Acaban de cumplirse diez años de la salida del Reino Unido de la Unidad Europea. Como cabía esperar y advertían la experiencia y el buen criterio ha sido una década de caminar hacia atrás en lugar de hacia delante. Ni siquiera puede hablarse de estabilidad política. Pero los británicos, embaucados por los cantos de sirena que nunca faltan, se acogieron a la falsa creencia de que el buey solo bien se lame y a lamerse solitos se lanzaron de cabeza. Y hoy, ante los derechos que ven perderse y las ventajas que no han dejado de ser promesas, la mayoría lo tienen claro: si tuvieran que volver a votar, Votarían que no al Brexit.
Donald Trump terminó el primer mandato en contra de su voluntad y dejando tras de sí hechos que los estadounidenses no deberían olvidar nunca. Volvió a presentarse a elecciones y con la promesa de segar todas las malas hierbas del mundo volvieron a darle las llaves de la Casa Blanca. Y ahí sigue el hombre del diablo, tan ocupado con sus guerras y persecución a los ciudadanos que no tiene tiempo ni de ir a la boda de su hijo.
El Miley de la motosierra prometió a los argentinos no dejar títere con cabeza con ella, y los argentinos, ¿en qué demonios estarían pensando?, en lugar de impedírselo, le dieron permiso para utilizarla a su gusto y ahí sigue, descabezando títeres, es decir: trabajadores, pensionistas, jóvenes, discapacitados etc., etc., etc.
Ante estos disparates que tanto miedo me dan por si a los españoles nos da por hacer lo mismo y que tal como anda el patio todo puede esperarse, unos días pienso que yo soy la lista y los demás los tontos y otros que soy la tonta y los demás los listos, y como estoy segura de que ni una cosa ni la otra es posible, me voy al rincón de pensar a ver si consigo saber si los ciudadanos tenemos lo que merecemos o si es quemerecemos lo que tenemos.
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