Asistiendo a uno de los talleres en la sede de Salamanca, hemos conocido variedad de historias y testimonios, como la lección de vida de Pascual o la amistad forjada y mantenida con el paso de los años de Teresa y Paulina
Casi 95 personas asisten cada semana a los talleres de Cruz Roja en Salamanca enmarcadas en el Proyecto de ‘atención a personas con funciones cognitivas deterioradas’. Allí las relaciones sociales y frenar la soledad es la protagonistas.
Asistiendo a uno de los talleres en la sede de Salamanca, hemos conocido variedad de historias y testimonios, como la lección de vida de Pascual o la amistad forjada y mantenida con el paso de los años de Teresa y Paulina.
Pascual Pérez Hernández participa en los talleres de estimulación cognitiva de Cruz Roja en Salamanca. A sus 92 años, este salmantino encarna una conmovedora historia de entrega, superación y una inquebrantable alegría que contagia a todos a su paso.
La vida de Pascual está tejida con hilos de profunda generosidad y resiliencia. Durante 16 largos años, se dedicó en cuerpo y alma al cuidado de su esposa enferma. Con una entereza que estremece el corazón, recuerda el doloroso instante en que ella falleció.
Tras su partida, y con sus hijos ya independizados, Pascual se vio ante el vacío de la soledad. Sin embargo, en lugar de rendirse, decidió seguir adelante con una autonomía admirable: hoy sigue viviendo solo, hace la compra y se prepara la comida.

Su llegada a Cruz Roja, hace ya unos 15 años, fue casi un guiño del destino. “He llegado aquí sin saber ni cómo ni cuándo, pero me alegro mucho”, confiesa con ternura. Aquel aula se convirtió, sin él saberlo, en su balsa de salvación.
Aunque bromea diciendo que vive “en la Edad Media” porque antes iba y venía caminando y ahora ya no se atreve, mantiene su rutina con un empeño ejemplar: toma el autobús para la ida y regresa a pie a su domicilio para mantenerse activo. En el taller, destaca por ser el único varón. “Hago un harén”, comenta entre risas. Pero, más allá de la broma, el grupo es su verdadero hogar: “He hecho muchas amistades, aquí todas estas personas que acompañamos el grupo ya requiere esta amistad que es ya una familia”, relata emocionado.
Su gran pasión dentro del aula son las matemáticas. “Siempre he sido de números. Yo hago muchos númerosen la mente”, explica con orgullo. Esa agilidad mental es su escudo contra el paso del tiempo, y por ello lanza un tierno ruego a otros hombres de su generación: “Tenían que venir más hombres, en vez de estar jugando la partida en el café o lo que sea, porque esto es muy bueno, porque nos hace meditar, comparar y, obviamente, la mente no está muerta ahí. Está trabajando”.
Pascual, que asegura encontrarse “muy bien, la verdad”, se despide revelando su fórmula mágica para burlar al olvido: “Vivir como padre, pensar como joven, y, entonces, resulta que eres joven”. Una lección de amor y actitud que sigue resonando con fuerza en Cruz Roja.
La rutina diaria de la jubilación a menudo se vuelve silenciosa, pero en las aulas de la institución humanitaria el ambiente se llena de risas y confidencias. Para muchos asistentes, estas citas semanales representan una oportunidad idónea para revitalizar su día a día.
Este es el caso de Teresa y Paulina, dos salmantinas que han encontrado en estas actividades un pilar fundamental para mantenerse activas. Su complicidad evidencia cómo el apoyo mutuo y la amistad sincera pueden florecer en cualquier etapa de la vida.

Teresa Castro, natural de Guijuelo pero residente en Salamanca desde los 17 años, ha dedicado gran parte de su vida al cuidado de su familia. Tras trabajar en una tienda y casarse, formó un hogar que hoy cuenta con dos hijos y cuatro bisnietos. “En mi casa siempre hemos sido muy trabajadores”, rememora Teresa, quien durante años asumió la crianza de las sucesivas generaciones para facilitar la conciliación familiar.
Su incorporación a los talleres ha marcado un antes y un después en su rutina diaria. “Una maravilla, es como volver a empezar desde nuevo, de recordar todo cuando éramos pequeños”, confiesa con emoción, asegurando que ahora se siente muy bien.
A su lado se encuentra su amiga Paulina, quien comparte el mismo entusiasmo por el ambiente que se respira en las sesiones. A diferencia de Teresa, ella tiene dos nietos ya mayores que trabajan y a los que ve con menos frecuencia.
Su vinculación con la organización comenzó durante la época de la pandemia. Desde entonces, los talleres se han convertido en su principal punto de referencia para mantenerse conectada con el exterior y evitar el aislamiento social.
“Pasamos unos ratos muy bonitos”, destaca Paulina al describir las horas de convivencia. Ambas mujeres reflejan cómo estas iniciativas sociales permiten salir de la rutina y disfrutar del presente en la mejor compañía.