A los intensos ahora, les puede la prisa. Se han pasado el curso, algunos, pasando de todo, pasándolo bien y ahora, claro, tienen prisa. Alegan recuperación de la recuperación, prueba extraordinaria y hasta se encomiendan a María Santísima. Y hacen cábalas con aquello de las competencias, que es la mejor manera de compensar la competencia matemática, porque no hay quién entienda eso de evaluar el aprender a aprender o aquello de ser ciudadanos y emprendedores. La LOMLOE no es una ley, es un arcano que, después de un par de cursos, hemos entendido a duras penas mientras miramos a estos pobres intensos con voluntad de desempeño, esa que no tienen ellos, angelitos del Señor. En resumidas cuentas, que estamos en los momentos de incertidumbre en los que nos encomendamos a Dios, al diablo, al inspector, a la ministra y hasta a Santa Competencia, patrona, no como Santa Rita de Casia, de los imposibles, sino de la macro. Una forma de evaluar que resulta ajena a cualquier ciudadano de a pie y que padres y profesores han aprendido a base de confundirse en los descriptores operativos o decidir, sin remordimientos, arrastrar la nota porque estos angelitos lo han dejado casi todo en blanco. No lo duden, cada vez que hay una reforma educativa, nos toca aprender a aprender lo insólito e inservible y además, explicárselo a los chicos y lo que es peor, a los padres atónitos ante la posibilidad de que un muchacho pase con cuatro asignaturas de curso y otro no, teniendo menos. Cosas de la macro.
Les decía que estamos en tiempo de rebajas. Cuando me escriben que Homero es un autor del siglo XX y que el relato se divide en tres estrofas me pregunto por qué no paramos las clases a comienzos de mayo y ya, que el calor afecta a las neuronas como el asma alérgica que convierte cada clase en un concierto de estornudos. No resistimos el final de curso y estos pobres angelitos que sufren todo tipo de síndromes, a cual más estrambótico y firmado y sellado por el psicólogo de turno, se tragan la píldora edulcorada de la materia entera en apenas tres semanas. Todo por la extraordinaria en tiempos en los que no existe septiembre y el verano es un feliz erial de cloro y aburrimiento. Verano. Lo del cuarenta de mayo nos venía muy bien para que los alumnos estudiaran tranquilos, al abrigo de toda perturbación cimática. Pero este calor hace que deseen salir a la calle, ponerse tibios de helado, soñar con el azul de la piscina y con perder de vista a sus profesores. Esos que, también sufren el cansancio del fin de curso, la alergia, los problemas personales y que, además, tienen que sufrir ahora el agobio de los intensos: que cuándo me haces la recuperación de la recuperación, que mira a ver si pones la extraordinaria y que no me coincidan las fuertes en la misma mañana. Que si me subes un poco que te he hecho los trabajos y me sale un cuatro con siete… En fin, lo de todos los años. Porque es lo que toca, porque en esta época les sale la responsabilidad y la prisa a los intensos. Qué vamos a hacer, forma parte del ritual. Bendito final de curso.
Charo Alonso, Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.
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