El Ayuntamiento de Salamanca reconoce su decisiva trayectoria médica e investigadora. El doctor, pionero de la especialidad en Castilla y León, analiza en esta entrevista la evolución de los tratamientos contra el cáncer y defiende el papel de la sanidad pública.
El doctor Juan Jesús Cruz repasa su dilatada carrera profesional con motivo de la entrega de la Medalla de Oro de la ciudad de Salamanca, que recibe este sábado. El que fuera uno de los grandes impulsores de la oncología médica en Castilla y León analiza la evolución de los tratamientos contra el cáncer y reivindica el papel de la sanidad pública.
El salón de plenos del Ayuntamiento de Salamanca acoge este sábado un acto de especial relevancia institucional. El oncólogo e investigador Juan Jesús Cruz recibirá la Medalla de Oro de la ciudad, un galardón que comparte con el Ilustre Colegio de la Abogacía de Salamanca y la catedrática Araceli Mangas.
Licenciado y doctor en Medicina por la Universidad de Salamanca (USAL) con sobresaliente 'cum laude', Cruz ha sido el gran artífice del desarrollo de la oncología médica en la región. En 1984 fundó la unidad de esta especialidad en el Hospital Universitario de Salamanca, un servicio que posteriormente dirigió desde 1995 hasta convertirlo en un referente autonómico.
Tras cinco años jubilado, el doctor echa la vista atrás para recordar los difíciles inicios de una disciplina de la que fue pionero en España. En esta entrevista, analiza el pasado, el presente y el esperanzador futuro de la lucha contra el cáncer, además de mostrar su profundo agradecimiento a la sociedad salmantina.
¿Cómo le comunicaron la concesión de la Medalla de Oro de Salamanca y qué pensó en ese momento?
Me llamó directamente el alcalde, Carlos García Carbayo. Me dijo que me habían propuesto para la medalla y, evidentemente, me quedé muy sorprendido. En otros reconocimientos que he recibido siempre había algún rumor previo, pero en este caso no tenía ni idea. Pasada la sorpresa inicial, me sentí muy agradecido.
Este galardón reconoce su trayectoria médica, docente e investigadora. ¿Le siguen haciendo ilusión estos homenajes?
Me hace muchísima ilusión, especialmente ahora que llevo cinco años jubilado. Cuando estás en activo lo miras de otra forma, pero que la ciudad de Salamanca, que me acogió y donde he formado mi familia, se acuerde de mí ahora, de verdad que me emociona.
¿Le hace este reconocimiento mirar por el retrovisor y valorar el camino recorrido?
Mucho. Estos días te obligan a reflexionar. Yo empecé en la oncología tras formarme en el Instituto Nacional de Tumores de Milán. Al volver a Salamanca, empecé a ver a pacientes con cáncer de forma paulatina, en una época con perspectivas muy diferentes a las actuales. Todo lo que logramos fue gracias a mucha gente que me dejó crecer, como mi jefe, el doctor José de Portugal, el director del hospital, o Bienvenido Bodega, que confiaron en mí cuando era un crío.
También destaca el papel de sus compañeros en esos primeros años.
Por supuesto. Fue clave el apoyo de los primeros compañeros que se agruparon conmigo para sacar el servicio adelante. También el resto de especialidades que colaboraron, como radioterapia, anatomía patológica o radiodiagnóstico, y los grupos de investigación. Salamanca ofreció un entorno idóneo que me facilitó liderar y hacer crecer este servicio.
En 1984 impulsó la oncología médica en Castilla y León. ¿Cómo era abordar esta enfermedad en la España de los años 80?
Fuimos unos pocos pioneros en todo el país. Casi todos veníamos de la medicina interna o la hematología; en mi caso, hice el MIR en medicina interna. La especialidad de oncología médica nació en 1979, por lo que los primeros residentes terminaban justo cuando nosotros creábamos los servicios. Nosotros tuvimos al primer residente en 1987, Emilio Fonseca, quien luego ha sido jefe de servicio. Al principio no existían estas unidades.
