A pesar de que España está encuadrada, tanto geográfica como políticamente, en el bloque occidental de democracias liberales, da la impresión de que Pedo Sánchez no quiere o no puede asimilarlo y se muestra más partidario, simpático y dadivoso con el grupo de países diametralmente opuestos. Su reciente viaje a China ha tenido más de promoción propia que de gestión político/económica. No cabía dentro de su propio ego. Acompañado por la “primera dama catedrática”, no quería ser menos que nuestros Reyes en su visita del pasado mes de noviembre. Entre los objetivos marcados por La Moncloa figuraba “ un acercamiento a China alejándose de la postura de otras potencias occidentales”. Era la cuarta visita de su particular “reinado”. Se ve que se encuentra verdaderamente cómodo en esos ambientes.
Pues bien, a pesar de sus continuos vaivenes, y por el interés que puede tener para los españoles, me gustaría dar mi opinión sobre lo que pueda haber detrás del actual viaje de Trump a China, así como los posibles resultados del mismo. Esta visita parece buscar una ocasión para entrevistarse con Xi Ping y tratar de temas políticos, económicos y estratégicos, asuntos todos que puedan tener repercusión internacional. Detrás de toda la parafernalia diplomática y política, siempre habrá un trasfondo que afecte tanto a la política estadounidense como al equilibrio internacional. Es decir, este viaje tiene una marcado importancia en el ámbito de la geopolítica. No cabe duda que el asunto del posible futuro de Taiwán lleva consigo un final muy complicado. De hecho, el mandatario chino ha advertido a Trump que una posición de apoyo a la independencia de la isla puede originar un serio enfrentamiento entre las dos grandes potencias, algo que repercutiría muy seriamente a nivel mundial. Otras tensiones actuales, como las comerciales entre los dos países o la repetida copla de los aranceles, han creado un continuo clima de desconfianza en los mercados internacionales. A Trump también le interesa apuntarse algún tanto ante la opinión pública de sus paisanos, como incrementar el comercio de las empresas norteamericanas con las chinas y que Pekin aumente el suyo con las yankis. Trump fue empresario antes que político y no bebe extrañarnos que ese poso económico dirija su iniciativa intentar estabilizar las relaciones comerciales de las dos mayores potencias del mundo. Quiere presentar4se ante sus paisanos como el agresivo defensor de sus intereses económicos. Como un poderoso gobernante capaz de enfrentarse a cualquier líder y ser respetado.
La grave tensión en Oriente Próximo y, sobre todo, la guerra con Irán, también se encargan de agravar el futuro estratégico de todo el mundo. De ahí que Trump también busque el apoyo chino para acabar con la negra situación de suministro de combustibles.
El campo de la tecnología está adquiriendo importancia a marchas forzadas. Las empresas importantes, las de semiconductores, la entrada en escena -tal vez de forma precipitada- de la inteligencia artificial, o las fábricas de automóviles, han arropado a Trump en este viaje dejando claro que la competencia en estos campos de la ciencia constituye el norte de la política mundial.
Quiero pensar que, a la hora de evaluar los resultados de esta cumbre, debemos calcular la media aritmética entre lo que se habló y lo que se relata en las declaraciones posteriores de ambos mandatarios. Los resultados tendrán más simbolismo que realidades. Expresiones como “ha sido una visita increíble”, “se ha llegado a fantásticos acuerdos comerciales”, tenemos una relación muy fuerte y hemos hecho cosas maravillosas”, son frases que podía haber pronunciado cualquier tratante de ganado en el ferial. Sobre el tema de Taiwán parece que han pasado de puntillas . Jinping ha tirado de cara seria para advertir a Trump que no meta la nariz nada relacionado con la antigua isla de Formosa; ni le parece bien que siga proporcionándoles armamento ni que declare públicamente ser partidario de su independencia.; que China no es Venezuela. Trump, arreglándose el tupé, le ha contestado: “Faltaría más, Xi”.
Ambos mandatarios han procurado mantener un claro semblante de cordialidad, pero a la vez, sin rebajar ninguna de sus respectivas discrepancias, en un intento de enfriar la actual escalada de tensiones. Quien esté esperando de este encuentro una amplia reconciliación, debe ser consciente de que las diferencias orgánicas entre estas dos potencias siguen siendo abismales.
La prolongada agresión de Putin a Ucrania, la guerra con Irán y cierre del estrecho de Ormuz son los temas más serios, más graves y más urgentes de la actualidad. Los tres están teniendo están afectando muy seriamente al todo el mundo y todo esfuerzo que se emplee en superarlos será bien venido. En las instituciones internacionales que buscan la paz del mundo y el bienestar de sus habitantes, así como en los gobiernos de todas las naciones, están al frente unos políticos que, a la hora de la verdad, anteponen su propio interés -algo lógico al posible beneficio de quienes son más débiles. El día que se nivele más la balanza de la generosidad y la caridad, el mundo podrá el hogar de para unos ciudadanos más felices.
Lo que sí es cierto es que los políticos, si tuvieran que viajar en diligencia, no contaminarían tanto como ahora. Uno de los “abusones” es nuestro inquilino de La Moncloa, que muchas veces se va de viaje en su Falkon para no tener que dar explicaciones. Trump, sin embargo, sube a su AIR FORCE ONE para presumir de tupé y presentarse como el sheriff de todo el mundo.
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