La iglesia del municipio acogió con gran éxito la obra 'Juan, espíritu del amor', propuesta cultural de la Diputación, que reunió a numeroso público y finalizó con una gran ovación
No era una misa ni un concierto al uso. Tampoco una conferencia histórica. Durante una hora, la iglesia de Villavieja de Yeltes se convirtió en un espacio donde teatro, música, poesía y emoción compartieron protagonismo para acercar al público la figura de San Juan de la Cruz desde una perspectiva tan humana como actual.
La representación de Juan, el espíritu del amor, promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca dentro de la programación del Año Jubilar de San Juan de la Cruz, congregó a vecinos y visitantes en una velada cultural que rompió con la rutina cotidiana del municipio. El silencio habitual del templo dio paso a versos, melodías y diálogos que invitaron a la reflexión sobre cuestiones tan universales como la esperanza, el amor, la búsqueda de la verdad o la necesidad de encontrar referentes en tiempos de incertidumbre.
La propuesta, escrita y dirigida por Denis Rafter, evita la biografía convencional para presentar a un San Juan de la Cruz cercano, profundamente humano y sorprendentemente contemporáneo. A través de personajes como la entrañable Sor Amma o la joven Magdalena, el espectáculo establece un diálogo entre el siglo XVI y el mundo actual, recordando que las preocupaciones esenciales de las personas apenas han cambiado con el paso de los siglos.
Al finalizar la representación, los aplausos resonaron bajo las imponentes bóvedas de la iglesia con una intensidad especial. Más que el reconocimiento a unos intérpretes, parecían expresar la satisfacción de haber vivido una experiencia distinta. Una de esas tardes en las que el patrimonio, la cultura y la memoria colectiva se unen para recordar que los pueblos también pueden convertirse en escenarios donde la historia vuelve a cobrar vida.
Gracias también a la invitación del Ayuntamiento, la parroquia y la Diócesis de Ciudad Rodrigo, Villavieja de Yeltes disfrutó así de una cita cultural singular que difícilmente olvidarán quienes ocuparon los bancos del templo. Una tarde diferente, sí, pero también una tarde para descubrir que la poesía y la belleza siguen teniendo mucho que decir en pleno siglo XXI.