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VÍDEO | "Hay deportistas olímpicos y medallistas cuyas historias tras la retirada son muy tristes", afirma la campeona Dori Ruano
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VÍDEO | "Hay deportistas olímpicos y medallistas cuyas historias tras la retirada son muy tristes", afirma la campeona Dori Ruano

Publicado 18/06/2026 16:50

Hablamos con la campeona mundial de ciclismo en pista para repasar su trayectoria deportiva desde sus inicios en Villamayor hasta su papel actual como embajadora de la Vuelta femenina, además, analiza la persistente desigualdad de género en el deporte y reivindica mejores conexiones ferroviarias para Salamanca.

Dori Ruano (Villamayor, 1969) es una de las figuras más laureadas del deporte salmantino. Con un palmarés que incluye un campeonato del mundo en pista, tres participaciones olímpicas y más de quince títulos nacionales, la exciclista sigue vinculada al ciclismo como entrenadora, comentarista y embajadora de la Vuelta a España femenina.

En su visita a SALAMANCA AL DÍA, Ruano repasaba con naturalidad y cercanía una trayectoria forjada a base de esfuerzo, constancia y una firme defensa de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en el deporte.

A través de esta conversación, la deportista charra echa la vista atrás para recordar sus primeros pedaleos en su pueblo natal, analiza las dificultades de la transición tras colgar la bicicleta y desvela sus aficiones más personales, como su reciente pasión por los bailes charros.

Los inicios en Villamayor y la pasión por la bicicleta

¿A qué edad empezaste a montar en bici?

Empecé directamente porque mi madre dice que nací con la bicicleta en su barriga. Desde pequeña me muevo en bicicleta. Villamayor no era lo que es ahora en la actualidad; era un pueblo que apenas tenía autobús y todo lo que hacía era en bicicleta: ir al colegio, ir a las fiestas de los pueblos... Mi vida era la bicicleta, pero lo que es la competición no empezó hasta tercero de BUP, a los 17 o 18 años.

Damos fe de que has venido en bicicleta hasta nuestros estudios. ¿Sigue siendo tu principal medio de transporte?

Es que la bici es mi vida. Apenas utilizo el coche en el día a día, tengo una bicicleta de movilidad. La gente me pregunta cuántas bicis tengo y yo digo que no lo sé exactamente, pero a la semana puedo utilizar entre tres, cuatro y cinco bicicletas diferentes: la de montaña, la de movilidad, la de gravel y la de carretera.

¿Dónde guardas todas tus bicicletas y tus trofeos?

Semanalmente me muevo con varias, pero en casa tengo guardada la última con la que competí y alguna vintage que me han regalado para marchas cicloturistas anteriores a 1990. La de contrarreloj se la he cedido al Museo del Deporte de Madrid. No me he puesto a contarlas todas, la verdad.

El salto a la competición y los primeros éxitos

¿En qué momento te diste cuenta de que se te daba bien y decidiste avanzar en el ciclismo profesional?

Fue todo una casualidad. Había un equipo en Salamanca entre 1987 y 1988 con una sección masculina y dos chicas, Pilar y Marita, que querían formar un equipo femenino. El patrocinador, Andrés el jamonero, les dijo que si encontraban a otras dos o tres chicas las patrocinaría. Fueron buscando por los pueblos del alfoz, como Villares o Villamayor, y allí estaba yo con una amiga de Los Villares, Rosario. Nos apuntamos a ese equipo que empezó en 1988 de una manera muy natural. Yo no tenía pensado competir, ni sabía que existían carreras de mujeres. A finales de la década de los 80 todo era muy rudimentario.

Tu primer gran resultado en un Campeonato de España fue en Melilla. ¿Cómo recuerdas aquella experiencia?

Fue en 1989 o 1990. Me escapé en esa carrera y estuve a punto de ganar, pero me adelantaron en la misma línea de meta y quedé tercera. Al principio fue un disgusto porque pensaba que iba a ganar en mi primera participación, pero con el tiempo lo valoré mucho más. Ese resultado fue el impulso para que me llamara el equipo nacional y, a partir de ahí, todo fue muy deprisa.