¿Cómo se trataba el cáncer en aquella época?
Se trataba principalmente con cirugía y radioterapia. Cuando empezaron a surgir los fármacos de quimioterapia, los médicos de interna nos dedicamos a tratar el cáncer con medicamentos. Así surgió la especialidad, con una visión del enfermo como un todo. A finales de los años 80, no llegábamos ni a diez servicios de oncología con la máxima categoría en toda España.
Usted también formó parte del núcleo que impulsó el Centro de Investigación del Cáncer (CIC). ¿Qué recuerdos guarda de aquel proyecto?
Lo recuerdo con mucho cariño. Fue una iniciativa impulsada por la universidad, con el rector Ignacio Berdugo a la cabeza, que logró traer a Eugenio Santos como director. Desde el ámbito clínico cooperamos activamente el doctor Gómez Alonso, como cirujano, y yo mismo.
Además de la investigación, la docencia ha sido un pilar fundamental en su carrera.
Es algo que siempre se olvida preguntar y es vital. Antes, la oncología se impartía de forma parcelada dentro de otras asignaturas. La Universidad de Salamanca fue la tercera de España en introducir la oncología médica como asignatura independiente en el plan de estudios de Medicina. Gracias a decanos como Ricardo Vázquez o Pepe Paz, creamos muchísima vocación. De Salamanca han salido decenas de oncólogos que se formaron gracias a esa asignatura.
¿Ha vivido de cerca el cáncer dentro de su propio entorno familiar?
Mucho, y quizás por eso decidí dedicarme a esto. En la familia de mi madre no, pero en la de mi padre hubo bastantes casos. Mi padre y sus hermanos lo sufrieron, y también primos hermanos míos muy jóvenes a los que tuve que tratar yo mismo. Lo he vivido muy de cerca.
A pesar de los enormes avances, todavía no existe un fármaco único o universal.
El cáncer se combate pasito a pasito y tumor a tumor. No existe una única panacea, aunque ahora la inmunoterapia está ofreciendo excelentes resultados en muchos campos. Sin embargo, hoy en día se cura el 70 % de los cánceres. En el caso del cáncer de mama, gracias al diagnóstico precoz, la cirugía y los tratamientos médicos, la curación se sitúa entre el 90 % y el 95 %, superando el 95 % en casos detectados por cribado. El de colon supera ya el 70 % de curación.
¿A qué se debe este incremento tan notable en la supervivencia?
Es el resultado del esfuerzo conjunto. El diagnóstico precoz, la eficacia de la cirugía, la radioterapia y los nuevos tratamientos médicos logran salvar muchas vidas. También ha sido clave el diagnóstico molecular y la precisión de la anatomía patológica, que hoy nos permite detectar lesiones de apenas un centímetro que antes eran invisibles.
En esta batalla, ¿considera que la medicina pública y la privada están coordinadas?
En Salamanca, la mayor parte de este trabajo se concentra en la sanidad pública. Si la medicina privada asume estos tratamientos, debe ser en grandes hospitales capaces de coordinar todas las especialidades. La clave de la oncología es la multidisciplinariedad, algo que se articula a través de los comités de tumores.
Este fin de semana coincide con una movilización social en defensa de la sanidad pública. ¿Cree que se ha deteriorado el sistema?
Llevo cinco años desvinculado de la actividad diaria, por lo que no tengo experiencia directa sobre el estado actual. Lo que tengo claro es que la sanidad pública es clave y siempre la defenderé, lo cual no excluye a la privada si trabaja bien. Lo fundamental es que todo el mundo tenga derecho a la mejor asistencia de forma gratuita y universal. En España, la pública es la que garantiza este derecho, aunque sistemas mixtos como el de Francia también funcionan bien. Lo importante es la igualdad en el acceso.

Fotos de David Sañudo