Los jóvenes de la localidad disfrutaron de una jornada marcada por el color, la imaginación y la celebración compartida
La localidad de Martín de Yeltes vive ya de lleno sus fiestas en honor a San Antonio de Padua, que arrancaron el pasado viernes con la mezcla exacta de fervor y celebración pagana que suele acompañar a las grandes citas del calendario festivo. La primera jornada tuvo como preludio una concurrida parrillada popular organizada por uno de los establecimientos hosteleros del municipio, un encuentro alrededor de la mesa que sirvió para abrir, con calor humano y buen ambiente, varios días de festejos.
Tras los actos religiosos celebrados durante la mañana del sábado, la atención se trasladó a la calle Diego Salas Pombo, epicentro estos días de buena parte de la actividad festiva y taurina. Allí, entre casetas, música y expectación, llegó el turno de las peñas, auténticas protagonistas de la tarde.
La imaginación volvió a imponerse como seña de identidad. Disfraces de toda índole, algunos elaborados con notable ingenio y dedicación, convirtieron las calles de la localidad en un mosaico de color y desenfado. La música de la orquesta, constante y vibrante, puso banda sonora a una tarde de intenso calor en la ribera del Yeltes, haciendo más llevadero el rigor de las altas temperaturas.
El desfile congregó a numerosos jóvenes del municipio, pero también a muchos hijos del pueblo que regresan estos días para reencontrarse con familiares y amigos, confirmando una vez más que las fiestas patronales son, además de celebración, un espacio de memoria compartida y regreso a las raíces.
Como manda la tradición, el pasacalles tuvo también carácter competitivo. El jurado otorgó el primer premio a la peña disfrazada de "Legos", cuya propuesta destacó por su originalidad y ejecución: un disfraz enteramente artesanal confeccionado con cartón reciclado, ejemplo de creatividad y trabajo colectivo.
La jornada festiva prolongó su pulso con la actuación de un grupo flamenco, que mantuvo vivo el ambiente hasta bien entrada la noche, antes de ceder el testigo a una discoteca móvil que alargó la celebración hasta la madrugada.
Ya con el descenso de las temperaturas y bajo la calma de la noche, tuvo lugar la tradicional suelta de vaquillas, uno de los momentos más esperados por los jóvenes, que pudieron disfrutar entonces de un ambiente más amable que el abrasador calor que había marcado la jornada diurna.