El torero salmantino, retirado desde 2010, recibe a este medio en la finca Valverde para recordar su trayectoria bajo la atenta mirada de su hijo Mateo
El próximo 12 de junio se cumplirán 24 años de la alternativa de Javier Valverde en La Glorieta, apadrinado por Paco Ojeda y con El Juli como testigo. Una carrera forjada en la exigencia ante las ganaderías más duras, que concluyó el 15 de octubre de 2010 en Zaragoza.
Entre los muros de su casa, donde incluso hace sonar un piano en sus ratos libres, el torero reflexiona sobre el pasado, el presente de la tauromaquia y el futuro, siempre con la perspectiva que otorga el tiempo y la tranquilidad del deber cumplido.
El calor aprieta de forma inusual a mediados de mayo cuando Javier Valverde abre a SALAMANCA AL DÍA las puertas de su cuartel general, en la finca de la que tomó prestado el nombre para anunciarse en los carteles. Allí recibe a este medio junto a su hijo Mateo, que es testigo de excepción de la entrevista. Alejado de los ruedos, Valverde dedica su tiempo a los negocios y a su pasión por los caballos, manteniendo intacto el respeto unánime del aficionado.
- Javier, ¿cómo se encuentra? Le vemos feliz con lo que está haciendo a día de hoy.
- Me encuentro bien, tranquilo y con bastantes cosas que hacer al cabo del día, lo que también es positivo. La verdad es que tengo la sensación de los deberes hechos, y esa es una buena sensación.
- ¿Echa de menos estar delante de los toros?
- La verdad que no. Tienes que estar cien por cien dedicado a eso. Ahora ni lo estaría ni sería capaz de estar a esa altura y con ese compromiso. Respeto muchísimo la profesión. Puedo echar de menos vivencias y momentos, pero no la exigencia de encontrarme anunciado en Madrid, por ejemplo, aunque a veces todavía me sueño con eso.
- O sea, que en ningún momento se ha planteado volver a torear.
- Plantearme torear algún día por mi hijo, por mi familia, con algún motivo justificado y sin quitar un puesto a nadie, seguro que lo haré, pero como algo puntual. Reaparecer o estar en activo es algo mucho más grande. De momento es impensable.

- Con todo lo que me cuenta, se reafirma en la decisión que tomó, para muchos aficionados de forma prematura, con nueve temporadas de alternativa.
- Sí, no es lo usual. Me retiré toreando en todas las ferias y haciendo una temporada que no fue mala, pero vi la exigencia que había y creo que es muy importante saber hasta cuándo tienes que estar. Eso es más difícil que saber empezar. Cuando sabes que tu carrera no va a ir a más, hay que ser consciente de que lo mejor que puedes hacer es irte.
- Es algo que a día de hoy no se estila, el saber irse.
- Yo creo que va por personas y por forma de ser. Una cosa que no he vivido es tener la sensación de falta de interés, tanto por el aficionado como por las empresas. Eso tiene que ser muy duro. Afortunadamente, me ahorré esa sensación de que todo vaya a la baja.
- De todos esos recuerdos que le vienen a la mente, como ha dicho antes que todavía sueña con estar anunciado en Madrid, ¿cuál es el más bonito de su carrera?
- Hay varios importantes. Guardo mi carrera con mucho celo y cariño por respeto a la profesión. Me he considerado un profesional que ha vivido cien por cien para el toro. Recuerdos bonitos son indudablemente en las plazas más importantes, que para mí siempre han sido Madrid, Sevilla y Salamanca. Esas son las plazas que han marcado tardes muy importantes por la repercusión y la responsabilidad.
- ¿Y es en esas plazas también donde tiene los peores recuerdos o es en otro tipo de plazas?
- En esas plazas no tengo mal recuerdo, porque la exigencia va acompañada de un atragantón de responsabilidad, y guardo la sensación de cuando han salido bien las cosas. Recuerdos malos siempre tienes con algún toro que te hace pasar ratos desagradables. Recuerdo un toro de Cebada Gago en Arles con el que pasé el mayor miedo de mi vida, pero he reseteado bastante y me encuentro “limpio”. Guardo sensaciones malas, por ejemplo, de un toro de Escolar en Vic-Fezensac que me sacó el codo, o un percance en Guijuelo, cosas que me podían lastrar el resto de la temporada.

