Este jueves el salmantino Roberto Sánchez Nieto presenta 'El canto de las tierras vírgenes' junto al actor Félix Nieto Ballestero
A Roberto Sánchez Nieto le conocemos por sus obras teatrales, intensas, críticas, originales. Su colaboración con el Grupo salmantino Komo Teatro ha subido a nuestra escena ese talento desbordante que ahora cambia de registro y se convierte en novela. Pero no se alarmen, esa pulsión plena de hallazgos, cruel, divertida, ácida y sobre todo, tan documentada que caracteriza la obra dramática de este inquieto autor también puede leerse en esta novela histórica de título especial que guarda muchas sorpresas: “El canto de las tierras vírgenes”, cuya presentación tendrá lugar este jueves 21 a las 19.00 en la librería Santos Ochoa.
Charo Alonso: Asombra leer la cantidad de cosas que has estudiado, filosofía, lógica, antropología, historia… ¿Has descubierto algo con todo esto o verdaderamente se aprende leyendo y viviendo?
Roberto Sánchez Nieto: Uno es hijo de su tiempo, tanto en el sentido físico de las experiencias vividas como en el contexto histórico. De los estudios cursados en el grado de Filosofía, aparte de referencias bibliográficas a las que acudir, puedo decirte que uno de los aprendizajes más útiles en el ámbito literario fue el de la pertinencia. Creo que en la tarea del escritor no puede faltar esa dosis de humildad y empatía hacia el lector, imprescindible para no aburrir a nadie con artificios impertinentes. Y, por supuesto, de poco sirven las herramientas que nos proporciona la Universidad si uno mismo, al cabo de los estudios académicos, abandona los libros. La vida, con sus reveses, los viajes, las amistades y por supuesto los libros que asimilamos nos van forjando día a día.
Ch.A.: Decía Bertold Brecht que había que explicar el presente recurriendo al pasado. ¿Es lo que has querido mostrar con esta novela histórica?
R.S.N.: Fíjate que yo te diría que, viajes a la época histórica que viajes, descubrirás que en esencia las dinámicas de las relaciones humanas apenas han cambiado desde el Neolítico. Y sí, como sucede en el teatro, a menudo, la mejor forma de descubrir nuestras taras y miserias más íntimas, es desde la distancia y perspectiva de otros personajes transfigurados, descontextualizados, en los que reconocer sin complejos nuestros propios defectos, de un golpe de vista.
Ch.A.: Y has recurrido a un episodio seminal de la historia de los Estados Unidos y al diario de un mercenario, el capitán Smith ¿Por qué esa época tan alejada de lo consabido?
R.S.N.: Bueno, a veces son las historias las que le buscan a uno. Y en este caso puedo decir que prácticamente me tropecé con una crónica perteneciente a esos inicios de los Estados Unidos que me impactó de tal forma que no tuve más remedio que enfrascarme en la difícil tarea de “viajar” en el tiempo, a través de la letra, a través de los más diversos libros, museos, documentales, filmografías, viajes, estudios académicos, etc.
Ch.A.: Una obra tremendamente cruda, humor, pero en carne viva. Que la vida era compleja entonces no lo dudamos. Leerlo no es fácil, la verdad.
R.S.N.: Sí. Como dije antes, las dinámicas de las relaciones humanas parece que perduran a través de los siglos, y precisamente por ello creo que ahora mismo tiene tanta presencia la novela histórica, seguramente por lo fácil, por más que sorprenda, que resulta identificarse con personajes tan alejados en el tiempo. Sin embargo, si algo nos muestra el género de la novela histórica, y por otra parte conviene tenerlo muy presente, es que por imperfecta que resulte nuestra sociedad, por fortuna, está en constante evolución. Qué duda cabe, en aquellos siglos las vidas de las personas eran muchísimo más breves, crudas y violentas que las nuestras, aunque, por desgracia, en según qué lugares se repiten a día de hoy crónicas muy similares, y esto, también, conviene no olvidarlo.
Ch.A.: El pícaro de la novela inglesa, que viene desde el siglo XVII y es herencia de la literatura española, recorre las calles de Londres y no deja respiro al lector. El discurso de esta novela es raudo y está lleno de aforismos, un contraste muy particular que ya conocemos en tu teatro, estoy recordando Shock, por ejemplo.
R.S.N.: Qué mejor lugar que Salamanca para rescatar el género picaresco, a orillas de nuestro Tormes. Y no por casualidad. Me explico: así como el diario del capitán Smith nos ofrece unas crónicas históricas en las que el propio narrador se presenta como héroe indiscutible, el narrador de esta novela, en cambio, el pícaro Philip, no tiene nada que perder, ni nada que ganar. Nadie mejor que un pícaro para representar con la mordacidad y el humor del desahuciado las costuras de su tiempo. En cuanto a los aforismos, en este caso, y volviendo a la pertinencia, nos vienen de la mano del pícaro que, por vicisitudes del destino, se involucra en los teatros y obras de Shakespeare, tan influyente en el Londres de aquellos años que hasta el propio capitán Smith, en varios pasajes de sus diarios, evidencia conocer algunas de las obras del dramaturgo. No olvidemos que el mismo Cervantes suspiró por alcanzar la gloria en los teatros y, sin embargo y para nuestro deleite, tuvo que “conformarse” con escribir novela, por entonces, un género literario considerado inferior al arte dramático. Así es como cambian los tiempos.
