Contemplamos desde cierta distancia los sucesos de Ceuta y Melilla, comprobando como los relatos varían en función de ideologías y necesidades diplomáticas. Aunque la prudencia invita a tener cuidado con los “vídeos” que sobre el asunto circulan por internet, voy a atreverme a comentar algunos que me han impactado, suponiéndoles hechos de buena fe. Están al alcance de cualquiera en la plataforma YouTube.
Sobrecogen las imágenes del acarreo y descarga de seres humanos en remolques de camión como si de patatas se tratara, en zona marroquí, al parecer filmados poco antes de la entrada masiva en España, con la presencia de individuos uniformados vigilando las operaciones, ilustrando perfectamente lo que el sentido común puede señalar: que lo sucedido en Ceuta no ha sido un espontáneo salto de migrantes en busca de un mundo mejor, sino una maniobra orquestada desde el poder, en una de las monarquías más autoritarias de este planeta, con Mohamed VI a la cabeza, viviendo en una opulencia insultante, mientras muchos de sus súbditos se ven impelidos a emigrar, para sortear las dificultades económicas provocadas por la extrema desigualdad reinante en su nación. La primavera árabe no llegó al reino alauí, protegido por Estados Unidos e Israel. Prueba de esto último es la declaración del representante ante la ONU del estado sionista, reclamando para Marruecos los “enclaves coloniales” españoles en el norte de África, precisamente el mismo día del asalto.
La tercera pata de este banco es esa mole con tupé amarillo, que con arrogancia decide el destino de Estados Unidos por razones electorales y del resto del mundo por la fuerza bruta. En un reciente documento oficial del régimen de Washington liderado por Trump, se declara que las ciudades españolas de Ceuta y Melilla están en territorio marroquí y por tanto es justa la reivindicación de Marruecos sobre ellas.
Reclamaciones con poco fundamento, que llegan a otorgar a estos emplazamientos la categoría de colonias. Ciertamente son una peculiaridad geográfica e histórica, pero Ceuta y Melilla están vinculadas a España mucho antes de la creación del Reino de Marruecos. Actualmente los únicos territorios colonizados en esta región son aquellos que pertenecen al pueblo saharaui y que, precisamente, el gobierno de Mohamed VI mantiene bajo un férreo control.
Interesante también el momento en el que una ciudadana marroquí increpa a un Feijóo enmudecido. Curiosamente le chilla en inglés, condenando el maltrato al que se está sometiendo a “su gente”, los magrebíes que vagan por Ceuta sin agua ni alimentos. Si quería dirigirse al líder del PP, debiera haberlo hecho en castellano o galego electoral, para intentar que el hombre entendiera algo. Pero al usar el idioma del actual imperio global, aumenta exponencialmente la posibilidad de que se trate de una empleada de Mohamed, actuando en una especie de anuncio publicitario, destinado a la propaganda internacional. Si Feijóo no fuera de corcho, habría tenido la oportunidad de responder y dejar en evidencia que los únicos responsables son quienes han azuzado a esas personas humildes a estar ahí, sin tan siquiera proveerles de botellas con agua o cualquier otro avituallamiento para una “excursión” organizada o tolerada por las autoridades de Marruecos.
Algunos “patriotas” ha llegado a denunciar como traición la supuesta pasividad de las fuerzas policiales españolas -escasísimas- que custodiaban la frontera. Ante una avalancha humana semejante ¿qué otra cosa podrían haber hecho? Con su actuación ponderada, no obstaculizando el paso, se evitó que se produjeran más muertes entre una muchedumbre alentada para avanzar fuese como fuese. De haberse formado algún tapón, podríamos estar hablando ahora de cientos o miles de fallecidos.
Otra escena deplorable, vinculada con estos acontecimientos, está rodada en Madrid. Muestra a un grupo de políticos, ex políticos, periodistas y otros personajes públicos, acudiendo a la embajada del Reino de Marruecos para celebrar la Fiesta del Trono (aniversario de la entronización de Mohamed VI), en la misma jornada de la “violación de la integridad territorial de España”, según palabras del propio presidente Pedro Sánchez. Si bien luego acusó a las mafias y no a Marruecos -tal vez por razones diplomáticas-, parece poco creíble que la movilización en tierras marroquíes de 50,000 personas pueda realizarse sin al menos la complacencia, por no decir complicidad, de las fuerzas del orden del país vecino. Y mientras esto no se aclare, con más razón el día de autos, la presencia de españoles festejando en esa legación no parece muy prudente.
Los ciudadanos de Ceuta han tenido que encerrarse en sus casas con temor a salir a unas calles convertidas en dormitorio y retrete improvisado para decenas de miles de visitantes inesperados, desesperados y hambrientos. Los negocios sin abrir. Unos dentro con miedo. Los otros fuera sin nada. ¿Cuántos ceutíes habrán perdido la fe en la seguridad de su ciudad y estén valorando la posibilidad de emigrar? ¿Puede ser este el propósito de todo esto? ¿O una medida de presión por nuestro reciente acercamiento hacia Argelia, enemiga de Marruecos? ¿O tan solo una movilización promovida por las redes sociales?
Pienso en los habitantes de Ceuta y Melilla que han vivido horas de angustia en sus queridas y milenarias ciudades. Y por supuesto en el pueblo marroquí, cuyos 90 muertos le avalan como víctima inconsciente de una manipulación, venga de donde venga, ocurrida en su país, bajo un régimen político impropio de nuestro tiempo.
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