Ha centrado su discurso en la importancia que tiene el Meins Avenida entre las féminas de la provincia
El baloncesto volvió a demostrar en Salamanca que su importancia va mucho más allá de las canastas. Durante la 25/26, las pistas de colegios, pabellones y barrios se llenaron de niños, familias y aficionados en una provincia donde el balón naranja sigue formando parte de la vida cotidiana. Fernando Vázquez, delegado provincial de baloncesto, hizo balance de una temporada marcada por el crecimiento constante de la participación y por el peso social que este deporte mantiene en la ciudad.
Gran parte del trabajo se centró en la base. A través del programa PequeBasket, impulsado junto al Ayuntamiento de Salamanca, decenas de niños dieron sus primeros pasos en este deporte antes de incorporarse a los juegos escolares. “Hemos tenido 25 equipos entre colegios y clubes inscritos, y para nosotros es una maravilla, porque es una fiesta de baloncesto que hacemos una vez al mes”, explicó Vázquez. Aquellas jornadas no solo sirvieron para aprender a botar o lanzar, sino también para educar en valores. “Queremos que los niños vayan entendiendo el respeto hacia el colectivo arbitral desde bien pequeños”, añadió.
Las cifras reflejaron el gran momento que atravesó el baloncesto salmantino. Salamanca contó con 42 equipos en categorías autonómicas y cerca de 2.000 licencias en los juegos escolares. Sin embargo, el dato más significativo fue el crecimiento del baloncesto femenino. “Hay más niñas jugando a baloncesto que niños”, destacó el delegado con orgullo.
Detrás de ese fenómeno apareció inevitablemente el nombre del Meins Avenida, referente deportivo y emocional para varias generaciones de salmantinas. “Gracias a ese referente que hemos tenido durante todo este tiempo, las niñas han pegado un cambio tremendo”, aseguró Vázquez. Muchas de ellas crecieron soñando con vestir algún día la camiseta azul.
Precisamente, la situación del club generó preocupación en la ciudad ante las dificultades para competir con estructuras respaldadas por equipos ACB. Por ello, Vázquez lanzó un llamamiento a toda Salamanca. “La ciudad tiene que echar un cable desde instituciones públicas, privadas y empresarios”, reclamó. “Si en los buenos momentos todo el mundo está, en los peores es cuando más hay que apoyar”.
Mientras tanto, el baloncesto siguió uniendo generaciones, desde los más pequeños hasta los mayores de 55 años, convirtiéndose en una forma de convivencia, identidad y orgullo colectivo para Salamanca.