El sábado participe en Ávila en un curso de formación del profesorado para profesores nuevos de los Escolapios.
Expliqué nuestro proyecto ecosocial de la Fundación Mil Caminos Santiago Uno y el modelo psicopedagógico. Pero lo realmente trascendente es la intervención con las menores. Escuchar cómo las jóvenes explican qué les ayuda y qué las hunde. Hablan con honestidad dónde se agarran para sobrevivir. Qué les ayuda a cambiar y qué y quiénes hacen que su vida merezca la pena.
Es curioso que profesoras y profesores de vocación escolapia no adivinen estas realidades. No imaginen lo que la escuela desecha, no supongan el talento que pierden y no perciban el daño que se les causa a alumnas de protección a la infancia que además fracasan en la escuela. Además hablan de escuela inclusiva y escuela cristiana. Pero diría lo mismo de la escuela pública donde el importante parece el maestro y no el alumno.
Compruebo que las personas son buenas. Cuando escuchan estas historias se conmueven y descubren y se plantean que detrás de un suspenso hay una historia de vida. Que no se debe deshumanizar la escuela. Los conocimientos están todos a disposición en la IA. El profesor más que nunca debe ser un rescatador de talentos, un enamorado de sus alumnos que vea lo positivo donde otros no lo verían.
Por eso los que tenemos el privilegio de compartir y acompañar estas historias tenemos la obligación de darlas a conocer. Hablar bien de nuestras chicas, hacer videos que pongan de manifiesto la realidad de una infancia y juventud desconocida y vilipendiada.
Nos obligan a encerrar la educación en tablas excel, nos vacilan con las nuevas leyes de educación, con la burocracia, con las justificaciones presupuestarias. Funcionarios que no dan valor a un niño que dice que un programa le ha cambiado la vida y sin embargo se creen estadísticas reflejadas en una tabla e inventadas.
Seguiremos haciendo campaña con los logros de nuestros alumnos desechados, los mejores. Estoy al lado cuando brillan y la escuela se los pierde, otra escuela es posible, la que sirve para la vida.
Nos embarcamos de nuevo el miércoles uno para reconstruir otra escuela en Marruecos. Con nuestras pequeñas gladiadoras, con nuestras graduadas en supervivencia que hicieron navegar los barcos de fuego. Las que se transforman en un juego de magia.
Lucharemos para mejorar las leyes, para que se las escuche y para que tengan la oportunidad de querer vivir, aunque no hayan tenido unos padres cuidadores.
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