El siglo XX fue el periodo más sangriento para el cristianismo a lo largo de la historia. Se estima que asesinaron a cerca de 29 millones de personas, superando las cifras de los diecinueve siglos anteriores juntos. La persecución estuvo impulsada principalmente por regímenes totalitarios de ideologías de izquierdas y ateas radicales.
La violencia se desató en frentes como:
Guerra de la Vendée es la denominación historiográfica de la rebelión que derivó en una guerra civil que enfrentó a los partidarios de la Revolución francesa y a los contrarrevolucionarios. Se desarrolló en la región francesa de Vendée entre 1793 y 1796 Sirviendo de patrón a las demás contiendas.
La Unión Soviética y el Bloque del Este: Tras la revolución bolchevique, el Estado soviético impulsó un ateísmo militante que resultó con el martirio de más de 220.000 sacerdotes y religiosos, y millones de fieles. La represión se extendió a países satélites, buscando la erradicación de la Iglesia católica y el control absoluto de la sociedad.
La Guerra Civil Española (1936-1939): España sufrió una represión anticlerical fortísima por parte del Frente Nacional, miles de clérigos y laicos fueron asesinados destruyendo patrimonio histórico y religioso no recuperado en el siglo XXI.
El Imperio Otomano: Durante la Primera Guerra Mundial, se cometieron genocidios (destruir total o parcialmente a un grupo, étnico, racial o religioso). contra las poblaciones cristianas armenias, asirias y griegas, lo que diezmó gravemente la presencia histórica de estas comunidades en Oriente Medio. Asia y otras regiones:
La expansión del comunismo en China y Vietnam, así como el régimen de los Jemeres Rojos en Camboya, supusieron una dura represión para las comunidades cristianas locales.
Es necesario hablar de la Cristiada, tema que ni los mismos mejicanos conocen. Decretado no hablar de ella en 50 años. Se cumple el centenario y debe ser conocida la crueldad cometida contra gentes que solo defendían poder practicar la religión católica.
La Cristiada
Conocida como la Guerra Cristera, fue un conflicto armado y una intensa guerra civil en México que duró tres años (1926-1929).
Enfrentó al gobierno del presidente Plutarco Elías Calles con milicias de campesinos y ciudadanos católicos (los cristeros) que se levantaron en armas para defender su libertad religiosa.
En enero de 1927 comenzó el alzamiento civil y días después apareció un referéndum que, a partir de aquel momento, no les dejó más remedio que la guerra.
Debido a las severas restricciones impuestas por la Ley Calles, legislación que buscaba aplicar estrictamente los artículos de la Constitución de 1917, limitando la influencia y el poder de la Iglesia Católica.
¿Cómo se formó el ejército cristero? Se compuso básicamente por peones y aparceros rurales, dirigidos por algunos veteranos revolucionarios, como Francisco Villa, Emiliano Zapata. Participaron también sacerdotes.
La mayoría de los miembros se encontraban debajo de un nivel de ingresos, tanto los de las ciudades como los del campo, una educación muy pobre. Así pues, aquellos provenientes del campo constituían aliados civiles, mientras que los de la ciudad se encargaban de la organización, la propaganda y el aprovisionamiento. A pesar de las limitaciones en material de guerra, los cristeros utilizaban guadañas, rastrillos etc.; pasaron de ser la partida anárquica del ejército constituido, a derrotar a las tropas federales.
Si bien algunos ricos hacendados se unieron a la lucha (como Jesús Quintero, José Guadalupe Gómez, Manuel Moreno, Salvador Aguirre, Luis Ibarra y Pedro Quintanar) en las regiones de Zacatecas, los Altos de Jalisco, Michoacán, Durango y Guanajuato. La hacendados fueron la excepción.
La participación de las mujeres fue de gran importancia dentro del ejército cristero. Además de ser las primeras guerrilleras y las más entusiastas a la hora del conflicto, se destacan más de 25 000 de las llamadas Brigadas Femeninas, dedicadas a apoyar en la rebelión al grito de ¡Viva Juana de Arco!
¿Qué fue la Ley de Calles? Una modificación al Código Penal en 1926 por el presidente Plutarco Elías Calles, para limitar las manifestaciones religiosas con el fin de contar con instrumentos precisos para ejercer los controles que la Constitución de 1917 estableció en el artículo 130 como parte del modelo de sujeción de la Iglesia al Estado. Estos instrumentos buscaban limitar o suprimir la participación de las iglesias en la vida pública, pero dadas algunas características de la legislación, en algunos estados se llegaron a establecer leyes que obligaban a que los ministros de culto fueran personas casadas; se prohibía la actividad política por parte de las iglesias, limitar el culto religioso, derribar templos y prohibir el uso de hábitos fuera de los recintos religiosos.
Los jefes cristeros
Hasta unos 200, todos ellos con grado que iba desde el base hasta el de general. La manera en que tomaban el puesto consistía en ser elegidos o reconocidos por los soldados para posteriormente ser confirmados por las autoridades superiores. Los primeros jefes fueron los que tomaban la iniciativa del movimiento en su región. Predominaba la democracia, por lo que si la mayoría estaba descontenta con el jefe, obligaban a este a renunciar para volver a las filas de base o marcharse.
