El equipo técnico del Teatro Liceo de Salamanca, coordinado por Raúl Moro, aprovecha los meses de verano para realizar un exhaustivo mantenimiento de sus instalaciones. Los trabajos incluyen la revisión de sistemas de iluminación y sonido, así como el pintado del escenario de madera, para garantizar el perfecto funcionamiento del espacio de cara a la temporada que arranca en septiembre.
El silencio reina temporalmente en el patio de butacas del Teatro Liceo, el auténtico corazón cultural de Salamanca y el espacio más activo de la ciudad. Tras una intensa temporada de representaciones, conciertos y encuentros, el edificio afronta sus semanas de inactividad de cara al público con un ajetreo invisible pero constante tras el telón. Es el periodo de descanso del teatro, pero no de sus trabajadores.
En medio de este escenario en pausa, aprovechando un breve descanso de sus tareas de mantenimiento, el responsable técnico del teatro, Raúl Moro, nos atiende en el patio de butacas para detallar la actividad que se acomete estos meses. Al frente de un grupo de profesionales que funciona de forma conjunta y con la precisión de un reloj, Raúl coordina unas labores que aseguran la supervivencia técnica de este emblemático edificio.
"Ya desde finales de junio, que empieza a apretar el calor, nuestra actividad dentro del teatro baja bastante", explica el responsable técnico, señalando que este parón es vital porque el calendario del curso es implacable. Desde septiembre hasta diciembre la actividad es continua y no permite realizar paradas para reparaciones complejas.
La dirección técnica del Teatro Liceo está integrada por dos personas de la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura, a las que se suma un grupo habitual de maquinistas y técnicos de sonido e iluminación procedentes de empresas externas. Esta alianza profesional ha consolidado un grupo humano muy compenetrado a lo largo de los años que trabaja de forma conjunta en cada tarea.
"Al final somos una familia que estamos aquí todos los días batallando", asegura Raúl Moro al describir la estrecha relación de un equipo que conoce al detalle cada rincón y necesidad del teatro. La confianza mutua resulta clave para afrontar un volumen de trabajo que exige una coordinación absoluta durante los dos meses de parón veraniego.
El trabajo de este grupo de profesionales se centra en una revisión minuciosa y profunda de todos los sistemas del teatro. "Aprovechamos estos dos meses para arreglar todo lo que no nos da tiempo a arreglar durante el curso y para hacerle una puesta a punto de limpieza de todo", detalla Raúl. Las actuaciones principales se dividen en varias áreas muy específicas y laboriosas.
En el área de iluminación, los técnicos desmontan los focos uno a uno para limpiar las lentes, cambiar las lámparas necesarias, sustituir tornillos defectuosos y engrasar las piezas móviles. Por su parte, los equipos de sonido se desmontan por completo para proceder a su limpieza interna y verificación.
Asimismo, las labores se extienden a los elementos textiles y estructurales, con una limpieza profunda desde el peine y las galerías superiores hasta la parte inferior. Los telones, patas y bambalinas se desmontan, se aspiran, se doblan y se reparan en caso de presentar daños.

El suelo del escenario es, sin duda, el elemento que soporta un mayor desgaste físico debido al montaje de las escenografías y la necesidad de clavar estructuras sobre él. "El escenario tiene un trote que es brutal", reconoce Raúl, quien destaca que, a pesar de ese inevitable "maltrato" por las exigencias de las obras, se le trata con mucho mimo por parte de todo el equipo.
Para evitar su deterioro, la superficie de madera se somete a un proceso de pintado dos veces al año: una durante este parón de verano y otra habitualmente en el mes de enero. Este mantenimiento preventivo resulta indispensable para que la estructura resista el sufrimiento diario de las producciones que acoge el Liceo.
La dedicación de este equipo humano no pasa desapercibida para las compañías artísticas que visitan Salamanca. La gran mayoría de los grupos que actúan en el Liceo suelen felicitar a los técnicos por su profesionalidad y por el excelente estado de conservación de las instalaciones. "Llevamos muchos años aquí y a muchos los conocemos ya de varias ocasiones", comenta Raúl con orgullo. Para el responsable técnico, la clave para mantener el nivel de exigencia año tras año reside en la vocación por el oficio y en el amor por el espacio en el que trabajan.
"Llevamos el teatro dentro y, aparte del teatro, cualquier actividad que se haga aquí, siempre damos todo lo que podemos y un poquito más", concluye, advirtiendo de que, sin esa ilusión compartida por todo el grupo de trabajo, un oficio tan minucioso e invisible acabaría convirtiéndose en "una losa" para el equipo.

FOTOS: David Sañudo