- Habla de que pasó miedo con ese toro de Cebada Gago, imagino que con más toros también. ¿Pero el miedo es a que suceda algo o es el miedo al fracaso del que tanto hablan los toreros?
- Con ese pasé miedo de verdad, miedo de que me echaba mano y me iba a hacer daño. Es con el que más miedo he pasado. Después está el miedo por responsabilidad. Si no tienes ese miedo, ahí falla algo. El piloto tiene que tener miedo al saber que va a 300 kilómetros por hora. Si no tienes esa sensación de hormigas en la barriga, malo.
- Ahora se cumplen 24 años de su alternativa. ¿Cómo recuerda aquel día con Paco Ojeda y El Juli en la fecha de San Juan de Sahagún?
- Lo recuerdo con ilusión. Me hace mucha ilusión que existan corridas de toros el día 12, creo que es muy bueno para la ciudad y para el mundo del toro. Cuando hay un acontecimiento taurino importante, remueve la ciudad económica, social y culturalmente. Lo que estaba mal parido era que no fuera una corrida de toros de Salamanca. Cuando eres joven te dejas aconsejar, y aunque tengo mucha amistad con Antonio Bañuelos, creo que el 12 de junio, siendo un día importante para nuestra ciudad, tenía que haberse lidiado una ganadería de Salamanca.
- ¿Todavía se acuerda de las palabras que le dijo el maestro Ojeda esa tarde?
- Sí, me acuerdo. La corrida estaba saliendo con poquita fuerza y él estaba preocupado por eso. Al final son un poco tópicos, eres un novillero con una proyección muy fuerte en tu tierra, y una figura del toreo lo que quiere es arroparte y decirte que hay que tirar para adelante. Lo recuerdo con mucho cariño.
- Hablaba antes de que Salamanca está en el podio junto a Madrid y Sevilla en su carrera, pero más allá de eso, ¿cómo fue su relación con La Glorieta? A los toreros charros siempre les preocupa especialmente Salamanca.
- Siempre. El cariño de tu gente, tu plaza y tu ciudad tiene un componente muchísimo mayor. En Sevilla o Madrid quieres que todo salga bien para tu carrera, pero Salamanca es tu casa. Está tu familia, tus amigos, es la plaza en la que has estado desde niño. El triunfo es mucho más personal. Si ahora mismo me dices en qué plaza me gustaría cuajar un toro, sería en Salamanca.
- ¿Y dónde cuajó ese toro que todavía lo recuerda como el soñado?
- He tenido toros importantes en sitios inesperados, como un toro de Domingo Hernández en Aranda de Duero, o toros de Miura en Palencia y Baeza. Pero la sensación de haberme vaciado y haber hecho el esfuerzo real siempre la he tenido en Sevilla y Madrid.

