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Doce años sin hogar en Salamanca: "No tengo familia, vivir en la calle es muy duro"
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TESTIMONIO

Doce años sin hogar en Salamanca: "No tengo familia, vivir en la calle es muy duro"

Publicado 07/07/2026 22:09

Antonio, usuario del Centro de Atención a Personas sin Hogar de Cruz Roja, relata la realidad de la supervivencia a la intemperie en la capital y su lucha diaria por recuperar una vida normalizada

El Centro de Atención a Personas sin Hogar de Cruz Roja en Salamanca sirve de asidero diario para quienes carecen de recursos y red familiar. Antonio, un abulense de 50 años que acumula más de una década pernoctando a la intemperie, relata las dificultades burocráticas y económicas para salir de la exclusión.

La vida en la calle constituye una realidad invisible para la mayoría, pero cotidiana para quienes lo han perdido todo. A sus 50 años, Antonio (nombre ficticio) afronta la dureza extrema de vivir sin un techo en la capital salmantina, una situación que se prolonga ya durante más de una década y que se ve agravada por la soledad absoluta.

Originario de un pueblo de la provincia de Ávila, este usuario del Centro de Atención a Personas sin Hogar de Cruz Roja arrastra una trayectoria marcada por la absence total de una red familiar que pueda sostenerlo. "No tengo familia", confiesa con resignación al describir un aislamiento que convierte su día a día en una constante batalla por la supervivencia.

Ante esta vulnerabilidad, los recursos de Cruz Roja Salamanca, cofinanciados por el Ayuntamiento y la Junta de Castilla y León, se han convertido en su principal apoyo. Antonio ha acudido a las instalaciones de la organización en diversas etapas de su vida para buscar una salida, habiendo regresado hace un mes tras sufrir un revés administrativo.

¿Cómo es la realidad de vivir 12 años en la calle?

La supervivencia diaria en la vía pública constituye una prueba de resistencia física y psicológica extrema para cualquier persona. "Llevo como 12 años viviendo en la calle", relata Antonio al echar la vista atrás y recordar el tiempo que lleva sin un hogar estable en la ciudad.

Al definir esta experiencia, no titubea y la califica como un proceso "duro, muy duro". Sin ingresos oficiales, su día a día depende directamente de la asistencia que recibe en el centro de Cruz Roja y de lo que consigue pedir en la vía pública para poder subsistir.

Respecto a la respuesta de la sociedad salmantina ante su situación, el abulense reconoce que "hay de todo" en cuanto a empatía y solidaridad. Mientras algunos ciudadanos muestran su apoyo directo, otros prefieren ignorar una realidad incómoda que la mayoría de la población prefiere no mirar de frente.

¿Por qué le denegaron el Ingreso Mínimo Vital?

La situación de Antonio se ha complicado notablemente durante el último mes debido a un obstáculo con la administración pública. El usuario solicitó el Ingreso Mínimo Vital (IMV) con la esperanza de obtener un sustento básico, pero la resolución final resultó desfavorable por un problema de notificación.

"Me lo denegaron porque no me lo comunicaron donde estaba antes", explica Antonio sobre el fallo administrativo. Al no disponer de un domicilio estable, la carta de resolución nunca llegó a sus manos, lo que le impidió alegar a tiempo y le obligó a solicitar una ayuda de emergencia en Cruz Roja.

Este tipo de trabas burocráticas evidencia cómo la falta de un padrón o una dirección postal física se convierte en una barrera invisible que cronifica la exclusión social, impidiendo a los colectivos más vulnerables acceder a las prestaciones públicas básicas.

¿Qué objetivos tiene para salir adelante?

A pesar de las dificultades acumuladas durante 12 años, Antonio mantiene claros sus objetivos para reinsertarse. Para él, el apoyo que recibe en el centro de Cruz Roja representa "una oportunidad para poder salir adelante" y recuperar la autonomía que la calle le ha arrebatado.

Sus prioridades a corto plazo son realistas y siguen un orden lógico. Lo primero que necesita es acceder a una habitación de alquiler para disponer de un espacio privado y seguro, para posteriormente buscar un empleo estable que le permita sufragar sus gastos de forma autónoma.

Sin embargo, el acceso a la vivienda presenta serias dificultades en la capital salmantina, donde los precios de los alquileres se encuentran disparados. Esta inflación del mercado inmobiliario se alza como un muro casi insalvable para quienes intentan abandonar la calle sin recursos previos.

¿Cómo es la convivencia en el centro de acogida?

En el Centro de Atención a Personas sin Hogar, Antonio comparte espacio con otros usuarios que atraviesan circunstancias similares. A pesar de la convivencia diaria, explica que no ha forjado amistades en el recurso, limitándose a mantener una relación de respeto mutuo con sus compañeros.

Antes de concluir su testimonio, Antonio quiere lanzar un mensaje a quienes se encuentran en su misma situación de vulnerabilidad para que conozcan la existencia de estos recursos en Salamanca. "Que sepan que aquí le puedes echar una mano, simplemente", concluye con sencillez.

Esa mano tendida por el equipo técnico y de voluntariado representa, para personas como Antonio, la única diferencia entre la desesperanza absoluta de la intemperie y la oportunidad real de empezar de nuevo desde cero.