Ismael Martín, Marco Pérez, Manuel Diosleguarde y Julio Norte, jóvenes diestros que amparan un futuro prometedor.
Pocas veces en los últimos años ha habido en Salamanca una baraja de matadores jóvenes tan amplia y sugerente como como para ilusionar de verdad a la afición, no sólo en esta tierra, que sería enfoque rudimentario e injustamente reduccionista, sino en todo el panorama taurino.
Marco Pérez abrió la espita con un toreo ajeno a precarias timideces e imbuido desde niño en una clarividencia taurina inusual en este oficio y arte. Marco acaparó enseguida la atención de los públicos por su desparpajo y desenvoltura ante los animales y, tomada la alternativa, le va tomando el pulso a carteles de campanillas donde, ya mismo, está siendo incluido.
Ismael Martín es un hervidero de entusiasmo y su quehacer –capote, banderillas sobre todo, y muleta- llega al público de inmediato. Probablemente es uno de los toreros que mejor comunica la alegría de todo el escalafón. Revelación de San Isidro.
Manuel Dioleguarde ofrece un concepto de sosiego, pureza, valor extremo y credibilidad absoluta. Entrega total y rotunda espada. Después de una cornada al límite de la vida, este espigado torero ha resuelto ofrecer una versión de entrega sin cuento a la profesión. Un periódico nacional tituló en su comparecencia isidril: “Así se viene a Madrid, Manuel Diosleguarde”.
Fui atento seguidor de la carrera de su padre, del mismo nombre. Julio Norte hijo, ha revolucionado el escalafón de novilleros. Tras una cogida muy seria, la recuperación ha sido meteórica y los resultados de sus novilladas, un éxito continuado. Tarde tras tarde ha salido a hombros.
Novillero que abrasa con un poder desmedido y una rotundidad sorprendente a la hora de enfilar la tizona. Norte, hoy (será matador de toros en breve) es apuesta segura de éxito y novedad esperada en cualquier cartel.
Es de suponer que la empresa de la Glorieta sigue atenta a estas incipientes jóvenes figuras del toreo salmantino. Es lo que hay. Y lo que hay es muy bueno e interesante.