- Decía, cuando se retiró, que se marchaba sin haber conseguido cosas que le hubiera gustado conseguir. ¿Como cuáles?
- Siempre he sido muy objetivo, no me han gustado las utopías. Tenía mis armas y no me negué a matar corridas duras. Me hubiera gustado que me embistieran un poco más en alguna plaza importante, pero no creo en los "y si...". En mi profesión puedo agradecer más que pedir.
- En esos agradecimientos, imagino que está el reconocimiento del aficionado, que es unánime. Años después de retirarse, el nombre de Javier Valverde sigue siendo respetado.
- Es el mejor premio que puede tener cualquier profesión. Ser respetado no lo compras ni lo buscas. Vas haciendo tu carrera, marcando tu forma de ser, y la gente lo ve. He hecho mi carrera y noto ese respeto y cariño en el aficionado y en los compañeros. Es lo más gratificante que me puedo llevar del mundo del toro.
- Actualmente, ¿va mucho a los toros o no tiene tiempo para ir todo lo que quisiera?
- Sí sigo el mundo del toro. Me gusta ver la Feria de Abril de Sevilla, Madrid, toreros nuevos y gente de Salamanca. Sigo conectado, no con obsesión porque tengo otras cosas, pero sigo conectado.
- ¿Y qué siente ahora cuando ve en la tele esas corridas duras en las que usted era protagonista?
- Cuando estás en activo no eres consciente de la dureza que tienen. Ahora veo mis temporadas de matar siete, ocho o nueve corridas duras en agosto y lo valoro mucho. Te soy sincero, no me veo capaz ahora de matar ese tipo de corridas, las veo de mucho esfuerzo. Me parecen auténticos titanes los que se ponen delante.
- Si trasladásemos al Javier Valverde de aquella época a la de ahora, ¿cree que entraría en las ferias como antiguamente o la situación ha cambiado demasiado?
- Esto nunca ha estado fácil, pero creo que ahora mismo no hay quince toreros imprescindibles en las ferias como en mi época. Antes empezabas por El Juli, Ponce, Morante, Talavante, Perera, y luego había una infinidad de nombres como Uceda Leal, El Fundi, Padilla o Ferrera que apretaban muchísimo. Estoy seguro de que si ahora hay alguien nuevo apretando, se le hace hueco a la fuerza.

- O sea, que la respuesta es que sí funcionaría a día de hoy.
- No es por arrogancia, sino por seguridad en mí mismo. Estando como estaba en esa época, con la ambición y las ganas que tenía, sí me vería con un hueco hoy, de forma rotunda.
- Ha hablado varias veces de sus armas en ese tipo de corridas. ¿Cuáles eran?
- Lo primero, intentar no dejarme ganar la pelea nunca. Empecé a competir muy pronto con El Fundi y Padilla, y no te dejaban ni respirar. Tenías que navegar siendo el nuevo con ambición y seguridad. Tenías que buscar las opciones de triunfar y funcionar sin aburrirte, imponiéndote al toro. Esa era una de mis armas: no aburrirme, ver la parte positiva del toro y sentirme capaz.
- De todos los compañeros, ¿quiénes le quitaban el sueño cuando se veía anunciado con ellos?
- No me quitaba el sueño nadie, me motivaban. No me veía peor que nadie. Tuve una época con Padilla y El Fundi, que eran dos leones. Recuerdo que Juan José se iba a porta gayola, cortaba una oreja; llegaba El Fundi, ponía aquello patas arriba con las banderillas y pegaba una estocada y cortaba otra oreja. Luego salía yo, que intentaba hacer un toreo más ortodoxo y clásico, más castellano, y no podía quedarme atrás. Me motivaban mucho, pero apretaban de verdad.
- Teniendo en cuenta toda su experiencia, ¿ha sido más feliz durante su época en activo o ahora que lo ve desde otro prisma?
- Son épocas diferentes. Ahora tengo una etapa más completa con mi hijo, mi familia y mis negocios. Tienes que ir construyendo. Estoy en esta fase por los pilares que puso el mundo del toro en mí. Me siento matador de toros por encima de todo y así me voy a morir. Viví mi época en plenitud y ahora vivo esta fase que me toca.
- Decía antes que hacían falta nombres que quisieran de verdad ser figuras del toreo. Ahí tiene a su hijo Mateo. ¿Le gustaría que fuese torero?
- (Javier llama a su hijo Mateo y le pregunta si quiere ser torero. El niño responde afirmativamente). No me gustaría ni de broma. Como padre, lo que quieres es que tu hijo esté bien y sea feliz. Si me dice que quiere ser torero, me metería en un lío tremendo, me dejaría reventado. Lo que sí quiero es que respete el mundo del toro. Desde pequeño entiende el proceso y lo respeta. El mundo del toro tiene muchas cosas buenas: el campo, el contacto con la naturaleza y las personas, el respeto. Me gustaría que se empape de eso, luego que haga lo que quiera.

FOTOS: Pablo Angular