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Una iglesia, un escenario y unas horas para hacerlo posible en Sanchón de la Sagrada
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REPRESENTACIÓN TEATRAL

Una iglesia, un escenario y unas horas para hacerlo posible en Sanchón de la Sagrada

Publicado 04/08/2026 09:39

La iglesia de San Miguel de Sanchón de la Sagrada, en la Diócesis de Ciudad Rodrigo, acogió una nueva representación de “Juan, el espíritu del amor”, dentro de la gira promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca con motivo del Año Jubilar de San Juan de la Cruz

Cuando el público ocupa los bancos de una iglesia y las primeras notas musicales comienzan a sonar, todo parece sencillo. La iluminación envuelve el templo, el sonido llega con claridad, los instrumentos esperan afinados y los actores y actrices aparecen en escena como si aquel escenario hubiera existido siempre. Sin embargo, detrás de esa aparente naturalidad hay horas de trabajo que rara vez reciben un aplauso.

La iglesia de San Miguel de Sanchón de la Sagrada, en la Diócesis de Ciudad Rodrigo, acogió una nueva representación de “Juan, el espíritu del amor”, dentro de la gira promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca con motivo del Año Jubilar de San Juan de la Cruz. La función contó con la colaboración del Ayuntamiento, la Parroquia y la Diócesis, acercando una producción profesional a una localidad de menos de cincuenta habitantes.

Cada representación comienza mucho antes de que llegue el primer espectador. El furgón se detiene frente al templo y, en pocas horas, el equipo transforma un espacio histórico en un escenario perfectamente equipado. Tarimas, focos, cableado, sonido, instrumentos, vestuario y elementos escénicos encuentran su lugar respetando siempre la arquitectura y el carácter del edificio.

No existen dos iglesias iguales. Cada una plantea desafíos diferentes: accesos estrechos, desniveles, distintas acústicas o necesidades de iluminación específicas. Esa capacidad de adaptación forma parte de un trabajo tan técnico como artesanal, donde la experiencia y la improvisación caminan de la mano.

Cuando finalmente se apagan las luces y el público rompe en una larga ovación, el espectáculo parece haber terminado. Pero para el equipo comienza otra representación silenciosa: desmontar con el mismo cuidado cada foco, cada cable y cada instrumento para emprender el viaje hacia el siguiente pueblo.

Quizá el verdadero milagro de esta gira no sea únicamente recorrer decenas de iglesias. El verdadero milagro consiste en conseguir que, cada tarde, un templo diferente se convierta en un teatro sin perder ni un ápice de su identidad. Esa es la obra que nunca aparece en el programa de mano, pero sin la cual ninguna de las demás sería posible.