Las manifestaciones que tomaron las calles de varias ciudades el viernes pasado, protestando por las condiciones económicas y laborales de los profesores de Enseñanza Pública y exigiendo básicas reivindicaciones, han sido más masivas de lo esperado, sobre todo en Valencia y Cataluña.
Además de la necesaria subida salarial de los profesores, han acentuado su deficiente dotación de profesorado y ayudas especializadas, recordándole al Gobierno que en la ratio profesor/alumnos hay excesivo número de alumnos por aula, para que se pueda conseguir un clima adecuado: para que la educación en las aulas sea válida, eficaz, atrayente, no caótica, cargada de problemas de alumnos especiales que han de ser atendidos con la ayuda de especialistas, y agotadora como resultado para los docentes.
No hace tanto tiempo publicábamos aquí un artículo sobre el alto nivel de absentismo y bajas laborales con el diagnóstico repetido de “depresión”, “stress laboral”, “ansiedad” entre los profesores de enseñanza pública. Los datos son consecuentes con estas problemáticas dolorosas que, una vez más, los docentes manifiestan: las tensiones en el aula y los sentimientos de soledad, incapacidad, agresión contenida, que producen, terminan por cronificarse en pérdidas en la salud mental de un alto porcentaje de docentes.
La responsabilidad de esta crítica situación en la enseñanza es, obviamente, del Gobierno y de la sociedad en su conjunto: aún los españoles no hemos logrado tener la suficiente comprensión e información de cómo se educan nuestros hijos en las aulas, y aún no le damos el grado de importancia que estos problemas no resueltos tienen en sus vidas personales y en la vida presente y futura de los alumnos.
Solo el grave problema de los acosos que sufren algunos alumnos, con consecuencias a veces trágicas en las víctimas, parece haber calado mínimamente en la opinión pública y en su concienciación; el resto de los problemas por los que se han manifestado esta semana los docentes, les debe parecer a los padres de los alumnos y a la población general problemas “de poca cuantía” para preocuparse.
La población general española parece no estar aún convencida de que según sea la enseñanza de un país, según la calidad de todas las etapas educativas, así será el futuro desarrollo científico, cultural, social, de esa sociedad.
No es de extrañar que sin valorar suficientemente la importancia de la enseñanza, la sociedad haya recibido con muchas expectativas y poca reflexión las consecuencias negativas que la Inteligencia Artificial está comenzando a tener en el mundo del trabajo (a pesar de los beneficios) y en el aumento de la pasividad general de nuestros jóvenes, que comienzan a tener excesivas fantasías sobre todo lo que permite la IA, poniendo cada vez menos atención en su propia inteligencia devaluada.
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