La ausencia del relieve de piedra arenisca en la esquina noreste de la Plaza Mayor de Salamanca cumple nueve años este verano. Este espacio vacío, que albergó la efigie del dictador durante ochenta años, continúa siendo un símbolo de debate sobre la memoria histórica y la conservación del patrimonio monumental de la ciudad.
En junio de 2017, un laborioso trabajo de cantería puso fin a ochenta años de presencia ininterrumpida del busto de Francisco Franco en el ágora salmantina. La retirada cumplió con la Ley de Memoria Histórica tras años de intensos litigios judiciales y debates políticos.
El sillar de piedra de Villamayor, con un peso aproximado de media tonelada, fue extraído del Pabellón Real, donde compartía espacio con los antiguos reyes de España. Desde entonces, la pieza permanece custodiada en los almacenes del centro de arte contemporáneo DA2.
Casi una década después, el hueco liso dejado en la piedra arenisca funciona como una cicatriz en el tejido urbano. Para unos representa un acto de justicia democrática, mientras que para otros evoca la pérdida de un elemento testigo de la historia local en un monumento declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO.
El origen del medallón de Francisco Franco en la Plaza Mayor de Salamanca se remonta al 28 de septiembre de 1936, cuando la Junta de Defensa Nacional nombró a Franco Jefe del Estado en la salmantina Finca de San Fernando. Al día siguiente, el Ayuntamiento acordó esculpir un busto en su honor en la Plaza Mayor.
La inauguración oficial tuvo lugar el 1 de octubre de 1937, coincidiendo con el primer aniversario de su nombramiento. Bajo una intensa lluvia, las autoridades civiles y militares celebraron un desfile tras los discursos pronunciados desde el balcón del Ayuntamiento de Salamanca.
El diseño del grabado se atribuye al escultor segoviano Aniceto Marinas, mientras que la ejecución en piedra corrió a cargo de Moisés Huerta. La efigie se ubicó en la esquina noreste, paso natural hacia la calle Toro, rebautizada entonces como Calle del Generalísimo.
Con la llegada de la democracia, el medallón se transformó en el blanco de numerosas protestas. El exalcalde socialista Jesús Málaga Guerrero relató en su libro Relatos y sucedidos para pasear Salamanca que, cada noviembre desde los años ochenta, la efigie amanecía pintada de rojo en memoria de las víctimas.
Los incidentes se repitieron durante décadas, registrándose ataques con los colores de la bandera republicana o de color rosa durante celebraciones del colectivo LGTBIQ+. El ataque más grave incluyó la colocación de tres grandes clavos sobre el rostro esculpido.
Para frenar el deterioro y los costes de restauración, el Consistorio optó inicialmente por cubrir la pieza cada 20 de noviembre. Posteriormente, se instaló una vitrina protectora que blindaba el relieve pero mantenía visible la polémica figura.
La aprobación de la Ley de Memoria Histórica en 2007 abrió el camino para su eliminación. Sin embargo, los alcaldes populares Julián Lanzarote y Alfonso Fernández Mañueco evitaron tomar la decisión inicial, argumentando que la plaza era un Bien de Interés Cultural (BIC) exento de la norma.
La oposición municipal presentó hasta cuatro mociones de retirada que fueron rechazadas. La situación cambió cuando el abogado y exdirigente de Izquierda Unida, Gorka Esparza, llevó el caso a los tribunales en el año 2014.
En 2016, el Juzgado Contencioso Administrativo número 1 de Salamanca ordenó la retirada. La sentencia se apoyó en un informe de la Comisión de Patrimonio de la Junta de Castilla y León, que determinó que el medallón carecía de valores artísticos singulares debido a sus constantes restauraciones.
Los trabajos de retirada comenzaron a las 7:00 horas de la mañana bajo estrictas medidas de seguridad y cubiertos por una lona. Los canteros limpiaron las juntas y, utilizando una sierra tradicional, liberaron el sillar sin dañar la estructura barroca de Alberto Churriguera, levantada entre 1729 y 1756.
A las 13:30 horas, una grúa retiró la pieza de media tonelada. Al extraer el bloque, los técnicos descubrieron dos inscripciones ocultas en la parte trasera: "fexe yn pietra artista Moisés Huerta" y "Franco Caudillo de España XVIII Jvlio MCMXXXVI", confirmando definitivamente su autoría.
El destino final del medallón sigue siendo el almacén del Domus Artium 2002 (DA2), donde permanece custodiado. Nueve años después, el debate sigue vivo entre quienes ven un espacio limpio de simbología dictatorial y quienes observan una cicatriz histórica sin resolver.
La trayectoria de esta pieza escultórica estuvo marcada por fechas clave que definieron su auge y caída: