En él nos acercamos a la biografía íntima de la autora salmantina, y a su obra. Hay textos magníficos de José Teruel, por supuesto, pero prima la imagen.
Para quien lo desconozca, nuestra Ediciones Universidad de Salamanca gana premios recibe aplausos en todos los foros y ha sido, desde el magisterio de Sánchez Paso y de sus actuales responsables, sinónimo de calidad y de rigor. Características que se unen ahora a la originalidad ¿Cómo no premiar a una edición de libro que se acompaña de una deliciosa caja de lata? Y a la cercanía. Y es esa cercanía la que tiene que llegar al lector no académico que quizás cree que se trata de libros caros, no es el caso en ocasiones, o de temas tan complejos que no están al alcance de los simples mortales, y tampoco.
Quizás el ejemplo más hermoso y reciente sea el catálogo de la exhaustiva exposición sobre nuestra salmantina Carmen Martín Gaite que se realizó hasta hace bien poco en la Biblioteca Nacional bajo el título “Carmen Martín Gaite (1925-2025)”. La celebración del centenario de la autora nos ha dado un año Gaite de gran intensidad y reconocimiento, el año en el que le hemos dedicado una Feria del Libro a su persona y recibido la fantástica biografía escrita por José Teruel, quien también firma los textos de este maravilloso libro-catálogo. Un año en el que hemos perdido la oportunidad, pero desde aquí se lo reiteramos al Ayuntamiento de Salamanca, para que apruebe el hecho de que la autora tenga un medallón en esa Plaza suya que hizo de todos. Porque si Carmen Martín Gaite es estatua, calle, colegio, instituto, biblioteca, premio, paseo para escolares, también necesita ese homenaje junto a su querido Miguel de Unamuno en el lugar que tanto recorrió de niña y de joven. Esa Plaza Mayor suya.
Los años de las efemérides nos dejan con ganas de más. Y este libro-catálogo, tan magníficamente editado, nos consuela. En él, de páginas intensamente azules, nos acercamos a la biografía íntima de la autora salmantina, y a su obra. Hay textos magníficos de José Teruel, por supuesto, pero prima la imagen. Las fotografías familiares de Ansede, no en vano Carmen y Ana María eran hijas del notario de la Plaza de los Bandos, y la primera fotografía es de una niña de dos años. Los retratos eran un lujo de gente privilegiada y nos asomamos a los Martín y a los Gaite, a la casa familiar, a los títulos de la biblioteca, a los cuadernos de la niña aplicada ahí en su cuarto de atrás. Cómo lo guardaba todo el notario y su lectora esposa, cómo se salvaron de las mudanzas los dibujos y trabajos de una niña hacendosa que llegó a la universidad, se retrató con sus amigos, hizo teatro, publicó poesía en las revistas de la época y dejó Salamanca para vivir en el Madrid que le depararía toda una generación, la de los 50.
La fantástica calidad de la reproducción de las fotografías y los documentos que obran en el legado ahora perteneciente a la ciudad, emociona al lector de este libro. Como nos emociona ver a la recién casada, a la madre que perdió a su hermoso niño de meses, a la joven autora de relatos que, pronto, se asoma a la novela. Como se asoma a la soledad, al trabajo duro de historiadora, a la relación simbiótica con su hija, la que le regaló su primer “Cuaderno de todo”. Años de cambios, de publicaciones, de premios, años de relación con los escritores, de duro trabajo, y también, de la pena más grande. Emociona ver a Martín Gaite con su hija Marta, emociona verla sola, posando para esos fotógrafos a los que siempre se enfrentó con una sonrisa de diva, con gracia, con originalidad. Porque los últimos años de la autora, “la edad de merecer”, fueron de su personaje: una Miss Mady original, disfrutona, reina de la Feria del Libro de Madrid, colorida, dispuesta a viajar a Estados Unidos a dar magníficas conferencias. Laboriosa y constante, Carmen Martín Gaite fue diagnosticada de un cáncer que trataron de ocultarle, y lo último que pidió en el hospital, ya muy grave, fueron sus cuadernos para tratar de seguir trabajando en su última novela.
Traductora, crítica literaria, historiadora, poeta, cantante, amiga de sus amigos, narradora, estudiosa… nuestra autora es, ciertamente un paradigma inabarcable. Y observamos sus cartas, sus cuadernos, su recado de escribir, su modernidad, y a la vez, su reconocimiento del legado. Es muy hermoso que la edición de este libro contenga un marcapáginas que es la pluma Parker, anterior a la guerra, que le regalara su padre a la escritora, quien le cosió de su mano una funda bordada en petit point. Un detalle hermoso y delicado, como si en vez de una editorial universitaria, estuviéramos hablando de algo íntimo, cuidado, bellísimo. Un detalle que define este hermoso libro con el que homenajear a esta hija de la ciudad, a la autora que no debe pasar desapercibida tras los fastos del centenario. Una autora que merece mucho más, por lo pronto, acariciar este hermoso libro de Ediciones Universidad de Salamanca, la nuestra, de la que tenemos que sentirnos tan orgullosos.

Charo Alonso.