Ismael Carrasco y Eleuteria Alonso, de 91 y 88 años, son los únicos colonos fundadores que continúan residiendo en Torrejón de Alba.
Ismael Carrasco, de 91 años, y Eleuteria Alonso, de 88, se han convertido en la memoria viva de Torrejón de Alba. Como los dos únicos colonos originales que mantienen su residencia ininterrumpida desde hace 64 años, la pareja ha sido testigo de la inauguración de un monolito que inmortaliza el legado de los primeros pobladores de Torrejon.
La historia de esta familia está marcada por el esfuerzo y la superación desde que llegaron al lugar en el año 1962, con apenas 25 años. Los inicios en la localidad exigieron una gran capacidad de adaptación ante la falta de recursos básicos que hoy se consideran imprescindibles.
Las condiciones de su primer hogar destacaban por una enorme austeridad. "Una vivienda, pero muy sencilla. No tenía al día ni servicio ni nada, ni luz", ha explicado Ismael sobre sus primeros tiempos en el pueblo. A estas carencias, Eleuteria ha añadido la falta de agua corriente en las casas: "Teníamos que ir a buscar agua para beber y lavar".
En aquel entorno rural, la pareja formó su familia y tuvo tres hijos, una cifra modesta en comparación con otros vecinos de la época, ya que, como han señalado, "hubo familias que trajeron cinco o seis hijos". A pesar de las dificultades materiales, la vida comunitaria floreció hasta el punto de que Torrejón de Alba llegó a contar con un centenar de vecinos.

La dureza de aquellos años iniciales se veía compensada por una profunda solidaridad vecinal. "Había una armonía muy buena, todo el mundo nos echábamos una mano", ha destacado Eleuteria con nostalgia. Los momentos de ocio también tenían su espacio en aquella juventud de trabajo en el campo, recordando cómo se desplazaban en bicicleta hasta Alba de Tormes para "tomar un vino".
Hoy en día, la evolución del pueblo ha sido positiva y la pareja ha adoptado un ritmo de vida mucho más pausado. Al ser preguntados sobre su rutina actual, ambos coinciden en que viven disfrutando de la tranquilidad que les ofrece el entorno que ellos mismos ayudaron a levantar.
"Ha cambiado mucho", ha concluido Eleuteria al reflexionar sobre la transformación del municipio y sus gentes. Una evolución de la que han sido testigos directos durante más de seis décadas, manteniendo vivo el espíritu de aquellos primeros colonos cuyo nombre ya forma parte de la historia grabada de Torrejón de Alba.