¿Cuántos Campeonatos de España has ganado en total?

Creo que son 16 o 17 títulos entre contrarreloj, pista y carretera. A veces se me olvida la cifra exacta porque en pista competía en persecución y puntuación, y en carretera hacía contrarreloj y línea.

La consagración internacional y el éxito en el mundial

Has participado en tres Juegos Olímpicos (Barcelona 92, Sídney 2000 y Atenas 2004) y en 1998 alcanzaste la cima al proclamarte campeona del mundo de pista. ¿Cómo se gestó ese triunfo?

El año anterior, en 1997, ya había logrado una medalla de plata en pista que me dio mucha moral. La pista era una modalidad ajena para mí, pero en 1996 batí el récord de España de la hora. El técnico de pista en ese momento era Boris Vasiliev, que ya había sido mi entrenador en Barcelona 92, y me propuso probar. Se me dio bien y, con esa confianza, al año siguiente conseguí el Campeonato del Mundo.

Destacaste por tu versatilidad al brillar tanto en carretera como en pista. ¿Es habitual esta polivalencia en el ciclismo?

Sí, hay mucha similitud. Cuando empecé a entrenar para Barcelona 92 con Vasiliev, vi que la contrarreloj se me daba bien. La prueba de pista en la que me proclamé campeona del mundo era de 25 kilómetros, la misma distancia que una contrarreloj de carretera, por lo que el esfuerzo es muy parecido. Es algo común en corredores británicos, australianos o americanos, como Bradley Wiggins, que fue campeón olímpico en pista y luego ganó el Tour de Francia. En el ciclismo femenino ocurre más de lo normal.

¿Cómo era tu vida personal durante esos años de máxima exigencia?

Estaba enfocada al 100 % en el ciclismo. Al terminar el instituto a los 18 años, lo dejé prácticamente todo y me fui a la residencia Blume de Madrid en cuerpo y alma. Tras los Juegos Olímpicos de 1992, con 22 años, decidí que tenía que estudiar y regresé a Salamanca para compaginar los entrenamientos con los estudios de Magisterio de Educación Física en los Maristas, aunque mi prioridad seguía siendo la bicicleta.

La gestión de la presión y la vida en la Villa Olímpica

A veces se habla del ambiente festivo en las Villas Olímpicas y del consumo de miles de preservativos. ¿Cómo se vive realmente desde dentro?

Sinceramente, soy ajena a todo eso. Siempre que he ido a unos Juegos Olímpicos lo he hecho con una mentalidad muy focalizada. Quienes me conocen saben que soy muy organizada, un poco "alemana" en ese sentido. Cuando tengo un objetivo, no me distrae absolutamente nada.

¿Cómo gestionabas la presión de competir contra las mejores del mundo en unas Olimpiadas?

La presión siempre está ahí, pero me he dado cuenta de que bajo presión es cuando mejor funciono, tanto en el deporte como en la vida. Necesito ir al límite y sentir esa adrenalina para conseguir las cosas. Creo que es algo innato en mi personalidad.

La lucha por la igualdad en el deporte femenino

Siempre has sido una pionera en la defensa del papel de la mujer en el deporte. ¿Cómo viviste esa desigualdad en tus inicios?

De una manera muy natural. A finales de los 80 y en los 90 había una desigualdad tremenda. No existía la Vuelta a España femenina y apenas había ocho o nueve carreras en todo el calendario nacional. Cuando ibas con la selección, los chicos tenían privilegios en la ropa, la comida, las bicicletas, los hoteles o los viajes en avión. No me parecía normal porque yo me esforzaba igual que ellos, así que exigía lo que consideraba mis derechos. Tuve la suerte de criarme en una familia de siete hermanos donde mis padres nos educaron bajo una igualdad absoluta. Al salir de esa burbuja familiar, me di cuenta de que el mundo exterior no era igual de justo.

¿Consideras que se ha alcanzado la igualdad real en este año 2026?

No, queda muchísimo por avanzar. Yo siempre aporto un dato: actualmente soy embajadora de la Vuelta Ciclista España femenina y celebramos nuestra cuarta edición, mientras que la masculina acumula ya 90 ediciones. Además, nosotras competimos durante siete días y ellos lo hacen durante 21. La diferencia sigue siendo enorme en todos los aspectos.

