ingreso al detectar que un paciente va a recibir el alta pero su vivienda presenta barreras arquitectónicas, carece de condiciones de salubridad o, simplemente, la persona se encuentra en una situación de absoluta soledad sin familiares ni amigos que puedan asistirla.
La convivencia de los residentes requiere de una organización estructurada para garantizar el correcto funcionamiento del hogar. El día a día en la casa se organiza en torno a unos horarios establecidos: desayuno, labores de limpieza, almuerzo, comida, merienda y cena.
Los usuarios disfrutan de libertad de movimiento para entrar y salir del centro, respetando un horario límite de llegada fijado a las 00:00 horas en verano y a las 23:00 horas durante el invierno. En la época estival, el jardín de la vivienda se convierte en el punto de encuentro principal, donde se organizan tertulias y partidas de parchís o juegos de mesa.
Para romper la rutina, el equipo organiza actividades extraordinarias. El sábado pasado, los residentes asistieron a la fiesta de aniversario del centro Padre Damián (el recurso de Cáritas para personas sin hogar) y ayer mismo celebraron un cumpleaños en la casa. También planean una excursión para pasar una tarde en el río, aunque el coordinador reconoce las dificultades logísticas que esto plantea.
“Hay personas que están en momentos muy diferentes. Hay una chica que está con proceso oncológico que apenas puede salir de su habitación, entonces no nos planteamos que se vaya una tarde a pasarla al río”, explica Fraile, señalando que al ser un equipo de personal reducido, las salidas grupales obligan a reorganizar el cuidado de quienes deben quedarse en el centro.
El funcionamiento de Casa Samuel no sería posible sin el apoyo constante del voluntariado. Durante los meses de verano, cuando los colaboradores habituales disfrutan de su descanso, el centro mantiene su actividad gracias a un convenio con una asociación de voluntariado internacional.
Desde el mes de junio y hasta el próximo 6 de septiembre, jóvenes voluntarios procedentes principalmente de Sudamérica conviven en la casa por periodos de dos semanas. Al dominar el castellano, la integración y la comunicación con los residentes es inmediata y muy fluida.
“Les dan un poco de vidilla a la hora de salir, o les piden a ellos que les lleven a conocer Salamanca, les da un poco de savia nueva”, valora positivamente el coordinador. A lo largo de todo el periodo estival, se prevé que pasen por el centro entre 12 y 14 voluntarios internacionales.
Una de las mayores particularidades de este recurso de Cáritas es que no existe un límite de tiempo para la estancia de los usuarios. La permanencia en el centro se prolonga tanto como lo requieran las circunstancias personales y la evolución médica de cada persona. Como muestra de ello, el residente más veterano de la casa lleva viviendo en ella 10 años.
Para Raúl Fraile, coordinar este proyecto supone una experiencia humana de un valor incalculable que compensa con creces las dificultades del día a día.
“Al final, Casa Samuel es una casa que trabaja con los últimos, es decir, con los más olvidados. Si hablamos de las personas con problemas de adicciones, si además de eso nos vamos a esas personas que además están enfermas, pues entonces estás trabajando con los últimos, y eso es muy gratificante”, concluye el coordinador, destacando el fuerte vínculo familiar que une a Raúl Fraile, coordinador de Casa Samuel todos los miembros de esta casa.