¡Da igual quién gane! ¡Porque lo que el fútbol no podrá cambiar son los profundos lazos que unen a españoles y argentinos! No es una declaración política… ¡No! Es una realidad sociológica que tiene historia.
Los que nacimos del “otro lado del charco” y somos españoles por adopción, es lógico que no renegamos jamás de nuestros orígenes, pero tampoco podemos no destacar los años en los que hemos hecho carrera y nos hemos desarrollado plenamente en nuestra querida “Madre Patria”.
Al que le parezca que es un término un poco en desuso, es que no conoce cómo es la relación de todos los países iberoamericanos con su “Madre Patria España”. Que por pura propaganda política siempre hay algún político o incluso, mandatario como es la presidenta de México Claudia Sheinbaum, que ha mantenido la exigencia oficial para que España pida disculpas por los abusos y atrocidades cometidas durante la conquista de América. Pero esta discusión la dejo para otro día, porque lo que hoy nos exigen las circunstancias es resaltar todo lo que nos une, entre Iberoamérica y España, y hoy domingo 19 día de la gran final del “Campeonato Mundial de Fútbol” es que independientemente del resultado, lo que hemos ganado entre argentinos y españoles, es haber llegado a la final, ser las dos selecciones más poderosas y para más INRI, sentirnos como pueblos hermanos. Esto se lleva en la sangre y no en proclamas políticas.
Cuatro cosas que nos unen a españoles y argentinos
En cuanto a nuestra lengua común, la Real Academia Española establece que puedes usar la palabra "castellano" o "español" indistintamente para referirte tanto en España como en las naciones de Iberoamérica. Si bien parece algo obvio, no por ello deja de ser uno de los instrumentos más poderosos para el entendimiento y convivencia entre los pueblos. En el día a día, vemos como nos gusta ver películas que son coproducciones españolas-argentinas con artistas de ambas naciones, lo mismo que nos sucede con la música y la literatura.
Los lazos migratorios de finales del siglo XIX y comienzos del XX hace que nuestras familias estén entrelazadas, porque en aquella época, entre 1857 y 1955, más de 2 millones de españoles emigraron a Argentina buscando un futuro mejor. Pero el tiempo, así como las crisis económicas de Argentina fundamentalmente derivadas de malos gobiernos, hizo que se invirtiera el flujo migratorio y por miles los argentinos venían a buscar también un futuro mejor en la “vieja Madre Patria”.
O sea, que además de la lengua y los lazos migratorios, tenemos una tercera y una cuarta cosas en común: el fútbol y nuestra forma de vida. El primero, ya no es solo un deporte, sino pasa a ser una cuestión sociológica de identidad nacional; la idiosincrasia, esa manera de ser del argentino y el español, cada uno con su acento característico, valoramos las relaciones sociales, la importancia de la familia, y muy especialmente, el culto a la amistad.
El partido de hoy es un trámite… nada más
En el terreno de juego ambas selecciones se dejarán la piel, no concederán ninguna de ellas alguna ventaja, ni siquiera un metro, a su oponente. Pero, al final del partido, independientemente de cuál de los capitanes tenga el honor de alzar la copa, la victoria seguirá siendo de ambas, una campeona y otra subcampeona, y nos abrazaremos como hermanos.
Y como solía decir mi abuela con su refranero español, “para muestra basta un botón”. Transcurrían muy pocos días desde que había puesto pie en el aeropuerto de Barjas, y estaba buscando un piso para alquilar e intentar iniciar mis actividades profesionales en Madrid. Me encontraba alojado temporalmente en un hostal de la Gran Vía y fue al entonces Banco Exterior de España a retirar una transferencia que me tenían que hacer desde la sucursal en Buenos Aires, pero por diferencia horaria, no estaba acreditada a la hora que fui a retirarla.
Pero para mi sorpresa, cuando fui a una cafetería-restaurante de una de las calles laterales de Gran Vía, el propietario que ya me conocía de días anteriores, observó mi exceso de prudencia en mi elección de lo que iba a consumir, y me preguntó: “Qué tal…cómo va el día”. Y de manera inocente, le comenté el trastorno que había tenido más que todo por la diferencia horaria (cinco horas más en España que en Argentina) y que, por ello, tenía que esperar a la mañana siguiente para seguir viendo pisos y otras cuestiones que debía realizar. Entonces, cuando fui a abonar mi consumo me dijo: “mire Ud…. yo soy gallego y he estado trabajando 17 años en Buenos Aires. Por tanto, estoy agradecido a su país y aquí venga las veces que quiera y no se preocupe por el pago. Me lo abonará otro día”. Se me puso un nudo en la garganta, le di las gracias y cuando fui al día siguiente a pagarle me dijo que, de ninguna manera, que la casa invitaba. Que a él le habían ayudado a salir adelante “unos porteños” que jamás olvidará y que no podía por consciencia cobrarme.
Esta historia real demuestra el profundo sentimiento que existe entre argentinos y españoles, más allá de políticos y discursos vacíos, porque lo que en definitiva mueve el mundo somos las personas comunes.
El partido de hoy es una prueba deportiva, y en ella se determinará quién es “el mejor”, al menos, al que también se le haya dado con más suerte en acertar en la portería contraria. Pero una vez finalizado, solo perdurarán en el tiempo aquellas historias entrecruzadas como la que acabo de relatar, que bien merecen una “copa de campeonato” a la amistad entrañable entre pueblos hermanos.
El partido es lo de menos. La victoria nos debe dar igual. Porque ambas selecciones ya han ganado. Porque ambos países ya han disfrutado. Porque argentinos y españoles seguiremos manifestando el mismo cariño, el mismo reconocimiento y respeto los unos hacia los otros. Y esto no lo puede cambiar ni un partido, ni un político… ni nadie. Este es el gran activo que nos une.
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