Ch.A.: ¿Prefieres escribir teatro o narrativa? ¿Cómo sabes si una idea va a verterse mejor en un molde genérico o en otro?
R.S.N.: En realidad, son géneros tan diferentes que es más el cómo enfoque yo la historia que quiera contar. La narrativa no deja de ser una “trampa” de la que, una vez mi mente cae en ella, no hay forma de salir hasta poner el punto y final. Se convierte en una especie de obsesión que me ronda por la cabeza, cuando me voy a la cama, entro en la ducha, conduzco e, incluso, fregando platos. Y esa situación se prolonga durante años, es la cara y la cruz de la novela, por un lado deseas seguir descubriendo situaciones y personajes inesperados, por otro, deseas terminarla, aunque a su vez temas el vacío subsiguiente al punto final. En cierto modo es un proceso algo agónico; con la dificultad añadida de que puede ser infinita, la imaginación puede ramificarse hasta donde tú la dejes. Sin embargo, el teatro para mí es más amable, y divertido, puesto que yo mismo puedo jugar a ser distintos personajes y hablar por boca de ellos, y tengo acotado un escenario con unos determinados recursos de escenografía, un plantel de actores con ciertos perfiles predefinidos, etc. Realmente son ejercicios creativos muy dispares, aunque considero que no son excluyentes. En mi caso, elegir uno u otro género va más en la extensión y el detalle de la historia por contar.
Ch.A.: Novela histórica bien documentada, novela que critica la sociedad de su tiempo, novela con una sorpresa que no vamos a desvelar ¿Cómo la definirías tú?
R.S.N.: Novela de aventuras, amena, en ocasiones divertida, en ocasiones terrible, y que invita a reflexionar sobre nuestra condición humana, sin abandonar un minucioso marco histórico.
Ch.A.: ¿De dónde partió la idea inicial?
R.S.N.: En Poyales del Hoyo, Ávila; más concretamente, en el aula didáctica Abejas del Valle. Y para no desvelar demasiados detalles al lector, hasta ahí puedo leer…
Ch.A.: Hay un personaje femenino del que tienes que hablarnos sí o sí que quizás tenemos muy mediatizado por esa máquina de triturar historias que es Disney.
R.S.N.: Sí, la princesa Matoaka, más conocida por su sobrenombre: Pocahontas (pícara en su propia lengua). Desde luego, un personaje clave en toda esta historia y que daría para una novela aparte. Un paradigma de la mujer empoderada, hija del hombre más poderoso de las tierras vírgenes, el emperador Powhatan, y que en su adolescencia ya gozaba de más libertad y poder en sus dominios que cualquier mujer europea de la aristocracia e incluso de la realeza, como pudo ser el caso, sin ir más lejos, de la Reina Virgen, Isabel I de Inglaterra. Siendo aún una cría, Matoaka salvó personalmente durante varios años la vida de aquellos colonos ingleses y, desde luego, por lo que puede inferirse de los diarios del capitán Smith, más allá de la fantasía Disney no hubo romance alguno entre ambos, sino más bien todo lo contrario.
Ch.A.: Es una novela compleja, redonda y una buena manera de estrenarte como narrador, sin embargo siempre te asociamos al teatro y a un grupo en particular ¿Cómo llegaste a las tablas a través de Komo Teatro?
R.S.N.: Pues mira, por carambolas del destino. Nos conocimos en un taller de escritura teatral de Eva Redondo.
Ch.A.: Eva Redondo, qué estupenda actriz y dramaturga salmantina ¿Cuál es la alquimia entre los de Komo y tú?
R.S.N.: Surgió a partir de uno de los ejercicios prácticos del taller de Eva. Por aquel entonces se estaban exhumando los restos de Franco en el Valle de los Caídos y el ejercicio práctico era escribir una pequeña obra teatral a propósito de la noticia de la semana. Yo escribí una obrita de corte cómico, titulada “La ascensión del caudillo” y ahí empezó todo, a través del humor.
Ch.A.: Y volviendo a la novela, la técnica del manuscrito encontrado es muy cervantina. ¿Has encontrado algo por ahí últimamente?
R.S.N.: Pues sí, ahora mismo estoy leyendo “El libro de las Fundaciones” de Santa Teresa y mi mente ya está cautiva, en la trampa de la narrativa. Así que supongo que, no tardando mucho, toca ponerse con una nueva novela.