Los más destacados: Enrique Gorostieta Velarde, militar profesional de carrera contratado para organizar y liderar el Ejército Cristero. Fue el principal estratega del movimiento hasta su muerte en junio de 1929. Victoriano Ramírez «El Catorce»: Famoso líder guerrillero de la región de Los Altos de Jalisco. Conocido por su valentía y tácticas de guerra de guerrillas, se convirtió en una leyenda popular entre los combatientes. Pedro Quintanar: Destacado jefe militar en el estado de Zacatecas, conocido por sus exitosas incursiones contra las fuerzas federales. Padre Aristeo Pedroza: Sacerdote católico que actuó como líder militar y espiritual, organizando tropas en la zona de Jalisco. Jesús Degollado Guízar: Conocido como el «general en jefe» hacia el final del conflicto, lideró divisiones importantes en Jalisco y más tarde se encargó de la pacificación y el resguardo de los registros del movimiento. René Capistrán Garza: Líder juvenil católico y uno de los principales organizadores civiles y financieros que inició el levantamiento armado.
Las negociaciones
Al llegar a la presidencia de la >República Emilio Portes Gil, comenzó una larga negociación, en la que participó como mediador el embajador estadounidense Dwight Morrow. Por su parte, la Santa Sede designó al todavía obispo de Tabasco, Pascual Díaz Barreto, como secretario del Comité Episcopal, nombrándolo intermediario oficial para solucionar el conflicto Iglesia—Estado. Junto con el delegado apostólico Leopoldo Ruíz se entrevistaron con el presidente, Emilio Portes Gil, para llegar a un acuerdo el 21 de junio de 1929.
Se logró un acuerdo de amnistía general para todos los levantados en armas que quisieran rendirse. Se acordó devolver las casas curales y episcopales, y evitar confrontaciones en lo sucesivo. Sin embargo, para ese entonces existía una profunda división en el seno de la Iglesia mejicana; la fractura afectaba desde la cúpula episcopal hasta los laicos. Entre los obispos, la mayoría estaba a favor de un acuerdo con el gobierno, pero había otros opuestos. El más decidido de los obispos en contra del acuerdo fue monseñor Leopoldo Lara y Torres. En el otro extremo, para que se lograra un acuerdo con el gobierno, se encontraban los obispos de la Ciudad de México, José Mora y del Río y Pascual Díaz Barreto.
Periódicos pertenecientes a la prensa cristera, se ven obligados a entrar al cauce oficial. Tal es el caso de Excélsior de 1929, que se opuso abiertamente a la política gubernamental en materia religiosa. Ante los ojos de Calles, Rodrigo de Llano, director desde 1924, resultó responsable del cierre del diario por la política editorial, en 1929, con fondos del gobierno federal y a nombre del empresario Federico. De Lachica, adquirió el periódico y puso fin a las protestas contra los Acuerdos de 1929 firmados por Portes Gil y el obispo Pascual Díaz.
Uno de los movimientos más importantes fue el ocurrido en Valparaíso, cuando en la noche del 14 de agosto de 1926 apareció don Pedro Quintanar (personaje de gran importancia en toda la lucha cristera) y puso en marcha el levantamiento que Aurelio Acevedo y sus amigos tenían preparado desde el primero de agosto. Comenzando así la primera lucha cristera.
Los alzamientos siguieron en Zacatecas, Guanajuato y Michoacán; luego se sumó casi la totalidad del centro del país. El conflicto tuvo un carácter fundamentalmente rural, aunque la dirección de la Liga fue eminentemente urbana. Los cálculos más optimistas consideran que hacia 1927 las fuerzas cristeras rondaban los 12000 efectivos; dos años después, en 1929, habían alcanzado los 20000. A diferencia de otros grupos armados en la historia de México, no utilizaron la «leva» (práctica por la que se obliga a sumarse a un ejército).
Torturas aplicadas a los cristeros:
Los testimonios históricos y los procesos de canonización de los mártires cristeros documentan la crueldad ejercida en los interrogatorios: Desollamiento de las plantas de los pies: Se cortaba o levantaba la piel de los pies de los prisioneros y luego se les obligaba a caminar descalzos sobre piedras ardientes o sal. Colgamiento por los pulgares o extremidades: Las víctimas eran suspendidas del techo por largos periodos, provocando la dislocación de hombros y articulaciones. Uso de sopletes, hogueras y objetos de metal al rojo vivo aplicados sobre zonas sensibles del cuerpo. Mutilaciones en vivo: Amputación de dedos, orejas o castración antes de proceder a la ejecución. Arrastramiento por caballos: Los prisioneros eran atados de pies o manos a jinetes y arrastrados por caminos empedrados. Torturas de asfixia y fluidos y estrangulaciones controladas.
En los desollamientos era muy valorada la piel de hombre, por su resistencia, para fabricar pantalones y zapatos; por el contrario, la de la mujer era muy fina y delicada, siendo desechada por su fragilidad.
La Cristiada (1926-1929) concluyó con los «Arreglos» de paz de junio de 1929 entre el gobierno mexicano y el clero. Se logró un modus vivendi que permitió reabrir los templos, aunque el Estado mantuvo sus leyes laicas y muchos combatientes sufrieron represalias.
Costo humano: Se estima que el conflicto armado dejó alrededor de 250000 muertos, además de una gran oleada de refugiados. Se centralizó la relación política entre ambos bandos y el gobierno pospuso la aplicación estricta de las reformas anticlericales, manteniendo una tensa paz. La resistencia campesina impulsó ideologías políticas posteriores, sirviendo de base para organizaciones como el movimiento sinarquista en los años 30 y 40.
« El tiempo de los mártires no ha terminado» Ojalá este centenario sirva para rendir homenaje a quienes dieron su vida por la fe en Cristo y que la intolerancia sea el fin de las confrontaciones.
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