El autor de origen zamorano sitúa en Salamanca una novela de fuerte carga psicológica.
Nos gusta leer esa ficción contemporánea que se sitúa en nuestra ciudad. Recorrer con los personajes calles conocidas, locales del corazón, rincones consabidos. Roberto García Palmero, buen conocedor de esa Salamanca en la que vive y trabajo desde siempre, ambienta su primera novela en esta ciudad pequeña en la que su protagonista intenta salir de la tragedia a través de una relación que nunca se hubiera imaginado.
Apasionado melómano –el papel de la música en la obra es absoluta y acompaña el desarrollo de la acción y es protagónico-, García Palmero, observador de la vida, cuyo trabajo le ha enseñado a conocer muy bien al otro, atento a momentos complejos de nuestra vida cotidiana, se embarca en esta primera novela en una historia inusual en la que descubrimos otros muchos temas transversales que atraviesan los hilos fundamentales del amor, la pasión, la fuerza de un destino que se sobrepone a la tragedia. El autor se atreve a analizar el papel del dinero, del tema inmobiliario –muy acertada su visión, propia de un experto en la materia- y de una vida, la de aquellos que ya tienen una edad en la que aparecen la soledad, la aceptación de la propia vida y hasta una forma de enfrentarse a ella diferente, como en el caso de Vanessa, uno de los personajes secundarios más sorprendentes.
“Vidas curvas”, el excelente título que ha elegido el autor para esta novela muy bien editada por Posidonia, narra la historia de Marta, una mujer exitosa, felizmente casada que se enfrenta al accidente de su marido y a ese “páramo de sus propios miedos” en el que cobra protagonismo su cuñado, un hombre atípico, solitario, refugiado en esa literatura que para él es libertad y brújula. Sometidos ambos a la tragedia, el devenir psicológico de sus soledades compartidas ocupan una novela en ocasiones desgarradora que nos muestra abiertamente el dilema moral al que se enfrentan Marta y José ante la enfermedad de Javier, un triángulo que el autor ofrece al lector para que tome partido, insistiendo en esos asfixiantes lazos de la ciudad pequeña o la fidelidad a los padres mayores y entregados. El desenlace puede o no satisfacernos, pero es una buena prueba de la pericia del autor: ¿Qué habríamos hecho nosotros, lectores, frente a esta situación al límite de lo soportable?
Tiene García Palmero hechuras de buen narrador, quizás un exceso cuidado por mostrar un discurso en ocasiones complejo que merecería la sencillez de lo obvio. El análisis espléndido de la psicología de los protagonistas nos hace recorrer la ciudad pequeña a través de las idas y venidas de una atípica historia de amor desgarrada y crudelísima a la hora de mostrarse con sus miserias y sus entregas. Meditada durante años, en los embates de la vida cotidiana, escrita durante otros tres de entrega feliz, “Vidas curvas” es, sobre todo, un anuncio feliz para el lector que busca nuevos nombres de una narrativa que merece atención y reconocimiento. El anuncio de un narrador de fuste que promete historias bien contadas, con pulso firme, con hondura psicológica, con fuerza, con apasionamiento, con sorpresa final y con esa voluntad de vida que siempre, pase lo que pase, se impone a la enfermedad, la adversidad y hasta a la muerte.

Charo Alonso.