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Señales físicas y de conducta para descubrir si un menor sufre acoso durante las vacaciones
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Señales físicas y de conducta para descubrir si un menor sufre acoso durante las vacaciones

Publicado 23/07/2026 13:31

La Asociación de Castilla y León contra el Bullying y el Acoso Escolar (ASCBYC) detalla las señales físicas y conductuales para detectar el acoso escolar en verano

El cese de las clases presenciales no interrumpe el sufrimiento de los menores que padecen acoso, un problema que ahora se traslada a las plataformas digitales. La asociación salmantina ASCBYC insiste en que la observación directa en el entorno familiar es la herramienta más eficaz para detectar el maltrato de forma precoz.

La presidenta del colectivo, Carmen Guillén, advierte de que el comportamiento de los hijos en casa ofrece pistas fundamentales. Aunque muchas conductas se confunden con procesos propios de la edad, existen variaciones drásticas en las rutinas que deben encender las alarmas de los progenitores.

La entidad, que acumula diez años de trayectoria en la lucha contra esta lacra, recuerda que el acoso escolar presenta unas características muy definidas. Identificar estos indicios a tiempo permite iniciar una intervención psicológica y social antes del inicio del nuevo curso académico.

¿Cuáles son las principales señales de alerta en el hogar?

Los cambios en el estado de ánimo y en la forma de relacionarse con el entorno son los primeros indicadores de sospecha. Según detalla la presidenta de ASCBYC, las familias deben prestar especial atención a los siguientes comportamientos:

  • Aislamiento social y una marcada tendencia a apartarse de la familia y de los amigos.
  • Aparición de una tristeza constante y episodios de llanto sin una causa aparente que los justifique.
  • Somatizaciones físicas, como dolores de cabeza o de estómago, que suelen manifestarse cuando la situación ya se ha prolongado en el tiempo.
  • Cambios bruscos en las rutinas y costumbres diarias del menor, incluyendo alteraciones en el sueño o la alimentación.
  • Agresiones físicas visibles o conductas extrañas que no corresponden a su edad o madurez.
  • Pérdida, sustracción o rotura de material escolar, objetos personales y prendas de ropa.
  • Una caída brusca de las notas académicas durante el curso, que puede arrastrarse como un indicador de malestar.
  • Desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia o la bulimia, en los escenarios de mayor gravedad.
  • Actitud de evasión generalizada, cuando el menor simplemente desaparece y no quiere saber nada del mundo exterior.

¿Cómo deben actuar los padres ante estas sospechas?

La comunicación fluida y la empatía son los pilares fundamentales para abordar la situación. Guillén hace un llamamiento directo a la implicación activa de los progenitores para que pregunten abiertamente a sus hijos ante cualquier sospecha de sufrimiento.

"Padres, sabéis más o menos si vuestro hijo se levanta bien, si se levanta mal o triste, si se aísla, si cambia de rutinas o simplemente desaparece", explica la experta. La presidenta de la asociación recalca la importancia de no normalizar estas conductas y buscar apoyo profesional de inmediato.