Miguel Ángel Cortés y Sergio García de la Cruz hacen de su librería anticuaria un espacio de encuentro, cultura y militancia
Al paso de la calle Compañía, salen los libros de algunas de nuestras librerías anticuarias, páginas abiertas al lector y al coleccionista, hospitalarias y sabias. La Salamanca culta, leída, literaria tiene en nuestros libreros de viejo y en nuestra Feria el espejo donde mirarse. Y así, entre códices, antigüedades, libros para todos los bolsillos, una caña compartida y un cliente que disfruta de la búsqueda, Miguel Ángel Cortés y Sergio García de la Cruz defienden esa Feria del Libro Antiguo y de Ocasión que convierte nuestra Plaza Mayor en referente de un mundo fascinante.
Charo Alonso: ¿Librería de viejo o librería anticuaria?
Miguel Ángel Cortés: El concepto de librería de viejo está en desuso. Cuando aparece la figura del coleccionista, que es del siglo XX, se segmenta entre segunda mano y antiguo que tiene conceptos patrimoniales, de conservación y coleccionismo, separándose del lector que busca un libro más barato o descatalogado. En ambos casos hay una función de conservación patrimonial. En el de de antiguo, de cosas menos frecuentes, y en el de segunda mano, de libros baratos, descatalogados, de editoriales que han desaparecido.
Ch.A.: ¿Qué es lo más valioso que habéis encontrado?
M.A.C.: Más que valioso, curioso. Cantorales manuscritos de vitela, no de papel. Una carta de Hernando de Colón, hijo de Cristóbal Colón, documentos sobre historia salmantina… y lo que aparecerá.
Ch.A.: Me fascina que compréis bibliotecas enteras, ya sea por herencias…
M.A.C.: ¡Ya casi más por mudanzas se hacen los expurgos y nos llaman! Los vaciados te permiten acceder a libros que no hemos visto nunca y, también, entrar en la trayectoria vital de una persona viendo su biblioteca. Hay quien tuvo una etapa muy roja o muy loca por la poesía, o cambia de inquietudes… Por eso, con los clientes que nos venden, a veces, se genera una cercanía mágica. Enseñar una biblioteca es enseñar quién eres, es un desnudarse de alguna manera. Y nosotros siempre nos encontramos algo, no tanto valioso, pero sí curioso.
Ch.A.: Es fascinante cómo construimos una biblioteca.
M.A.C.: La idea de biblioteca que ha durado hasta los años 80 o 90 es burguesa y pasa a una clase trabajadora que entiende el valor de haber accedido a los libros y a la posibilidad de leerlos, empieza a reivindicar como propia la construcción de esa biblioteca. Sigue siendo la tecnología humana con mayor aceptación, de hecho, la gente viene y nos dice que tiene libros pero que no puede tirarlos, es un sacrilegio. Hay un sentido de la biblioteca como disfrute o meramente técnica, y no una ilustrada más global.
Carmen Borrego: ¿Ahora seguimos haciendo bibliotecas?
M.A.C.: Sabemos que hay gente lectora, joven, pero no sabemos qué pasará con los menores de 25 años. Yo tengo un miedo: la universalización de la lectura y el libro ha permitido un acceso general a la cultura, pero creo que se va a producir una especie de segregación de clases porque, a través del acceso a la lectura, habrá un sector de la población que seguirá disfrutando de ella y otro no, y eso es terrible. Vamos a ser dependientes de una pequeña casta. Nos estamos metiendo en un tinglado complicado con cosas como las redes sociales o la IA. Antes había un equilibrio, los que leían, o leían menos, o más… ahora hay chicos de 20 años lectores infatigables y gente que no es capaz de interpretar un texto.
Ch.A.: Sois, en esta ciudad culta y letrada, muchas librerías anticuarias. ¿Os lleváis bien?
M.A.C.: Queremos visibilizar que el ecosistema que ha habido en la ciudad en los últimos años es único. Por número de habitantes, es extraño que esta ciudad, pese a ser universitaria, tenga esta cantidad de librerías anticuarias, en la ciudad y la provincia, con un nivel muy alto. Y otra cosa, hay una cercanía física tremenda. Nos llevamos bien y eso no es frecuente entre gremios.
Ch.A.: El mercado del libro viejo está muy vivo y muy en internet. Y en Salamanca tenemos que defender esta riqueza.
M.A.C.: Nosotros trabajamos con internet porque no nos queda otra, pero la apuesta de La Nave es la librería física. Apostamos porque la gente venga a la tienda porque si no, la tienda se muere. Y andamos en eso, en defenderla, a veces se nos olvida que las librerías de segunda mano cumplimos muchas funciones: evitamos que se talen los árboles, abaratamos libros y participamos de eso que está tan de moda que es la economía circular. Tenemos la función de mantener un patrimonio y facilitamos el acceso a ese patrimonio escrito a los lectores porque pueden encontrarlo a precios más asequibles.
C.B.: ¿Aquí la gente entra, pregunta o mira por su cuenta?
