José Manuel, un chapista salmantino de 68 años, mantiene en perfecto estado de funcionamiento una colección de siete vehículos históricos y una motocicleta clásica restaurados por él mismo. Estas joyas sobre ruedas, que incluyen modelos emblemáticos como el Seat 600 y el Renault 4L, forman parte de su rutina diaria por las calles de Salamanca. A pesar de recibir numerosas ofertas de compra, el artesano se niega a vender su legado familiar, fruto de más de cinco décadas de oficio.
El chapista salmantino José Manuel recorre a diario las calles de Salamanca a los mandos de su colección de siete vehículos históricos y una motocicleta clásica restaurados por él mismo. A sus 68 años, este artesano del motor mantiene en perfecto estado de funcionamiento estas joyas sobre ruedas como una forma de dar continuidad a su oficio de toda la vida y compartir su pasión con los vecinos de la ciudad.
La trayectoria de este apasionado de la mecánica comenzó a una edad muy temprana, lejos de las tierras charras. Con apenas 13 años, José Manuel se inició en el oficio en Madrid, ciudad donde descubrió una vocación que le ha acompañado de forma ininterrumpida durante más de cinco décadas de duro trabajo.
A lo largo de su vida profesional como chapista y pintor, ha dedicado incontables horas a devolver el esplendor original a carrocerías desgastadas por el tiempo. Aunque realiza las tareas de mecánica más imprescindibles para el mantenimiento de sus propios coches, su verdadera especialidad y orgullo radica en el moldeado y recuperación de la chapa.
Lejos de mantener estas piezas ocultas bajo lonas en un garaje cerrado como simples objetos de exposición, José Manuel las ha integrado plenamente en su rutina diaria. Todos los modelos de su colección se encuentran en pleno rendimiento y listos para rodar por la ciudad en cualquier momento.

El inicio de este particular museo sobre ruedas se produjo de manera fortuita hace bastantes años, a raíz de un percance vial. Un familiar de su suegra sufrió un accidente con un Seat 600 E blanco; José Manuel se encargó de gestionar la indemnización correspondiente con la compañía de seguros y, en agradecimiento, el propietario decidió regalarle el automóvil dañado.
A esta primera pieza, que supuso el punto de partida de su andadura como coleccionista, se sumó posteriormente un Renault 4L. Este segundo vehículo fue un obsequio de un tío de su esposa, una pieza cargada de valor sentimental que el artesano conserva actualmente como oro en paño debido a su excelente estado de conservación.
A partir de ese instante, la colección comenzó a crecer de forma progresiva. Lo que empezó como una afición se convirtió en una búsqueda de oportunidades, adquiriendo nuevos modelos por puro capricho personal y aprovechando las facilidades que el destino ponía en su camino.
La colección actual custodiada por José Manuel está integrada por siete vehículos y una motocicleta de época, cada uno con su propia identidad y estado de conservación:

La restauración del Seat 600 D verde de 1965 supuso un verdadero reto para la pericia profesional de José Manuel. Tras adquirirlo en el año 2005 atraído por la belleza de su matrícula, el artesano descubrió que el coche había sido objeto de una reparación anterior muy deficiente.
Los antiguos propietarios habían rellenado los bajos de las puertas con periódicos y masilla para disimular el deterioro. Fiel a su rigor y ética profesional, José Manuel eliminó todos esos materiales provisionales y reconstruyó la estructura utilizando únicamente chapa de metal, garantizando la durabilidad del vehículo.
"Yo lo hago todo con chapa", explica con orgullo el artesano al recordar las horas invertidas en su taller doméstico. Esta filosofía de trabajo, basada en el esfuerzo y el respeto a los materiales originales, es la que diferencia sus restauraciones de los trabajos comerciales rápidos.
A diferencia de otros coleccionistas que restringen el uso de sus vehículos, José Manuel rota sus coches de manera constante para evitar que se estropeen por la inactividad. Todos los vehículos están asegurados y en funcionamiento, y solo el Seat 600 E blanco se encuentra temporalmente sin la Inspección Técnica de Vehículos (ITV), trámite que pasará tras sus vacaciones.
Además de su uso cotidiano para hacer recados, estos clásicos participan activamente en concentraciones de la provincia. Entre ellas destaca una reciente cita en Alba de Tormes y la histórica reunión en la Plaza Mayor de Salamanca, que congregó a 482 Seat 600 y de la cual conserva un emotivo recuerdo fotográfico.
La Lambretta roja y plateada también tiene su propia historia de carretera. Tras desmontarla por completo, reparar un pequeño bollo en el depósito y decorarla con tonos plateados con la ayuda de un familiar, José Manuel la utiliza para pasear durante las mañanas por la zona de las huertas salmantinas, disfrutando de la conducción tranquila.

El paso de estos coches por el casco histórico de Salamanca no deja indiferente a nadie. Recientemente, junto a la Casa de las Conchas, una joven pareja se detuvo a admirar el vehículo verde de 61 años de antigüedad. A pesar de recibir constantes ofertas de compra por parte de aficionados que se cruzan en su camino, José Manuel mantiene su decisión de no vender ninguna de sus piezas. En una ocasión en la que valoró la posibilidad de deshacerse del modelo más antiguo para reducir el trabajo de mantenimiento, la intervención de su esposa fue decisiva.
A sus 68 años, José Manuel descarta ampliar la colección debido al coste económico y al esfuerzo que requiere mantener al día tantos vehículos históricos. Sin embargo, al mirar la fotografía de cuando empezó a trabajar con 13 años en Madrid que cuelga en una de las paredes de su garaje, concluye con una gran sonrisa: "Yo con los coches disfruto como un enano".

FOTOS: David Sañudo