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España y yo somos así
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COLES DE BRUSELAS, 138

España y yo somos así

Publicado 07/08/2026 13:31

Esta columna será, probablemente, repetida de otras anteriores o muy parecida; los columnistas, ya se sabe…. Y a ello súmese que cuando paso mi mes veraniego en las tierras que me vieron nacer y crecer escribo una columna que antes titulaba “Constataciones veraniegas” y que ahora he cambiado el título porque se repiten todas esas constataciones y no son veraniegas, sino de las cuatro estaciones, aunque en verano tengo más tiempo para anotarlas.

Hoy (por el día que escribo) se cumplen cincuenta años de la muerte de Cecilia, la que cantaba esa “Mi querida España” que yo canturreo constantemente y escribo todavía más. Y hoy, cerrando maletas, recapitulo las semanas de verano en las que dejo de ser expatriada siendo tan española como esos chicos que meten goles y nos han hecho campeones del mundo de fútbol; una alegría que borra muchas miserias, calla muchas bocas y nos convierte en un país de gente amable y disfrutona sin importar a qué estatuto de autonomía perteneces; lástima que no ocurra más a menudo. A España le sienta muy bien ganar un Mundial y a los españoles, incluso a los que lo son desde hace poco tiempo, también.

Sube la temperatura como sube el petróleo; como no subía hace veinte años aunque muchos se empeñen en negarlo; como tampoco se quemaba el monte como se quema ahora, que se ha llevado por delante los lugares de mis campamentos de la infancia, donde yo jugaba a ser Robinson Crusoe y me lavaba la cara cada tres o cuatro días. Esos montes donde ahora crecen como setas unas urbanizaciones ocupadas por los exiliados climáticos de Madrid, que ven el fuego llegar y siguen pendientes de la reunión por videoconferencia sin hacer caso de las advertencias de los sufridos bomberos, a quienes cada verano les deberíamos triplicar el sueldo.

Las autovías por las que he hecho más de dos mil kilómetros tienen unos baches capaces de alojar una familia de mapaches, pero me cuido de comentarlo a mis amigos y parientes porque acto seguido me sueltan un discurso de hora y media sobre una tal Jéssica y el ministro que la tenía a sueldo; que sí que está muy mal, pero que a esas gentes se las quita uno de en medio a golpe de voto y a los que piensan que los españoles primero y no todos, a esos, es más difícil sacárselos de encima.

Ya no existen las cañas de cerveza servidas en un vaso de caña de cerveza que, para mí que no soy gran bebedora, era la medida justa. Ahora nos tenemos que apurar un tercio o una copa inmensa equivalente a un tercio que, a los lentos de beber y parlanchines (me acuso), nos cuesta terminar y se nos calienta a mitad de consumición. Y un paréntesis humorístico, visto en un bar de mi tierra: “el baño es de uso exclusivo para los que paguen la consumación”. Consumir y consumar son dos verbos diferentes, pero buena gana de meterse en explicaciones gramaticales.

En el capítulo de novedades asombrosas, veo que la obsesión por la lactosa y el gluten va en aumento y que ya hasta churros y perrunillas tienen que publicitarse advirtiendo que no tienen ni lo uno ni lo otro, sin contar todo lo que llevan dentro que los hace talmente apetecibles y que es una bomba de calorías y colesterol; pero eso, a los Talibanes del gluten, poco les importa.

Y para terminar este recorrido breve por la España de mis entretelas, veo con pena que los contenedores para el papel, donde claramente pone “papel” en el exterior y son de determinado color, se llenan sistemáticamente de bolsas de basura a pesar de que al lado hay otro contenedor donde pone “basura” o de botellas cuando hay un tercer contenedor con la palabra “vidrio” escrita en letras bien grandes. Los del informe PISA se obsesionan con el nivel de lectura de nuestros escolares, pero yo me instalaría al lado de los contenedores y le preguntaría al que arroja la bolsa si ha leído bien lo que pone donde va a tirarla y caso de no entenderlo, que lo escriba cien veces en una hoja o que se vuelva con la basura a su casa.

Y como dijo uno de los personajes teatrales de Eduardo Marquina: España y yo somos así (“En Flandes se ha puesto el sol” 1909) y hay poca esperanza de mejora, salvo cuando cada dieciséis años ganamos un Mundial; pero el efecto se nos pasa rápido.

Concha Torres

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