Hace años conocí a una familia que ninguno de los miembros de las tres últimas generaciones tuvo que trabajar para vivir. Si alguna vez trabajó alguno de ellos, fue por tiempo limitado y porque le gustaba el trabajo. Vivían como cualquier familia de clase más alta que media. Los jóvenes de la tercera generación ya tenían estudios universitarios y todos eran personas intachables. Es decir: su nivel económico no era el fruto de ningún negocio sucio, al menos por parte de ellos. La historia fue que el abuelo, (primera generación) tenía un hermano que ocupó un alto cargo en el Gobierno de la Segunda República, y al hombre, que no debía preocuparle mucho la situación del país, le dio por comprar pisos en el centro de Madrid a diestro y siniestro, y tan ocupado debía andar con sus negocios, que ni tiempo tuvo de formar una familia. Murió pues soltero y sin hijos, dejando, como único heredero, a su hermano. Gracias a que generación tras generación supieron gestionar el patrimonio con cabeza podían vivir sin tener que trabajar.
Estos días, ante las noticias protagonizadas por la presidenta madrileña, me ha venido al recuerdo la historia de aquella familia. Esta señora, más que de presidenta, ejerce de dueña de la Comunidad de Madrid y, como dueña y señora que es, ha decidido aprovechar el cargo para resolverles el futuro a su novio, a su hermano y a toda su familia. Lo mismo le da trapichear con mascarillas, con hospitales, con colegios, con residencias de mayores… lo importante es beneficiarse rápidamente y que paguen los ciudadanos, que para eso los quiere. Ahora le ha dado por comprarse un gran piso en la zona más cara de Madrid para reunirse con los suyos mientras duran las obras en la sede de la presidencia, y como la han pillado con el carrito de los helaos, que dicen ahora los cultos, lo ha vendido para dar los millones de euros a las víctimas de los incendios. ¿Pero puede alguien en su sano juicio creerse esta estupidez?
Pero vamos a ver, señora mía, usted no puede comprar y vender inmuebles a su modo y manera, hay unos requisitos legales que debe cumplir, y si no los cumple, como parece que es el caso, su jefe, si tuviera dos dedos de frente, debería exigírselo. Eso por un lado, y por el otro, ¿qué más le da a usted reunirse en el centro que en un barrio si la van a llevar y traer en coche, gratis y sin problemas de aparcamiento? Además, si usted, en su comunidad, tiene bomberos ganando mil cuatrocientos euros al mes, despidiéndolos cuando acaban los fuegos y amenazándolos con no volverlos a contratar si los llaman de urgencia y no van, ¿cómo es que ahora se compadece de los damnificados? Que no, señora, que esta copla tampoco se la cree nadie por bien que la cante usted.
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