Defiende el legado moral y jurídico de la Escuela de Salamanca y de Francisco de Vitoria, del siglo XVI, para humanizar el desarrollo tecnológico y la inteligencia artificial. Asimismo, ha hecho un llamamiento a la concordia política, la defensa de la dignidad humana y la protección de los migrantes.
El Papa León XIV ha protagonizado este lunes una histórica jornada en el Congreso de los Diputados, donde ha pronunciado un discurso centrado en la dignidad humana, los límites del poder y la búsqueda del bien común ante los representantes de la soberanía nacional.
Durante su intervención, el pontífice ha querido situar la tradición intelectual española en el centro de su reflexión, señalando que el país posee una "memoria particularmente rica" en la que se entrelazan de forma fecunda la fe, la razón y el derecho.
En este contexto, el obispo de Roma ha evocado de manera muy especial la aportación de la Escuela de Salamanca, cuyos maestros sentaron hace cinco siglos las bases del derecho internacional moderno y de los derechos humanos universales.
El Santo Padre ha recordado que, hace quinientos años, la universidad salmantina asumió con "singular lucidez" la reflexión moral y jurídica que requería el nuevo escenario mundial tras el descubrimiento de América.
En aquellas aulas, teólogos y juristas comprendieron que la razón no podía utilizarse para legitimar la fuerza o el interés particular. De este modo, introdujeron el debate sobre el valor irreductible de cada persona y los límites morales del poder.
El pontífice ha elogiado explícitamente la figura del dominico fray Francisco de Vitoria, así como a los pensadores jesuitas y dominicos que contribuyeron a formar una conciencia jurídica basada en que la autoridad conlleva siempre una responsabilidad.
Bajo el concepto del totus orbis, estos intelectuales definieron una comunidad humana global unida por vínculos morales y jurídicos, una aportación que "trascendió las aulas y las bibliotecas" para llegar a la comunidad internacional.
Según ha manifestado el Papa, la célebre "pregunta salmantina" sobre los límites éticos sigue plenamente vigente hoy en día, aunque los "nuevos mundos" ya no se dibujen en mapas, sino en la técnica, la biomedicina y el universo digital.
El obispo de Roma ha advertido de que la tecnología no es neutral y que el progreso debe situar siempre en el centro a la persona, generando la dignidad del trabajo, la solidaridad y la justicia social.
En este sentido, ha reclamado un discernimiento ético riguroso sobre el desarrollo de la inteligencia artificial, especialmente en el ámbito militar, para evitar que las decisiones sobre la vida y la muerte dependan de automatismos.
El discurso papal también ha abordado con firmeza la necesidad de proteger la vida humana "desde su concepción hasta su ocaso natural", alertando contra la cultura del descarte que denunciaba su predecesor, el Papa Francisco.
Asimismo, ha defendido el papel de la familia como escuela de humanidad y ha instado a respetar el derecho inalienable de los padres a elegir la educación de sus hijos en coherencia con sus convicciones.
Respecto al drama migratorio, León XIV ha calificado la situación como una cuestión "eminentemente moral y jurídica" que exige una respuesta coordinada y solidaria entre las naciones, garantizando vías seguras y el derecho a no tener que emigrar.
En el plano político, el pontífice ha pedido a los parlamentarios construir una cultura de la reciprocidad y evitar que la pluralidad de ideas degenere en una descalificación permanente del adversario político.
"Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen una especial obligación de custodiar la palabra para desarmar el lenguaje", ha aseverado el Papa, recordando que la firmeza de las convicciones no exige el desprecio ni la humillación del otro.
Finalmente, ha expresado su preocupación por el rearme en Europa y ha defendido que la verdadera seguridad nace de la justicia, del diálogo paciente y del respeto absoluto al derecho internacional.