Ausente la mirada de innumerables cosas,
sintiendo el indolente brotar de primavera,
la mente atribulada en solitario espera
el más bello perfume manando de una rosa.
El rojo de las flores nos da una vista hermosa
y el verde de la hierba parece una señera
de la naturaleza, en tal fiesta campera,
soñando con el cielo llegar a ser su esposa.
Y allí en el horizonte está titubeante
el sol que las alumbra y que pronto se esconde
mientras redonda luna observa aquel instante
testigo de amoríos, que sin razón responde,
al beso de la vida, de aroma tan fragante,
que esparce su poesía, y al fin se sabe a dónde.
Mercedes Sánchez
La fotografía es gentileza de José Amador Martín, a quien se la agradezco