La retirada y la transición al mundo real

¿Cómo viviste el momento de tu retirada deportiva?

En mi caso no fue traumático porque preparé la transición. Había terminado Magisterio de Educación Física y mi último patrocinador, Caja Duero, me permitió poner en marcha una escuela de ciclismo en Salamanca. Compaginé mis últimos años de competición con la dirección de la escuela, el trabajo en la Concejalía de Deportes y la finalización de mi licenciatura en Educación Física. Sabía que mi vida seguiría ligada al deporte y que trabajar no me costaría esfuerzo después de haber entrenado cinco horas diarias bajo el frío y la lluvia.

Muchos deportistas sufren problemas graves al dejar el foco mediático. ¿Has conocido casos difíciles entre tus compañeros?

Sí, se me pone la piel de gallina porque conozco casos muy traumáticos. Por eso intento contar mi historia a las nuevas generaciones. He participado en mesas redondas con deportistas olímpicos y medallistas cuyas historias tras la retirada son muy tristes, a veces por falta de oportunidades o por no encontrar una motivación fuera de la competición. En mi caso, yo sabía que seguiría montando en bicicleta toda mi vida porque el deporte es mi motor.

Hace unos meses presentaste un libro. ¿Por qué decidiste plasmar tu vida en papel?

En las conferencias y talleres sobre igualdad y deporte que imparto por España siempre me sugerían que escribiera un libro. Entonces apareció Jorge Matesanz, autor de la obra, con quien ya colaboraba en su revista de ciclismo. Hubo mucha empatía, le hice la propuesta y así nació La vida como deporte de fondo, que define perfectamente lo que ha sido mi camino.

En el libro abordas el tema de la maternidad. ¿Te planteaste ser madre en algún momento?

Nunca me lo planteé. He llevado una vida muy dinámica y nunca he tenido el instinto maternal del que hablan otras mujeres. Al retirarme me pregunté si realmente quería ser madre o si era una imposición de la sociedad, y decidí que no era justo forzarlo. Me gustan los niños para trabajar con ellos y educarlos en valores a través de la educación física, pero no para asumir la crianza como madre.

Test rápido: el lado más personal de Dori Ruano

Para terminar, realizamos un test de respuestas rápidas. ¿Un deporte que no sea el ciclismo?

El atletismo.

¿Un deportista al que admires fuera del ciclismo?

Rafa Nadal.

¿Y un ciclista de referencia?

Perico Delgado. Además de ser mi ídolo de siempre, ahora es mi amigo y lo admiro todavía más porque es mejor persona que deportista.

¿Un sueño por cumplir?

Ninguno en especial, pero me gustaría viajar sin rumbo y sin ocupaciones.

Estuviste un tiempo en política. ¿Qué aprendiste de esa etapa?

Me sirvió para salir de la burbuja en la que vivimos los deportistas de élite y conocer el mundo real.

¿Una afición que no esté vinculada al deporte?

Los bailes charros. De pequeña los practicaba y ahora he retomado esta afición; toco las castañuelas y estoy totalmente enganchada.

Completa la frase: "A Salamanca le falta..."

Le faltan trenes. Salamanca es una ciudad comodísima y tiene de todo, pero le faltan conexiones ferroviarias.

¿Cuidas tu alimentación?

Como de todo. Intento cuidarme, pero si un día cometo un exceso, al día siguiente soy más comedida. Como se suele decir, las gallinas que entran por las que salen.

¿Te quedas con el pasado, el presente o el futuro?

Me quedo con todo. Disfruto recordando el pasado y vivo intensamente el presente. No pienso en el futuro porque mi hermana falleció con 49 años y no pudo disfrutar de él. Prefiero centrarme en el ahora.

¿Te agobia que la gente te siga reconociendo por la calle en Salamanca?

Para nada, al contrario. Me gusta, me siento muy querida y creo que es algo muy positivo para el deporte femenino.

Muchas gracias, Dori.

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Vídeo y foto de Vanesa Martins