Jueves, 23 de julio de 2026
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Miguel de Unamuno y José Suárez
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El horizonte en la flecha

Miguel de Unamuno y José Suárez

Foto del autor Carlos Sá Mayoral
Carlos Sá Mayoral
Publicado 20/07/2026 11:48

Quiere ser esta columna un homenaje permanente a dos hombres cuyos destinos fueron marcados por un mismo suceso histórico, cuyo nefasto aniversario se cumplió el pasado sábado 18 de julio.

Uno es Miguel de Unamuno, al que podemos ver en la ilustración sentado en los Altos de la Flecha, frente a un horizonte que le invitaba a observar y reflexionar. Había posado momentos antes con su amigo Casto Prieto.

El pensamiento de Unamuno no ha dejado nunca de guiar a quien ha querido seguirle. Fue ejemplo de fidelidad: a sus principios, a su familia y especialmente a su esposa (pese lo que pretenden algunos por afán de lucro).

Si bien cometió la imprudencia de creer que el golpe militar de aquel 18 de julio de 1936 iba a enderezar lo que él entendía como torceduras, pronto se dio cuenta del error. Se redimió ante la historia al denunciar publicamente las atrocidades de los golpistas tres meses después, el 12 de octubre. Como consecuencia, fue expulsado del Ayuntamiento y de la Universidad. Padeció vigilancia desde aquel día por orden del "jefe del Estado" Francisco Franco. Y acabó siendo asesinado del 31 de diciembre de ese mismo año. De este modo creyeron sus enemigos haberle callado para siempre, pero su voz sigue resonando incluso en nuestro tiempo.

El otro protagonista es el autor de la instantánea, José Suárez, amigo de don Miguel y que dejó un importante libro titulado Cincuenta fotos de Salamanca, que comienza con unas palabras de Unamuno, recorre la ciudad con estupendas fotografías y finaliza la obra con imágenes de grupos de figurillas de papel hechas por don Miguel, en una cortísima edición de 120 ejemplares publicada en 1932. Suárez seguramente salvó la vida por poder exiliarse al principio de la contienda. Tuvo que comenzar de nuevo y lejos de sus orígenes su carrera profesional, consiguiendo grandes relacciones en el mundo cultural. Regresó a España en 1959. La falta del debido reconocimiento a su trabajo y las dificultades económicas le llevaron a una depresión que hizo que se rindiera en 1974. La nota encontrada en uno de sus bolsillos el día de su óbito estaba a la altura de su inmensa humanidad. Tras pedir en ella disculpas por las molestias que pudiera causar su fallecimiento y suplicando ser enterrado con humildad en la población donde muriera, termina diciendo:

"Como hace tiempo que hice de la muerte mi mejor amiga, estoy seguro de encontrarme con ella sin amargura. En cualquier lugar del mundo"

Unamuno y Suárez contemplaron juntos el horizonte en la flecha. Nunca podré estar a su altura, pero trataré al menos de guardar su memoria con dignidad.

Carlos Sá

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