Nuestra protagonista de hoy es la joven Antígona hija de Edipo, rey de Tebas, cuyos hermanos, Eteocles y Polinices, tras la desaparición de su padre, mueren luchando entre sí por el trono de la ciudad por lo que Creonte, se convierte en rey.
El nuevo rey ordena que Eteocles debe se enterrado con honores, pero niega este derecho a Polinices por considerarle un traidor, y ordena que aquel que trate de enterrarlo será condenado. Pero su hermana Antígona considera que la orden es injusta ya que según las leyes divinas todos los muertos tienen derecho a recibir sepultura, por lo que desobedece al rey, que al descubrirlo, ordena encerrarla y la condena a muerte.
Enfrentarse a los principios morales y a las leyes divinas ocasiona que sobre Creonte caiga la desgracia y tanto sus hijos como su esposa mueren de forma violenta. Es en ese momento cuando el rey cae la cuenta de que su soberbia y su insensato intento de ejercer un poder absoluto han sido los causantes de la tragedia. ¿Justicia o ley?
Esta tensión entre lo legal, lo moral y lo justo recorre toda nuestra Historia y permanece en la actualidad. Son muchos hombres y mujeres que han reflexionado, teorizado, debatido, hablado y escrito sobre el tema y las opiniones siguen encontradas.
En la actualidad los juzgados están saturados por todo tipo asuntos, pero sobre todo cuestiones relacionadas con personajes de la esfera política, lo que retrasa cuando no paralizan las causas pendientes de los ciudadanos de a pie lo que no es justo.
Me viene otra vez a la memoria la película del año 1983 dirigida por Peter Hyamse interpretada por Michael Douglas, cuyo título en castellano fue Los Jueces de la ley. El argumento trataba sobre un grupo de jueces que tras verse obligados a poner en libertad a ciertos delincuentes por formalismos legales (¿les suena?) aun estando convencidos de su culpabilidad, quieren administrar justicia fuera del sistema y para ello contratan asesinos profesionales que eliminen a los culpables. Uno de los jueces en un momento de discusión y para justificar sus reprobables acciones, afirmaba: Nosotros como jueces debemos impartir justicia porque esta, hace tiempo que se perdió entre los renglones de la ley. Pero el caso es que se equivocaron y terminan por dar muerte a un inocente.También Antigona era inocente, sólo quería cumplir con el principio moral de dar sepultura a su hermano y eso le costó la muerte.
¿Aplicar la ley o administrar justicia? Para los romanos la justicia era la voluntad de dar a cada uno lo que en derecho le corresponde, hoy la Real Academia de la Lengua añade que es el principio moral que inclina a obrar y juzgar respetando la verdad. Y el ilustrado barón de Montesquieu afirmó que: Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa.
El doctor en Filosofía Grande Sánchez defiende que lo que lo que se presenta como neutral - procedimientos, reglamentos, códigos - pueden sin embargo, generar injusticias flagrantes. Ejemplos abundan, emigrantes que mueren intentando cruzar fronteras legales, personas detenidas por denunciar crímenes de Estado, periodistas perseguidos por revelar verdades incómodas... En todos estos casos el dilema de Antigona resurge ¿qué hacer cuando obedecer la ley implica traicionar la conciencia? Y añade, en contextos de autoritarismo la ética individual se convierte en trinchera. Antígona representa la trinchara.
Parece claro que las leyes no garantizaran la justicia porque una norma o regulación no puede compararse con un principio moral, por lo que el tema sigue sobre la mesa y creo que lo hará por mucho tiempo. Y es que el Cardenal Richelieu ya nos lo advirtió: Dadme dos líneas escritas a puño y letra por el hombre más honrado, y encontraré en ellas motivo para hacerlo encarcelar. Tal vez sea momento de empezar a cavar trincheras de justicia o que Dios, o los dioses, nos cojan confesados.
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