M.A.C.: Por lo general, la gente pregunta por libros o por temáticas. Procuramos que la tienda esté lo suficientemente ordenada, asequible, para que sea fácil moverse y buscar. La gente pregunta curiosa por el libro antiguo. Uno no puede ir a una biblioteca de fondo antiguo sin ser un investigador o acceder a un documento del siglo XV. Nosotros acercamos eso, pueden, hasta los niños, tocar pergaminos. Tenemos una función pedagógica que defendemos. Hay que parar de estar con el ordenador y charlar, echar el rato… La gente lo toca todo con un cuidado… Les decimos que lo tenemos amaestrado, que no muerde. Ya la palabra anticuaria te echa para atrás, parece que es de gente muy seria que usa corbata, que todo vale muchísimo, que no te dejarán entrar…. La idea es mantener la puerta abierta, incluso en invierno, dejar que vengas a mirar lo que quieras o a preguntarnos.
Ch.A.: Es un placer entrar, buscar, llevarte algo que te sale al encuentro…
M.A.C.: Desde que se abrió, La Nave se ha concebido como un espacio amable donde todos aprendemos. Nosotros, a base de años, hemos ido cogiendo oficio, pero siempre aprendemos de quienes vienen a pedirnos u ofrecernos libros, porque son auténticos expertos. Además, aquí se celebran actividades como conferencias, conciertos, presentaciones.
Ch.A.: Y ahora sois el espacio en el que se defiende la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Salamanca.
M.A.C.: Las librerías tenemos un sentido político, apostamos por un mundo que fomente la racionabilidad. El texto escrito nos permite reflexionar, nos sirve de espejo. Ese sentido político es transversal a las manifestaciones ideológicas y defendemos que las librerías y también la Feria del Libro Antiguo tienen esa función social. La Feria debe darse en un espacio central que es la Plaza y seguir teniendo la calidad y duración que tiene. No se trata solo de una actividad económica o solo para el que ama los libros, sino para el conjunto de la sociedad. Por eso pedimos que la Feria sea viable para que los compañeros de muy alto nivel concreten sus fechas y vengan.
Ch.A.: También es comprensible que haya una queja por disponer de la Plaza Mayor un cierto tiempo con todo el aparataje de la Feria.
M.A.C.: Es comprensible que haya gente que piense que las casetas afean la Plaza, pero no queremos convertir esto en una polémica entre dos gremios. Entendemos que todo es compatible. En Salamanca y en otros lugares hay que buscar un turismo de calidad que venga, se quede, vuelva. Por ese modelo se tiene que apostar y no por el cortoplacista que encarece los precios de los pisos, esa masificación que todos sabemos que no revierte. Estamos sosteniendo, todos, un modelo de turismo que no beneficia a la ciudad. España es muy hermosa, hay que dar motivos al turismo para que se quede unos días, coma, disfrute de la ciudad, tenga motivos para volver… y para eso sirve una Feria del Libro o buenos conciertos que permitan un turismo de calidad. Apostar por un modelo de masificación es un error. Vendemos desde hace un montón de años la piedra de Villamayor y una supuesta sabiduría ancestral que nació en el siglo XVI. Vienes, ves y dices, qué bonita. Entre espacios como librerías, restaurantes, hoteles, si tratamos bien al turista, hay una cooperación invisible. Si lo único que ofreces es hostelería, no funciona.
Ch.A.: ¿Acortar la duración de la Feria es una solución intermedia?
M.A.C.: No funcionaría. Los de aquí salvaríamos la Feria como fuese, pero los que vienen de fuera, que son los que hacen que la Feria sea grande, no vienen si les tienes nueve días pagando hotel, transporte, caseta… no sacas, puedes tener pérdidas. Hemos tardado treinta años en montar una Feria prestigiosa y, además, organizada magníficamente por el Servicio de Bibliotecas del Ayuntamiento con un nivel altísimo, donde coinciden libreros de alto nivel. Alguien podía decir que defender a los de fuera no es defender a Salamanca, pero es un beneficio que gente que te está haciendo el Salón del Libro de Paris o Nueva York se vengan a una ciudad pequeñaja a poner un stand. No hay parangón con otras Ferias, ni de Castilla y León, ni de España.
C.B.: Por suerte, la respuesta de la gente está siendo muy positiva hacia esta Feria.
M.A.C.: No apoyar la Feria pone también en peligro a las librerías de Salamanca. Somos un gremio pequeño, pero los grandes, sin gremios como el nuestro, no brillan igual. Se está generando un debate falso que no es así, no se trata de izquierdas o de derechas, tenemos clientes y amigos de izquierdas y de derechas que entienden que esto es un valor y lo explican desde su sensibilidad. Desde una perspectiva liberal y mercantilista, a una Feria se le puede sacar partido como escaparate de una ciudad culta que atrae a gente de un perfil diferente que vuelve a la ciudad.
Ch.A.: Hay en vosotros una forma antigua de hacer negocio, con calor humano, con amor al libro. Hay que defenderos. Por cierto ¿Cómo os lleváis con las librerías de nuevo?
M.A.C.: La gente de viejo somos muy cooperativos, muy militantes. Es verdad que hay negocio y que nos lo curramos mucho, pero también que le damos importancia a otras cosas. Nosotros en la Nave no vamos a otras Ferias, usamos internet de forma secundaria, nos importa la gente, que la gente entre, se interese. Y con las librerías de nuevo nos llevamos bien, nos une el libro y vivir de esto. Y hay una retroalimentación, bajaría la compra de libros nuevos si no diéramos salida a otros. Nosotros filtramos los libros, algunos tienen un recorrido intenso y breve por las modas, y otros, pasan diez años y siguen interesando al lector. El buen trabajo de las librerías de segunda mano es la confirmación del buen trabajo que han hecho en las de nuevo.