La ciudad de Salamanca consolida una red de 44 parques y espacios naturales que suman más de 2,9 millones de metros cuadrados de zonas verdes para mitigar las altas temperaturas estivales. Con más de 127.000 árboles, lo que equivale a más de un ejemplar por habitante, la capital salmantina ha sido reconocida internacionalmente por su gestión forestal sostenible.
El incremento de las temperaturas durante la época estival ha convertido la planificación urbana en una herramienta de salud pública de primer orden. En este escenario, Salamanca destaca por el desarrollo de sus islas de frescor, espacios diseñados para contrarrestar el efecto de acumulación térmica que sufren las superficies asfaltadas y edificadas del centro urbano.
Actualmente, las zonas verdes de gestión municipal suman más de 127.000 árboles y 55.000 arbustos, lo que representa un incremento aproximado del 45 % en comparación con el inicio del actual mandato. Esta masa forestal se distribuye a lo largo de más de 2,9 millones de metros cuadrados de parques, paseos y jardines públicos.
A esta extensión se añade la vegetación de la ribera del río Tormes, gestionada por la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD), el campus Miguel de Unamuno de la Universidad de Salamanca y los espacios ajardinados privados. El conjunto de estas áreas eleva la ratio media a más de un árbol por habitante, superando ampliamente las recomendaciones internacionales.
Las zonas verdes urbanas actúan como reguladores térmicos gracias a la sombra proyectada por las copas de los árboles y a la presencia de suelos drenantes. Estos elementos evitan que el pavimento absorba y retenga la radiación solar, un fenómeno conocido como isla de calor, que eleva las temperaturas nocturnas en el casco urbano.
La presencia de estos pulmones verdes genera un impacto directo en la salud de los ciudadanos. Al rebajar la temperatura ambiental, se reducen los riesgos de sufrir golpes de calor, deshidrataciones o insolaciones, especialmente entre la población vulnerable como niños y personas mayores.
Asimismo, la vegetación contribuye a la disminución de la contaminación atmosférica mediante la captación de partículas en suspensión y la absorción de dióxido de carbono, actuando como sumideros de carbono activos. De hecho, Salamanca figura como una de las ciudades europeas con mejor calidad del aire, según los registros de la Agencia Europea del Medio Ambiente.
Entre las especies seleccionadas figuran arces, castaños, acacias, alisos, madroños, abedules, cedros, avellanos, cipreses, membrillos, fresnos, nogales, almendros, cerezos, perales, sauces, alcornoques, encinas y robles. Esta variedad botánica persigue elevar la biodiversidad del ecosistema urbano y evitar el monocultivo, reduciendo el riesgo de propagación de plagas devastadoras como la grafiosis. Además, la introducción de especies con floración llamativa fomenta la proliferación de insectos polinizadores y fauna auxiliar benigna que combate de forma natural plagas como el pulgón.
La masa forestal también sirve de refugio y alimento para la avifauna local, atrayendo a especies como gorriones, mirlos y jilgueros. La variabilidad cromática estacional de estas hojas y flores aporta, además, un beneficio estético y psicológico que favorece el bienestar emocional de los transeúntes.
La distribución de los parques salmantinos permite crear un cinturón de protección térmica alrededor del patrimonio monumental. Dentro del límite que delimita el casco histórico se localizan espacios emblemáticos como el parque de San Francisco, el parque de Colón, la plaza de Anaya, el Huerto de Calixto y Melibea, el Jardín Botánico y el parque en la Vaguada de la Palma.
En las inmediaciones del centro histórico, la red de refugios climáticos se amplía con parques de gran extensión y concurrencia. Entre ellos destacan el parque de la Alamedilla, el parque de los Jesuitas, el parque Fluvial y el parque Elio Antonio de Nebrija, que facilitan la transición verde hacia los barrios residenciales.
Para facilitar la localización de estos refugios climáticos, se detalla a continuación la red completa de los 44 parques y espacios verdes de la ciudad, junto con sus equipamientos y características principales:
El compromiso de la capital salmantina con el desarrollo sostenible y la conservación de su patrimonio natural ha obtenido proyección exterior. La ciudad ha sido distinguida con el reconocimiento internacional 'Tree Cities of the World' en sus ediciones de 2024 y 2025, otorgado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Fundación Arbor Day, a través de la Asociación Arbocity en España.
Este galardón se suma al Premio Árbol concedido a Salamanca en el año 2022 por el Foro de las Ciudades de Madrid IFEMA, que valoró el fomento de los espacios naturales urbanos para favorecer la salud y el bienestar de los habitantes de manera sostenible.