Los herederos de Luis Huebra nos descubren a un adelantado a su época en la Salamanca de principios de siglo.
Cuando Luis Huebra (1855-1922) heredó el comercio de su familia en la calle San Pablo, nadie imaginaba que lo convertiría no solo en un más aún floreciente negocio, sino en un espacio de modernidad en la atrasada sociedad salmantina. Todo un empeño que recuerda la muestra “Luis Huebra, Gabinete de curiosidades” que podemos visitar en el espacio de la Filmoteca de Castilla y León y que recuerda los viajes de nuestro personaje a las grandes Exposiciones Universales donde cerraría los tratos de importación de los nuevos descubrimientos entre los que se encontraba todo lo necesario para los fotógrafos de la época.
Luis Huebra no solo siguió ofreciendo a Salamanca los objetos necesarios para las casas de la época que fueron el germen del negocio familiar. Apasionado por la modernidad y fotógrafo él mismo, su aportación a los adelantos técnicos convirtió su tienda en un Gabinete de Curiosidades para mostrar las novedades exclusivas que sus descendientes han sabido proteger y que ahora nos muestran. Muebles delicados de bambú, un biombo oriental, el gramófono, las cámaras y los artilugios del nuevo arte… Huebra convierte la tienda de su padre, especializada en muebles, artículos de ferretería y quincalla, en un lugar de encuentro de los adelantados a su tiempo. Hasta el propio edificio, diseñado por el arquitecto José Secall y Asión en 1871 es una muestra de esa modernidad que solo podían pagar unos pocos y que se codeaba con los Lis, los Luna, los Mirat, los cercanos Cordón… hombres que hicieron el siglo XX a través de sus negocios y de sus aportaciones. El “Gran Almacén de Novedades” de Huebra donde se unían los compradores de lo más elemental para la vida cotidiana y los más adinerados que se veían en la recién creada “Sociedad de Recreo” que, en 1861 derivaría en el Casino de Salamanca, se convirtió en el reino particular de un adelantado a su época a quien el historiador Conrad Kent dedicó un libro indispensable. El catálogo de su tienda, expuesto en esta muestra, es buena prueba de su inquietud y arrojo comercial.
Los retratos de la época, las placas de Gombau y las del propio Huebra, fotógrafo él mismo además de vendedor de cámaras, nos devuelven a un dandy cosmopolita atildado y elegante, viajero infatigable en su mocedad que mantenía una nutrida correspondencia con sus proveedores europeos y de ultramar. Documentos que guardan sus nietos cuidadosamente, memoria de una ciudad comercial que bullía en torno a la Plaza Mayor y que respondía a los nuevos gustos de la modernidad. Huebra
era un visionario capaz de llenar su tienda de cajas de perfume, muebles de bambú, diseños audaces, propuestas tan peregrinas como llevar la luz eléctrica al Casino o transmitir su gusto art déco a los clientes a los que vendía papel pintado. El suyo era un afán de progreso y belleza en tiempos en los que la sociedad despertaba poco a poco de un atraso secular. Los hombres que hicieron el siglo -Vicente Maculet, Pérez Moneo, Casimiro Mirat, Bomatí, Carlos Luna o Miguel de Lis- tenían en Salamanca ese afán de aires nuevos, de ecos de otras lenguas, de luz más allá de la lámpara de aceite y el candil de carburo. La luz con la que se escribe la incipiente historia de la fotografía salmantina, una fotografía que se convierte también en una forma de relatar esa misma intrahistoria a la manera unamuniana en forma de retrato de familia ¿Y cómo no empezar por los suyos?
Las fotografías familiares nos devuelven el rostro de la señorita bejarana de buena familia, María Sánchez Rodríguez, que se casó con Luis Huebra y que siempre estuvo vinculada a su villa industriosa. La fotografía de la galería luminosa y llena de plantas de su familia política es una de las más reconocidas de ese Luis Huebra enamorado de Paris del que abominaba su esposa tras el viaje de bodas. Una esposa que es la inspiración para construir la última planta del edificio a la manera de las galerías bejaranas. Una galería en la que se retrata el fotógrafo, a un lado de la imagen, mostrando la estancia por la que no ha pasado el tiempo. Sus bisnietos la guardan con reverencia en este espacio que forma parte de la historia salmantina, la tienda que ahora cierra sus puertas y que custodia un legado documental comercial impresionante. En su galería de aire bejarano, Huebra recibe a sus amigos, trabaja con la perspectiva de los espejos y asiste al desarrollo de una ciudad que poco a poco, se adentra en los nuevos tiempos. Tiempos en los que los pudientes construyen sus chalecitos a las afueras de la ciudad, donde compra un terreno para levantar “Villa Teresa”, su proyecto de negocio de venta de semillas y flores que constituye también un adelanto en la ciudad salmantina.
Una Salamanca a la que fotografía en sus últimos años este comerciante aventurero, promotor de la modernidad. Cada vez más desligado de la tienda, que manejarán sus hijas con pericia, Luis Huebra se dedica a la fotografía, a la novedad de la linterna mágica. Su recuerdo es, no solo muestra temporal en la Filmoteca, sino fondo expositivo que nos recuerda la magia de la escritura con luz. Visitar el Gabinete de Curiosidades de Huebra, generosamente cedido por la familia que ahora cierra la tienda más antigua de Salamanca, es tener la oportunidad de recorrer de nuevo este museo particular en la Casa de las Viejas donde se asienta nuestra Filmoteca regional. Visitar sus patios, su apasionante colección que nos recuerda a Martín Patino, es un paseo siempre recomendable. Y una forma de honrar la memoria de los que, como Luis Huebra, despertaron a una Salamanca laboriosa, campesina, sumida en el sueño del pasado. Se hizo la luz con su curiosidad y su valentía, y París acabó en los catálogos de una tienda salmantina deslumbrada por la novedad, por la modernidad… una luz
que tiene mucho también de inquietud bejarana por los adelantos en la producción fabril. La luz de un horizonte venturoso al que miran los emprendedores de chaqué y sombrero de copa, aquellos que se retrataron a sí mismos con los artilugios de futuro. Comercio y modernidad. Historia viva contada a través del legado sabiamente creado y custodiado por los hermanos Huebra. Un legado que merece reconocimiento y agradecimiento.